Batalla de Rancagua, ¿Regional o Municipal?

A 9 días del desfile del 2 de octubre poco o nada sabemos –al menos públicamente- de cómo se organizará este año el tradicional desfile, y menos como se repartirán las entradas.

Históricamente los desfiles se realizaban en la Alameda . A lo largo de varias cuadras el público podía presenciar tranquilamente la ceremonia e incluso avanzar junto al colegio de su hijo o a las tropas para verlo una o más veces. En esa época también los tambores mayores de las escuelas militares se lucían varias veces lanzando sus guaripolas al aire y los principales colegios desfilaban con sus propias bandas, destacándose la rivalidad entre las del Liceo y del Instituto O’Higgins.

Cuando se remodeló el estadio con motivo del Mundial se pensó que era más cómodo trasladarse a ese lugar. Pero desde siempre la conmemoración de la Batalla de Rancagua fue un tema local y municipal.

La ciudad se embanderaba y se decretaba feriado local el día 2. Pero en tiempos del gobierno militar por razones prácticas y de jerarquías, la organización se trasladó a la Intendencia y el reparto de entradas se organizó por cuotas en las que se incluía entonces a comunas vecinas que traían a sus vecinos en buses.

Por supuesto que las entradas se repartían a familiares de los conscriptos y oficiales que desfilaban y a socias de instituciones tales como CEMA Chile, Secretaría de la Mujer y otras. Cuando partió la democracia el reparto de entradas se separó en cuotas ya conocidas entre los que se incluyen a los parlamentarios de la zona y otras organizaciones siempre con la finalidad de llenar el estadio con partidarios del gobierno de turno.

Con las mejoras realizadas en el estadio tendientes a cumplir con las normas FIFA y de Estadio Seguro  se ha disminuido considerablemente el número de personas que pueden entrar en el recinto, por lo que el problema de las entradas se ha agudizado hasta producirse hoy un verdadero tráfico de entradas y pujas y compadrazgos para conseguir ver desfilar al hijo escolar o a los cadetes, al mismo tiempo que numerosas entradas no fueron utilizadas mientras varios cientos de personas no pudieron conseguir el ansiado boleto.

Se hace necesario  repensar los actos de conmemoración, para acrecentar en nuestra juventud el significado profundo de lo acontecido en nuestra ciudad. Mal que mal, independientemente de la eterna discusión sobre las decisiones estratégicas tomadas , los muertos que quedaron esparcidos por la plaza y por todas las calles de lo que hoy es el damero central sumaron miles lo que en proporción a la cantidad de habitantes que en ese entonces tenía la ciudad, es mucho decir.

También casi la totalidad de las viviendas y edificios fueron dañados o destruidos por las balas y por los incendios. Es un tema para no olvidar y para proyectarlo al futuro afianzando los sentimientos de paz y hermandad. Es tiempo de reforzar la participación activa de los vecinos de Rancagua con muchas otras actividades de afianzamiento de nuestras raíces históricas y culturales que nos defiendan del centralismo prepotente.

 

Alejandro González P.

Director

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