La baja credibilidad de la Iglesia Católica

Rodrigo Larraín

 

Cuando la credibilidad de la Iglesia Católica baja tanto que el 80% de la población declara no confiar en ella; cuando el intercambio de correos electrónicos entre los cardenales chilenos, con el fin de obstaculizar los nombramientos de dos personas, –católicas, por lo demás– en dos cargos, la capellanía católica de La Moneda y una Comisión pontificia sobre abusos sexuales.

Pero la encuesta Plaza Pública Cadem muestra que el 89% de quienes la respondieron creen que las acusaciones de de abusos sexuales cometidos por sacerdotes son verdaderas. Hay otras respuestas que muestran una decadencia de la Iglesia Católica en los últimos diez años. Es decir, una organización que se deslegitima moralmente no puede pretender ofrecer su opinión moral sexual a la comunidad y menos esperar que la gente la acepte. Es un asunto de una inmensa inconsecuencia moral.

La consecuencia de esto es simple, toda estrategia, por falsa que fuera, que se oponga a lo que prescribe la Iglesia automáticamente se descalifica simplemente porque es lo defienden los católicos. Dado que el catolicismo está involucrado en crímenes sexuales, lo que defiende es una coartada o una inconsecuencia. Así que, todo lo que vaya en contra de la tradición moral católica, no necesariamente con lo hecho en los últimos, tiempos es legítimo.

Así se puede defender alegremente con argumentos sibilinos y especiosos el pretendido derecho a asesinar a fetos por tres acusas. Sólo porque se argumenta que no es más que una propuesta católica y de derecha, la verdad es que de izquierdista no tiene nada la propuesta abortista que tantos defienden hoy en día.

Si la jerarquía eclesiástica hubiera sido impecable y clara, inatacable moralmente, no estaríamos a punto de aprobar la ley de homicidio por aborto.

La encuesta indica que el Papa Francisco tiene un 57% de apoyo y señala que lo ha hecho muy bien y un 29% regular. Lo anterior muestra que los chilenos todavía queremos creer; sin embargo vemos demasiadas señales y pocos hechos específicos, como la reforma de la curia vaticana y el desenlace respecto del Opus Dei. El que haya nombrado a los cardenales chilenos –con una desconfianza en Chile de alrededor de la mitad de la población– sumado al nombramiento del obispo de Osorno, podrían minar la confianza esperanzada de la población.

Volviendo al título, los grandes perdedores son los niños que no nacerán.

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