Tender la mano y salvar vidas: El suicidio es un problema de todos y todos podemos ayudar

El 10 de septiembre es el Día Mundial del Prevención del Suicidio y eso nos hace reflexionar en torno al tema. ¿Quién de nosotros no conoce o ha escuchado a alguien que se encuentre en dicha situación? Las cifras avalan estas interrogantes. Cada 40 segundos en el mundo alguien se suicida, llegando a 1 millón de personas que mueren por esta causa. Es imposible quedar fuera de este problema que se presenta en todas las edades.
¿Qué señales nos deben alarmar? El aislamiento físico y emocional hacia la familia y amigos, alguna situación estresante en el último tiempo, de mayor manera quiebres amorosos y/o familiares, conflictos con amistades, desear o hablar de morir. Todo esto genera sensación de falta de pertenencia a grupos y de no ser querido, desesperanza en la solución de los problemas y dolor emocional entre otras. Si a todo esto se le suma tener antecedentes de intentos suicidas previos, experiencias difíciles durante la crianza, alguna enfermedad psiquiátrica y/o crónica y relaciones familiares conflictivas, debemos pedir ayuda ¡AHORA!
¿Cómo podemos aportar a la prevención del suicidio? Aquí los factores protectores juegan un rol fundamental. En este ámbito todos podemos ayudar reconociendo algunas características que debemos potenciar en todas las edades, para disminuir el riesgo como estimular pequeños logros para reforzar el autoestima, promover relaciones sociales saludables, generar redes de apoyo estables que auxilien en momentos críticos, sostener un estilo de vida saludable física y mentalmente, y expresar emociones tanto positivas como negativas.

Ante todo esto, cada uno de nosotros puede actuar cuando sospecha que alguien tiene riesgo suicida, escuchar abiertamente, aceptar lo que el otro experimenta, preguntar directamente si ha pensado en morir y si lo ha intentado previamente, acompañar y buscar ayuda en centros de salud de su comuna.
Es fundamental que con nuestros vecinos y organizaciones comunales cambiemos las creencias y estigmas ante el riesgo suicida y los problemas de salud mental, dado que un 90% de las personas con riesgo suicida presentan otros problemas emocionales. Si comenzamos acogiendo positivamente, las personas con riesgo suicida tendrán menos vergüenza y temor de pedir ayuda.
¿Qué responsabilidad tenemos como sociedad? La evidencia científica avala que el soporte social y la conexión con otras personas reducen la conducta suicida, permitiendo la integración social tanto a su familia, a su comunidad y con instituciones sociales. Así con nuestra presencia podemos ayudarlos a conectarse con la vida.

Claudia Moya, enfermera, psicóloga y académica, U. San Sebastián

Deja un comentario