La necesidad de avanzar en un Estado unitario descentralizado

Por Patricio Walker Prieto, Presidente del Senado

 

 

Entre los días 29 y 30 de octubre se realizó en Coyhaique el IV Seminario Internacional “Descentralización ¿Hacia dónde vamos?” que organizan en conjunto las fundaciones Chile Descentralizado (FChDD) y Konrad Adenauer con el apoyo del Centro de Extensión del Senado y la Academia Parlamentaria de la Cámara de Diputados.
El día que asumí como Presidente del Senado, resalté la descentralización como una de las prioridades del debate parlamentario, pues sostengo la convicción que no existe un proceso de desarrollo real y duradero sin una apuesta descentralizadora.
Avanzar en un estado unitario descentralizado no solamente es necesario, sino que es imprescindible. En este sentido, transferir competencias a las regiones, poder y recursos para que puedan tomar decisiones autónomas ayuda a que haya gobernanza regional territorial, que haya colaboración entre proyectos regionales y nacionales, involucrando a todos los actores y que las decisiones sean compartidas y no impuestas por la capital.
Un estado unitario se refiere a aquel en el que la soberanía popular se ejerce de forma indivisible en todo el territorio nacional. Dentro de esa definición inicial, la construcción de un proyecto de país descentralizado que transfiera poder y recursos de decisión autónoma a las regiones potenciando sus particularidades no sólo no afecta la gobernabilidad, sino que fortalece la gobernanza territorial, colaborando con un proyecto nacional y regional que involucra a todos los actores, que apunta a la definición de prioridades compartidas y nos ayuda en la reconstrucción de confianzas entre autoridades ciudadanas.
La concentración del poder de decisión en el nivel central del Estado es un factor que juega en contra del desarrollo. La complejidad creciente de las políticas públicas requiere que las decisiones se adopten y se ejecuten en el nivel de gobierno más descentralizado posible, no sólo por una cuestión de legitimidad democrática de las políticas, que es un argumento de peso, sino porque se ha comprobado técnicamente que las políticas públicas descentralizadas son más efectivas; muestran mejores resultados, menos errores y más impacto. Las perspectivas de desarrollo económico y social se ven favorecidas cuando se descentralizan las decisiones que potencian iniciativas locales.
La descentralización en concreto tiene que ver con generar un espacio de diálogo en la región para tener una visión compartida, para tener capacidad prospectiva sobre el futuro. Entonces, es tener participación decisiva; que permita diálogo y cree capital social para que la región tenga más poder de tal manera de atraer recursos que les permitan expandir sus capacidades de poner en práctica su visión.

La descentralización del Estado requiere avances paralelos e integrados en distintas dimensiones; en lo político, a lo administrativo y lo fiscal. Si no logramos esta articulación virtuosa, el proceso pierde fuerza y se desdibuja.
Si no existe elección directa de la máxima autoridad regional, el proceso descentralizador se debilita y sobretodo, pierde credibilidad. Es más de la misma fórmula de desconcentración en la que nos encontramos. Elegir a los intendentes desencadena un proceso irreversible, provocando la necesidad de un conjunto de transformaciones que doten a las nuevas autoridades de las capacidades de gestión que requieren para ejercer su mandato.
Ahora bien, si no se establece un traspaso real del poder, la elección del intendente sería una cuestión meramente cosmética, mediática. El desafío entonces es acompañar la elección de la autoridad regional con el necesario y suficiente traspaso de competencias mediante la reforma política administrativa.
Con respecto a la figura del gobernador regional propuesto por el ejecutivo, creo que es absolutamente incompatible con la figura del intendente regional electo por voto popular. Según el proyecto de ley ingresado por el gobierno, que se encuentra en primer trámite en el Senado, se le asigna a esta nueva figura la facultad de gobierno de la región. Cabe entonces preguntarnos; ¿para qué queremos un intendente electo si la función principal de gobierno será entregada al gobernador regional, que es el representante del gobierno central?
La regionalización es una necesaria; y a estas alturas, urgente apuesta por el desarrollo nacional. No es fácil desprenderse de una tradición centralista, cuando los cambios se acercan surgen muchos cantos de sirena que advierten sobre peligros de ingobernabilidad o estancamiento económico. Sin embargo, tengo la convicción que una verdadera descentralización trae progreso y bienestar, además de cuotas muy importantes de participación y legitimidad, tan necesarias para fortalecer nuestra democracia.

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