Fervor y comercio en Santuario de Pelequén

Personas de todas las edades llegaron hasta el lugar, para agradecer a Santa Rosa de Lima por los favores concedidos. Otros tantos le manifestaron sus nuevos requerimientos, mientras que una tercera parte viajó a cumplir sus promesas. Alrededor del recinto, heterogéneos negocios esperaban a los fieles.

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Marcela Catalán

 

En compañía de otra joven y empujando el coche de su bebé, llegó ayer Camila Díaz hasta el Santuario de Pelequén. Si bien en el lugar no faltaban las caras menos longevas, forma parte de una generación en la cual varios se profesan no creyentes. Pero ella no comparte ese principio. Es más, todos los años concurre al mencionado recinto de Malloa, con el fin de encomendarse por la salud de sus familiares. Y esta ocasión es aún más especial: “Cuando estaba embarazada, hice una mandita por mi hija. Pedí que saliera sanita y Santa Rosa de Lima me cumplió, así que ahora me vine caminando desde Rengo para pagar el favor”, asegura.

 

Tal como ella y pese a la crisis de credibilidad que afecta hace tiempo a la Iglesia, fieles de todas las edades se aproximaron hasta el espacio con un similar objetivo. Propósito que compartió Luis Abarca, quien desde Las Cabras se trasladó de rodillas. “Todos los años vengo, porque mi hija estuvo hospitalizada cuando nació. Es en agradecimiento, porque todo terminó bien y ahora hago esto de por vida, para que continúe de esa manera. Son 15 años viniendo por Bárbara”, cuenta él, mientras la adolescente lo sostiene del brazo y le ayuda a reponerse del trayecto.

 

Para el obispo de la Diócesis de Rancagua, monseñor Alejandro Goic, más allá de los motivos puntuales de cada cual, en muchos casos se trata de una tradición heredada por décadas. Y agrega: “Todas estas expresiones de religiosidad popular tienen un fundamento: en el ser humano existe una búsqueda de trascendencia, donde Dios o el santo reflejan la añoranza de lo que nos gustaría ser”.

 

Es así como aparte de ingresar al templo y pagar sus favores, a cada hora, centenares de fieles prendían velas en torno al santuario y no pocos se acercaban a la figura de Santa Rosa de Lima, que recorría las afueras del templo. Lo anterior, para solicitarle a los voluntarios que la acompañaban que frotaran sus rosarios, libros y estatuillas en las prendas de la patrona. Tampoco faltaron los padres primerizos que llevaron a sus hijos de meses, para pedir que la santa fuera aproximada a sus primogénitos, como si parte de su aura fuera a tocarlos.

 

“Si somos sinceros, todos sabemos que tenemos nuestros límites, faltas y errores. Pero en el santo o santa vemos a alguien que fue capaz de superar esto, con la gracia de Dios”, observa el obispo, sobre el fervor que causa esta festividad.

 

Recuadro 1: COMERCIO Y ENTRETENCIÓN

Pero no sólo de religiosidad vive el hombre. De ahí que en los alrededores del recinto, diversos comerciantes aprovecharan la oportunidad de instalarse con sus puestos. De este modo, no sólo era posible comprar comida y bebestibles para sobrellevar la jornada. También se transaban productos de otra índole, como mantas de huaso, juguetes e incluso velas, rosarios y estatuillas de la santa.

 

Aparte de ellos, diferentes familias viajaron en auto y, luego de hacer sus pedidos y cumplir con sus mandas, volvieron a los estacionamientos para instalarse a almorzar.

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