Liderazgo político y testosterona

Por Adriana Muñoz, senadora por la Región de Coquimbo
Hace unos días, el ex Presidente Lagos, en una entrevista, hacía veladas críticas a la Presidenta Bachelet. Para ello comparaba ciertos episodios de su administración con la actual. Más recientemente, el ex Ministro Carlos Figueroa acusa falta de conducción política a la primera mandataria.
Entre ambas declaraciones se produjeron otras situaciones, motivadas por supuestas diferencias entre la Presidenta con sus Ministros del Interior y Hacienda. Se sostuvo que mientras éstos fueron convocados para enmendar el rumbo, ella insistía en seguir adelante con el programa. Personeros y directivas políticas mostraron solidaridad con los ministros, en un raro tironeo, que aunque desmentido, dejó una sensación extraña.
Son hechos que no pasan inadvertidos. Primero, porque se trata de “fuego amigo”, aquél que no proviene de opositores, sino desde la propia alianza. Lo anterior, no significa acallar las críticas, indispensables para corregir. Sin embargo, ante un escenario complejo se espera máxima prudencia y lealtad.
Segundo, porque proviene de líderes varones, que resaltan la necesidad de mayor decisión y fuerza. Lo curioso es que al mismo tiempo que se cuestiona esa aparente debilidad se critican transformaciones y aspectos de ellas que muestran todo lo contrario, decisión de impulsarlas, como las reformas tributaria, laboral, educacional o constitucional, el proyecto sobre aborto o el fin del binominal.
Se trasluce, entonces, que bajo la acusación de falta de conducción, en realidad hay un desacuerdo con algunos contenidos, lo que es legítimo, pero debe decirse así, sin camuflarlo y por las vías adecuadas. Se reitera un patrón cultural machista que apunta a las mujeres como débiles y carentes de temple, cuando en realidad es un liderazgo diverso, más inclusivo y menos avasallador, más sereno y menos ruidoso, que puede gustar o no, pero que ciertamente avanza, lo que a algunos parece molestar.

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