La gran deuda de Chile

Chile tiene una deuda con el pueblo mapuche. Tal como lo señaló el ministro del Interior, Jorge Burgos -que durante la semana indicó que “reconozco que hay una situación de fracaso del Estado”-, Chile no ha sido capaz de encontrar soluciones a la situación que han vivido los mapuches, lo que ha provocado indignación entre alguno de los comuneros, que han encontrado en la violencia una manera de protestar y comunicar sus demandas.

Tras los trescientos años de la Guerra de Arauco, que terminó con la “Pacificación de la Araucanía”, el Estado de Chile no ha sido capaz de integrar a los mapuches al emergente país. El problema de las tierras cocinó un ambiente hostil, que ha provocado, entre otras cosas, que la Región de La Araucanía sea una de las zonas más pobres de nuestro territorio y con más problemas de empleabilidad. Además, y en un hecho que debería avergonzarnos como sociedad, el porcentaje de chilenos que conoce nuestra lengua originaria (mapudungun), es muy baja, principalmente porque nuestro sistema educacional no contempla la enseñanza de este idioma.

Lo vivido durante la presente semana, es preocupante. La marcha de los camioneros que pretendía llegar con su caravana a La Moneda, terminó de la peor forma: con un Chile dividido y sumido en actos de violencia. Los empresarios transportistas se encuentran reclamando por la gran cantidad de máquinas quemadas durante los últimos años, lo que ha repercutido en inseguridad y pérdidas económicas. Por otra parte, los mapuches señalan que esto es un complot, y sacan a colación los casos en que han sido los propios empresarios que han autoatentado contra sus bienes para cobrar seguros; lo que también es cierto. Todo este odio quedó demostrado cuando finalmente los camioneros lograron ingresar a la Alameda de Santiago el jueves, lugar en que fueron recibidos con aplausos y loas, por un lado, y piedrazos y escupitajos, por el otro.

El conflicto entre Chile y Arauco lleva más de cuatro siglos, y no tiene salida a la vista. Para ello es necesario, primero que todo, que la sociedad nacional entienda que el pueblo mapuche es nuestro pueblo originario más importante, y que por ello, les debemos respeto. Muy bueno sería, también, que de una vez por todas conozcamos más de nuestra historia y que las próximas generaciones tengan la oportunidad de poder hablar el mapudungun, y sentirse orgullosos de conocer más de sus raíces. La deuda histórica continuará hasta que Chile entienda esto; pero, claro está, sin violencia.

Felipe Alvear Silva
Editor

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