Descentralización una tarea pendiente de un Chile altamente Centralizado

Fredy León Donoso 

Presidente del Capítulo Regional Fundación Chile Descentralizado… Desarrollado

 
Es cuestión de observar con detención hacia el resto de América Latina para darse cuenta que Chile es un país atrasado. Puede que esta aseveración llame la atención… esa es precisamente la intensión, pero no me refiero a que Chile sea un país atrasado en cuanto a sus indicadores macroeconómicos, a sus activos de infraestructura habilitante para la actividad económica, a su nivel de ingreso per cápita, hasta ahora estos indicadores parecen ser aceptables (aunque no sabemos de ello en un futuro), me refiero principalmente a su atraso en materia de descentralización.

Nuestro país mantiene esta tarea pendiente por muchas décadas, y lo cierto es que cada vez se presentan más síntomas de agotamiento de la ciudadanía en las diferentes regiones del país, ello traducido en movimientos sociales influidos por conflictos territoriales (Aysén, Punta Arenas, Tocopilla, Freirina, y tantos otros), lo que evidencia la necesidad urgente de avanzar en el proceso de descentralización política, administrativa y económica, puesto que de otro modo, Chile pasará a ser prontamente un país atrasado, también en aspectos de desarrollo económico, infraestructura, cultura, desarrollo social, protección ambiental y muchos otros, pues el excesivo centralismo que tenemos es simplemente asfixiante para las regiones y sus habitantes.

Si hiciéramos una mirada hacia el resto de América Latina nos encontraremos con que varios de nuestros países vecinos nos llevan gran ventaja en procesos de descentralización, como Brasil, Argentina, Perú, Colombia, México, Ecuador, entre otros, y las áreas en las cuales están avanzando dentro de sus procesos de desarrollo económico y social son diversas, con una activa participación de sus diversas regiones y de la ciudadanía en general… y Chile, va quedando atrás cada día más.

Nuestro país requiere avanzar en materia de descentralización, al menos en 3 aspectos básicos para que la dinámica de desarrollo en las regiones pueda materializarse en mayores posibilidades de bienestar para sus ciudadanos, estas áreas son: descentralización política, descentralización administrativa y descentralización económica.

Coincidentemente, estos tres aspectos de la descentralización son las emprendidas por países latinoamericanos desde la década del 2000 en adelante para los casos más recientes, como Perú (año 2002), Colombia (año 2001) Ecuador (año 2008), que entre otras cosas, les ha permitido aumentar el nivel y calidad de vida a los habitantes del conjunto de sus territorios. Sobre este punto, es necesario hacer notar también que los modelos descentralizados de los países de la OCDE son una realidad hace varias décadas, lo que nos lleva a ser hoy el país más centralizado de Latinoamérica y la OCDE, un título nada gratificante.

Luego del trabajo desarrollado por la Comisión Asesora Presidencial para la Descentralización y el Desarrollo Regional, que en octubre del año 2014 entregara su informe a la Presidenta de la República en el Salón de Honor del Congreso Nacional en Valparaíso, se han presentado algunas iniciativas legislativas para avanzar en varias de las medidas propuestas por esta comisión, entre otras, la que permitiría la elección popular de Intendentes (única figura política que en la actualidad no es electa por la ciudadanía), y el fortalecimiento en el traspaso de competencias (administrativas) a los Gobiernos Regionales, junto con la reorganización de la estructura del Gobierno Nacional en las regiones.

El avance en estas iniciativas legislativas ha sido, en términos directos, lento. Tanto en la cámara de diputados como en la cámara del senado el trámite en las comisiones respectivas ha sido muy lento, por lo que es posible establecer que esta materia no parece ser prioritaria para los actores políticos que tienen la función de legislar en el congreso nacional, pese a que los presidentes de ambas cámaras se comprometieron en el mes de mayo de este año de apoyar el trámite legislativo.

Lo concreto es que la presidenta tuvo que colocar urgencia a la iniciativa de elección de intendentes, para poder contar a diciembre de este año con la modificación constitucional requerida antes del envío del proyecto de ley que regula la elección propiamente tal, que debería ser enviada a principios del año 2016, de manera de contar con su pronta aprobación y permitir así la primera elección de intendentes en noviembre del año 2017.

Sabemos que existe la tentación de parte de muchos actores políticos, en el congreso nacional, en los partidos políticos, en las regiones, y en el país en general, que no quieren que la voluntad de la presidenta sea una realidad en la elección del año 2017, sino que egoístamente han planteado que se pueda llevar a cabo en la elección del año 2021. Chile no resiste más el actual esquema centralista, y planteamientos de este tipo sólo reflejan lo difícil que es para algunos el ceder poder a la ciudadanía, porque claramente pasar a elegir a una autoridad que hasta la fecha es designada por la figura del presidente de la república, es una forma de ceder poder, y eso es fatal para quienes aspiran al poder (por sobre todas las cosas) dentro del sistema político.

Pero no solo la inquietud sobre esta materia proviene del mundo político, sino también del mundo privado, quienes han planteado (desde la Confederación de la Producción y el Comercio), que el proceso de descentralización podría afectar el curso habitual de la inversión en las regiones, puntualmente producto que una aspiración de muchos años podría materializarse en este proceso, que es que cada región cuente con su propia gobernanza respecto del ordenamiento territorial, al habilitar a los Gobiernos Regionales de la competencia suficiente para la elaboración y gestión de su Plan Regional de Ordenamiento Territorial (PROT). Lo anterior claramente se ve con desconfianza desde el gran empresariado, dado que con este tipo de medidas ya no podrán resolver sus intereses con el Poder Político en Santiago, sino que tendrán que hacerlo en regiones, con los actores regionales.

La genuina voluntad de la presidenta de avanzar en esta materia nos ha permitido llegar al actual momento, con iniciativas legislativas en el congreso nacional, con una hoja de ruta en materia de descentralización, con urgencia a proyectos de ley en la materia, pero no con mucho acompañamiento de varios de los actores políticos que deberían estar en sintonía con esta voluntad. El silencio otorga, y quien caya sobre este punto no está comprometido, en definitiva, con el desarrollo de las regiones y el bienestar de su gente.

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