Mal haya la hora en que Chile va a la Haya.

“Cuchillo malo más corta en la mano que en el palo”.
(Refrán popular)

 

Quiero ser mal pensado. Una vez conocido el fallo del tribunal de la C.J.I., me dolió escuchar a Evo Morales diciendo que estaba recibiendo el apoyo de políticos y de intelectuales chilenos. Sabemos quiénes son esos políticos: Camila Vallejo, Marco H. Ominami, Alejandro Navarro y, en un principio, nuestro actual ministro de Defensa, el señor Gómez. Después de todo, de ruin paño, nunca buen sayo. Sería bueno saber cuáles son los “intelectuales chilenos” que apoyan la causa boliviana. ¿Quiénes son? ¿Cuántos son? ¿Cuánto pesan? Pero hay detrás de ese mercenario apoyo, un desconocimiento absoluto de la Historia de Chile. Seré mal pensado, que solo una ignorancia o una “fraternidad” fingida o interesada puede dar cabida a esa actitud de volver las espaldas a la propia patria. Hay todavía otras preguntas que como simple hijo de vecino uno se hace:
1.- En 1989, Helmuth Kohl abrió las fronteras económicas hacia la República Demócrata Alemana. En trece meses se concretó la unificación alemana. ¿Alguien se atrevió a llevar el asunto a La Haya? En 1990, Berlín volvió a ser la capital de Alemania. Nadie invocó a la C.I.J.

2.- En 1992. Bosnia se declaró independiente y Serbia y Montenegro se declararon como la República Federativa de Yugoslavia. En 1990, al negarse Serbia a aceptar a un croata como presidente, Eslovenia se declaró independiente. De la disolución de Yugoslavia resultaron cinco repúblicas: Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina, Serbia y Montenegro y la ex Rep. Yugoslava de Macedonia. ¿Metió mano La Haya? No. Nadie pidió sus “servicios”.

3.- En 1982, Argentina intentó apoderarse de las islas Malvinas. Hubo un conflicto bélico con G. Bretaña. ¿Acaso los británicos o los argentinos han concurrido a La Haya? ¡Ni pensarlo! Desde 1961 (Guantánamo, Cuba) EE. UU. ha intervenido militarmente cinco veces en países de Centro América y el Caribe. ¿Quién ha ido a La Haya?

4.- El largo vía crucis del bloqueo económico de Cuba –que parece llegar a un final feliz- ¿llevó a Fidel Castro o a Raúl Castro a pensar en La Haya? En todos los casos mencionados hay problemas de territorio y límites involucrados.

 

En cambio nosotros hemos recurrido a arbitrajes y mediaciones. Primero, de la Corona inglesa. Recordemos la famosa solución que no fue tal de la “divortia aquarum”. A finales del gobierno de Aníbal Pinto, 28 de julio de 1881, se firmó el tratado con Argentina en el cual Chile renunció a sus derechos históricos sobre la Patagonia. (Don Carlos Morla Vicuña había hallado en 1876, en el Archivo de Simancas, los documentos, mapas incluidos, que establecían el dominio de Chile sobre esas tierras.) En dicho tratado se establecía -¡mal haya con tal acuerdo!- que la línea fronteriza “correrá por las cumbres más elevadas de la Cordillera de los Andes que dividan las aguas y pasará por entre las vertientes que se desprenden a un lado y otro”. La cláusula 3ª dejaba abierta la puerta para otro conflicto a causa del canal Beagle. Recurrimos, andando los años, en el gobierno de Federico Errázuriz Echaurren (1896-1901) a los arbitrajes y así hasta que en pleno gobierno militar, cuando Argentina desechó el arbitraje de la Reina Isabel II considerándolo “insanablemente nulo” estuvimos, otra vez, al borde de una guerra. Vino la mediación papal. Se evitó la guerra, pero otra vez perdimos territorio. (aguas territoriales) Y el mismo cuento cuando el conflicto por los Campos de Hielo. En el conflicto limítrofe con el Perú, gracias al fallo de La Haya, Chile perdió 22.500 km2. Perú obtuvo el 75% de sus demandas.
Pero tengo otra pregunta: ¿Cuántos países, descontados Chile y Bolivia, tienen pleitos pendientes en La Haya? ¡Averígüelo, Vargas! Tal vez seamos los únicos. Y ¿Por qué La Haya declara que sí tiene competencia en nuestro caso? Seré mal pensado otra vez. ¿De qué viven esos jueces de ese honorable tribunal, si no tienen causas que dirimir? Esto es como preguntarse qué hace un vendedor de paraguas en el desierto o qué hace un profesor si no tiene alumnos. Ya se han alzado voces clamando por los costos altísimos que significan para el país todo este aparataje jurídico y burocrático. Decía Cicerón que “el nervio de la guerra es una inagotable cantidad de dinero”. No sería exagerado pensar que este ir y venir a La Haya nos está costando tanto o más que un conflicto bélico. La Haya ha de convertirse para nosotros en un verdadero caballo de Troya. Todavía es tiempo de escuchar la advertencia de Virgilio: “Troyanos, desconfiad del caballo”. ¿Se habrá creado La Haya para los países subdesarrollados? Tal vez sí. Siempre que puedan pagar las pingües tarifas que el famoso tribunal exige. Durante la Colonia, Chile fue hostilizado por los piratas holandeses. (Jorge Spilbergen o Spilberg, Jacobo de L’Hermite y otros) Ahora Holanda es la sede del Palacio de la Paz, cuya Corte de Justicia esquilma sin piedad a los países litigantes.
Para muchos, conceder a Bolivia lo que pide es un asunto fácil. Desconociendo la Historia, ignoran el peso de los acontecimientos que nos llevaron a la Guerra del Pacífico y el sacrificio de vidas y bienes que eso costó a la República. Es fácil ser generoso con lo ajeno o con aquello que se ha disfrutado gratuitamente. Ceder soberanía tiene insospechadas consecuencias. ¿Quién nos asegura que Bolivia, una vez conseguida la salida al Pacífico no va a luchar por otras reivindicaciones y a exigir nuevas concesiones? Es el caso de Raúl Castro (Cuba) que exige a EE. UU. pagar daños causados por el embargo: US$ 117.000 millones. ¡Nada menos!. (Discurso de Raúl Castro ante la ONU 2015) El tema es tan espinudo como el del asno en un tejado. Se ha dicho que por soberbias no cedemos. Digamos que no por soberbia, sino porque siempre hemos tocado la peor parte. Bolivia se victimiza; entre tanto goza de toda clase de beneficios que Chile le proporciona y conduce hasta al Atlántico sus productos por vías que atraviesan territorios que nunca va a reclamar a Brasil. Por último hay que ser necios para no comprender que detrás del pretexto de la salida al mar, está la ambición de un político que, muy indio será, pero sus ansias de poder son desmedidas. El mar es su bandera de lucha. Bolivia si saliera al mar seguiría siendo Bolivia. Un país creado por un militar mestizo que quiso inmortalizar su nombre. (Bolívar) Un soñador envenenado por la Ilustración y las filosofías románticas que iban a refundar el orbe. Y ¿qué crearon? ¡Latinoamérica! Podemos darle en el gusto a Evo, más que a los bolivianos, que no sabrán qué hacer con el mar. Conseguida esa quimera, Bolivia seguirá siendo Bolivia. Entonces, si todavía quedan conchos de odio, nos exigirán indemnizaciones, reparaciones, garantías, etc. En esta hora nuestro lema debiera ser: “Ni por fuerza, ni por miedo”.

 

Mario Noceti Zerega

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