La resaca de la Guerra Fría

Hace poco más de 70 años terminó el conflicto armado más mortífero que ha vivido la historia de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial. Con el fin de los seis años de lucha, la alianza ganadora dejó dos grandes ganadores: Estados Unidos y la república totalitaria de la Unión Soviética. Debido a la diferencia ideológica que existía entre ambas naciones, sumado al gran poderío de estas dos potencias mundiales, comenzó un nuevo período de tensión, que esta vez –e incluso más que la propia guerra-, dividió al mundo en dos.

La Guerra Fría afectó a todo el mundo. Por un lado el Capitalismo del país norteamericano y por el otro el Comunismo totalitario de la URSS. Y Chile no fue la excepción. Tras el período histórico de la migración campo ciudad –que en Europa había ocurrido a comienzos del Siglo XIX y que en nuestro país comenzó en la segunda mitad del Siglo XIX- finalizado durante la década del cuarenta, el proletariado chileno comenzó a buscar soluciones al deplorable trato de parte de los patrones y empresarios, y la respuesta lógica fue el movimiento de izquierda. El primer ensayo fue la República Socialista de 1932, que a pesar de su corto tiempo, marcó tendencia. Pero el gran salto fue en 1970, cuando el candidato del PS Salvador Allende llegó al poder gracias a una alianza con la centroizquierda; el Gobierno de la Unidad Popular fue el primer gobierno socialista democrático de la historia. Pero Chile es parte del planeta Tierra, y tal como sucedió en muchos otros lugares del mundo, la influencia capitalista de Estados Unidos y el comunismo de la URSS, terminó por provocar un nuevo Golpe de Estado en la historia nacional, y el comienzo de la dictadura más larga que ha soportado nuestra nación.
A 42 años del Golpe de Estado liderado por el general Augusto Pinochet contra el Gobierno socialista de Salvador Allende, Chile aún sufre con este hecho que ha marcado las décadas posteriores. Esto se puede observar no sólo durante las jornadas del 11 de septiembre, se ve en cada manifestación ideológica de parte de políticos y ciudadanos. Las generaciones más nuevas no entienden mucho esta división, que en varias ocasiones ha frenado el desarrollo del país. La transición de la Dictadura a la Democracia aún no ha terminado, y eso se ve en situaciones como la movilización de los camioneros.
La solución de esta división nacional no tiene respuesta clara. Quizás el cambio de las generaciones de políticos pueda influir positivamente –sobre todo en momentos que tienen tan poca credibilidad en la población-, o también reorientar la educación con el reingreso del importante ramo de Educación Cívica. Hasta que no encontremos la solución para reunir al pueblo de Chile, las divisiones entre las posturas de izquierda y derecha se mantendrán tal cuál como están; con odios, tensiones y escaso aporte al país.

Felipe Alvear Silva
Editor

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