Érase una vez un Gurú

Alexis Apablaza Campos
Máster en Comunicación Empresarial IL3 Universidad de Barcelona
Periodista, académico UNAB y UNIACC

 

“Un nuevo día vendrá…”. Con el tema Tejedores de Ilusión del grupo La Ley era habitual escuchar el inicio de cada programa, acompañado por la célebre frase: “¡buen día, chilenos! Les saluda el Gurú”, junto a un tono cantadito propio de sus alocuciones. La radio fue su medio de excelencia; la televisión, un grato complemento; y los banquillos le ofrecieron sensaciones agridulces.
Eduardo Guillermo Bonvallet Godoy, seguido en sus inicios por mi padre y admirado hasta sus últimos instantes por mi hermano, se ganó un espacio en el ideario colectivo sin medias tintas: amado u odiado, genio o chanta, maestro o versero…
Curiosamente tales apreciaciones nada tienen que ver con sus inicios en Universidad de Chile, su compromiso con Universidad Católica, sus años dorados en O’Higgins, su gloria obtenida en la liga estadounidense, ni su tortuoso retiro en Unión San Felipe. Ni siquiera con sus antecedentes en la Selección Chilena: finalista en Copa América 1987, ganador de la Clasificatoria para España 82 y mundialista en dicha Copa del Mundo.
Quizás el mayor legado del Gurú esté más enfocado en el periodismo deportivo. Su estilo agresivo, directo, frontal y sin tapujos cambió un gran paradigma de la época, en la cual era habitual observar ciertos “pactos de silencio” entre reporteros y futbolistas debido a la gran amistad entre ambos. Por ejemplo: las notas de Patricio Oñate en Canal 13.
Muchos de los jóvenes que fueron sus aprendices en las últimas décadas; en las radios Chilena, Nacional, Zero y W; hoy son quienes lideran las áreas deportivas de los principales medios de comunicación del país. Ese discurso virulento, que le hizo obtener múltiples querellas judiciales, se encontró con que el tiempo le dio la razón: en pleno boom de sueldos en el fútbol chileno, acusó de “ladrones” a aquellos dirigentes que, años más adelante, harían quebrar a los principales clubes del país.
Si su discurso era mayormente ácido y pesimista sobre el presente del balompié nacional, ¿por qué entonces generó tanta idolatría y no fue tildado como un mero amargado? Porque dentro de toda la crítica, Bonvallet siempre dejó un espacio para la proyección, para decir que sí se venía un futuro mejor, que algún día la mentalidad del chileno cambiaría y se iría para adelante buscando romper la historia. En definitiva, el tiempo volvió a darle la razón.
Sus seguidores, muchos de ellos jóvenes y ex discípulos de la Universidad Gabriela Mistral, no solo lo admiran por sus comentarios y/o conocimientos deportivos. Su locuaz estilo le permitió inspirar a muchos, generando mensajes propios de un “luchador de la vida” que, pese a los errores y las caídas, sabe cómo levantarse y seguir hacia adelante. Aunque en su última batalla contra la depresión consideró que era el momento de tirar la toalla.
De todo lo que se ha dicho tras su muerte, hay un elemento que no ha sido lo suficientemente destacado: cómo su figura generó un personaje potente para los auspiciadores. Hubo múltiples sponsors que lo siguieron en cada una de sus aventuras, como una reconocida marca de gaseosas que lo hizo participar en sus comerciales.
Fenómeno que llamaba la atención en épocas en las que pocos se atrevían a apostar por contenidos deportivos, con un Campeonato Nacional deficiente, clubes sumidos en una deuda histórica con la banca, una Selección Chilena muy desvalorizada y con la prohibición de participar en Clasificatorias Mundialistas. Realmente un caso digno de analizar en muchas escuelas de Publicidad.

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