EDITORIAL: El pueblo y la religión

Hay tradiciones que no mueren con el paso del tiempo, y una de ellas es lo que ocurre cada 31 de agosto cuando miles de personas llegan hasta la localidad de Pelequén para rendir homenaje a Santa Rosa.
En un tiempo que se dice que Dios no tiene cabida en la sociedad y que se llama a la Iglesia a guardar silencio frente a diversos temas, cientos de miles de chilenos dicen que los temas del espíritu no pueden estar ajenos de la discusión social. A ellos se suman los cientos de miles que cada año llegan al Santuario de Lo Vásquez, a la Compañía, a Auco o hasta el santuario de Puquillay, entre otros tantos.
No necesariamente toda estos miles de personas que asisten a estos templos tienen un mismo pensamiento político, ni menos votarán todos al unísono por un determinado líder, sino simplemente son una muestra de una gran diversidad de personas, unidas por una fe, por una esperanza y por múltiples problemas por los que piden el auxilio divino. Son parte de una iglesia que aún sigue siendo voz de los sin voz, por ejemplo en Rancagua vemos al padre Luis Escobar como levanta la voz ante las indignidades del sistema penal al mismo tiempo que la institución formada por hombres aún lucha contra las ciertas huellas del pecado especialmente manifestado en los absolutamente rechazables actos de pedofilia de alguno de sus miembros.
Pero es innegable que la religión está y seguirá muy íntimamente ligada con las fibras más profundas de nuestro pueblo.

Luis Fernando González V.
Subdirector

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