Prohibido galopar a caballo en las calles de Rancagua

Cincuenta centavos de multa tenía que pagar la persona que fuera sorprendida por la policía, galopando a caballo por las calles de Rancagua.
Eso ocurría a fines del siglo XIX, en cumplimiento de la Ordenanza de Policía de Rancagua, que fue dictada hace 130 años, en 1881, y que estuvo en vigor por largos años. (la realidad es que no sé si alguna vez fue derogada).
Pero había algunas excepciones. Ciertas personas, por el carácter que investían, estaban autorizadas para galopar cuando era necesario. Ellas eran: los médicos, los agentes de policía, los sacerdotes confesores, los ministros de fe pública (notarios), los correos y los militares en servicio. Nada se dijo sobre periodistas que tienen que acudir raudos a cubrir alguna noticia. Tampoco se citó a los bomberos.
Existía, además, una multa de 20 centavos, para aquellos que fueran sorprendidos transitando de a caballo por las aceras que, como es lógico, estaban reservadas para los peatones.
En cuanto a los animales, “vacunos, caballares y demás”, que eran encontrados sueltos por las calles, se disponía que serían recogidos por la policía. El dueño podía recobrarlos al día siguiente, pagando una multa de 25 centavos.
Si los dueños no se presentaban, o no pagaban la multa, los animales eran enviados a un potrero municipal, desde donde todavía podían ser rescatados, pagando, además de la multa, los gastos de alimentación.
Si no eran rescatados al cabo de un mes, se remataban en pública subasta, a beneficio de la Municipalidad.

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