La Centroderecha liberal y la Nueva Constitución

El Constitucionalismo ha sido, desde sus orígenes, un movimiento que busca y se orienta hacia la libertad. En los albores de las revoluciones burguesas de los siglos XVII y XVIII en Inglaterra, Francia y Norteamérica, las sociedades emergentes, pujantes, revolucionarias frente a los privilegiados de siempre buscaron construir una sociedad nueva a partir de dicha libertad individual y política.

La gran herramienta con la que contaron esos movimientos liberales fue la Constitución, aquella norma escrita que sienta las bases de un ordenamiento jurídico y político, capaz de organizar la sociedad y de limitar el poder político frente a quienes habían gobernado abusiva y arbitrariamente.
Dicha Constitución, para que fuera efectivamente liberal no sólo debía contemplar derechos y garantías básicas, sino que además, para que fuera efectivo reflejo de la voluntad de los ciudadanos, “de la gente” de carne y hueso, debía ser creada por las propias personas a través de procedimientos y debates amplios, y racionales, y en ningún caso podía ser impuesta por generaciones anteriores.
Esas son las bases esenciales del Constitucionalismo Liberal. Y es a esas bases a las que debe recurrir la centroderecha liberal para decidir si ha de sumarse o no al proceso constituyente al que ha convocado recientemente la Presidenta de la República. Hay una contradicción teórica fundamental en aquellos que se declaran liberales y defienden la Carta del 80 o creen que sus vicios solo pueden resolverse vía reforma.
La centroderecha liberal debe sumarse a este proyecto. Si no, quizás deba replantearse si puede seguir autodenominándose liberal.

 

Hugo Tórtora Aravena,
Académico de Derecho Constitucional de la U. Andrés Bello

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