Embajada de El Líbano regala imagen de San Charbel a la parroquia Santísima Trinidad

San Charbel Makhluf es un santo católico maronita libanés del siglo XIX que ha dejado atónitos a los sabios pues su cuerpo se ha mantenido incorrupto, sin la rigidez habitual, con la temperatura de una persona viva y su cuerpo exuda un líquido sanguinolento. Después de muerto, miles y miles de devotos llegan a visitar su tumba, donde Dios sigue haciendo milagros.

El domingo la comunidad de la parroquia Santísima Trinidad contó con la visita de una ilustre autoridad, y es que la jefa de misión de la Embajada del Líbano, Brigitta Al Ojeil, llegó a conocer de las misas de sanación que realiza el padre Luis Escobar en la parroquia Santísima Trinidad cada tercer domingo del mes, y en la oportunidad entregar un valioso obsequio a la comunidad parroquial.

 

La autoridad internacional luego de participar con respeto en la eucaristía, entregó al sacerdote un regalo de la embajada del Líbano que consistía en la imagen de San Charbel.

Acto que según calificó el Padre Luis Escobar fue “un regalo de Dios”, expuso “fue una grata visita, porque que venga una persona tan ilustre a un sector tan postergado de la ciudad de una manera tan humilde, sin tanta parafernalia y que nos traiga un regalo tan bonito como la imagen de San Charbel, me parece un regalo de Dios, porque no lo buscamos y que haya llegado a un lugar de tanto sufrimiento como es nuestra parroquia donde hay tanta marginación, postergación, donde  acuden tantos enfermos, me parece un signo importante de Dios para nosotros”.

Así, el domingo recién pasado llegó el esperado regalo de la imagen de San Charbel al templo parroquial rancagüino, imagen que está hecha en un trozo de madera de cedro del Líbano sobre la cual se encuentra impreso el rostro del  monje maronita. Imagen que luego fue entronizada y bendecida, para quedar expuesta para su veneración.

El sacerdote explicó que hace un tiempo atrás ofrecieron llevar una imagen de San Charbel a la parroquia Santísima Trinidad, lo que sin dudar aceptó “porque me llamó mucho la atención su historia y a través de una persona que tenemos conocidos en común me preguntaron si quería acoger a San Charbel a lo que accedí con gusto”.

 

EL PATRONO DE CUANTOS SUFREN EN CUERPO Y ALMA

San Charbel Makhluf es un santo católico maronita libanés del siglo XIX que ha dejado atónitos a los sabios y Dios quiso señalar a este santo por numerosos prodigios: su cuerpo se ha mantenido incorrupto, sin la rigidez habitual, con la temperatura de una persona viva. Además, de su cuerpo sale líquido sanguinolento, algo inexplicable desde todo punto de vista científico. Y es que su cuerpo vivo tenía cinco litros de sangre y, después de muerto, ha exudado un mínimo de un litro de líquido por año, 67 litros en 67 años. En 1950, al pasarle un amito por la cara, quedó impresa en la prenda el rostro de Cristo como en el Sudario de Turín.

San Charbel vivió como un religioso de la orden maronita (de san Marón) en el convento de Annaya durante 16 años. Ahí pasó muchos años de vida ejemplar de oración y apostolado, entre estos, el cuidado de los enfermos, el pastoreo de almas y el trabajo manual en cosas muy humildes. Chárbel recibió autorización para la vida ermitaña el 13 de febrero, de 1875, así los últimos 23 años vivió como ermitaño en una ermita cercana.

Nació en el pueblo de Beqakafra, a 140 km. del Líbano, capital libanesa, el 8 de mayo de 1828. Era el quinto hijo de Antun Makhlouf y Brigitte Chidiac, una piadosa familia campesina. Fue un hombre que vivió intensamente la misa de cada día y llevaba una vida de continua penitencia, trabajando en los campos del convento en silencio para ganarse el pan. Su vida fue oración, penitencia y trabajo.   Fue beatificado durante la clausura del Concilio Vaticano II, el 5 de diciembre, de 1965 por el Papa Pablo VI. El 9 de octubre de 1977, durante el Sínodo Mundial de Obispos, el Papa canonizó al P. Chárbel. Así, es el primer santo oriental desde el siglo XIII. Después de muerto, miles y miles de devotos llegan a visitar su tumba, donde Dios sigue haciendo milagros.

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