Casa Comercial Alberto Anich cumplió su primer centenario de vida

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Ximena Mella Urra

Fotos: Marco Lara

Fue en 1915 cuando el padre del destacado comerciante Alberto Anich llegó desde las lejanas tierras de Siria hasta Rancagua para formar una nueva vida. Y buscando ese sueño, un primero de septiembre del mismo año logró instalar el primer local familiar en calle Brasil, que en ese entonces fue bautizado como “La Sultana”, y que hoy es conocida como la Casa Alberto Anich.
Esta tienda surtida en paquetería, menaje y librería llegó a sus primeros 100 años de existencia mientras que su propietario, don Alberto Anich, cumplió el pasado 31 de agosto sus 90 años de vida. Cabe destacar que él es miembro honorario de la Tercera Compañía del Cuerpo de Bomberos de Rancagua y fundador hace 25 años de los “Alguaciles de Carabineros”.
Por lo tanto, ambas fechas y cumpleaños ameritaban una doble celebración la cual se realizó en el mismo local ubicado en Avenida Brasil 842, en pleno centro de la capital regional. Hasta allí llegaron amigos, familiares, colaboradores e incluso el propio alcalde de Rancagua, Eduardo Soto, quien felicitó a don Alberto y destacó la relación cercana que siempre ha mantenido con todos sus trabajadores.
“Estoy feliz de tener buena salud y estar acompañado de mi hermana y mi señora, todos ellos me acompañan en las buenas y las malas. La clave es que mi padre me dejó una herencia de ser un hombre honrado. Esto me sigue dando vida y muchas alegrías”, comentó Alberto Anich.
Una atención más bien familiar y cercana caracteriza a la tienda a través de toda su historia. Hoy son una quincena de colaboradores quienes se sienten cada vez más cercanos a don Alberto y su familia e irradian ese cariño y estabilidad a cada una de las personas que entran a comprar a la tradicional tienda, la que aún conserva repisas y vitrinas de antaño. “Trabajamos con más de un 90% de clientes provenientes fuera de Rancagua e incluso de otras regiones”, nos comenta su dueño.
Uno de sus actuales empleados es don Juan Ramón Berríos, quien lleva más de tres décadas ligado a esta familia. “Hay algo especial en don Alberto y todos lo sentimos así. Muchos le decimos Tata con cariño porque él nos ha dado y enseñado mucho, por eso le agradezco mucho”, dijo emocionado. “Como empresa se solidificó desde los primeros tiempos gracias a que don Nicolás Anich supo levantar desde un comienzo este negocio”, agregó.
Conocidos popularmente como “los quemados” tras el robo y posterior incendio sucedido en 1975, fecha en que esta familia lo perdió todo pero que supo levantarse nuevamente y mantenerse en el tiempo.

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