A 32 años de la inmolación de un padre por el amor a sus hijos.

Plaza de Armas de Concepción, 11 de Noviembre de 1983, frente a su hermosa Catedral, ocurría un hecho que a millones de chilenos sorprendió, el relato de que un obrero de 52 años llamado Sebastián Acevedo Becerra, quien se prendía fuego transformándose en una antorcha humana y colocando en la opinión pública a través de su acto, el terror transmitido producto de los momentos llenos de dolor que vivía nuestra sociedad en esos años.

Galo y Maria Candelaria Acevedo Sáez, sus hijos, habían sido detenidos por desconocidos dos días antes y llevados a destino indeterminado. Este padre desesperado los buscó por diferentes recintos, sospechando que se encontraban en poder de la C.N.I. y al no tener noticias de ellos y en señal de protesta (para presionar a las autoridades de la época) se rocío con gasolina y parafina sus ropas y en plena Plaza de Armas prendió fuego a sus ropas cuando un Carabinero intentaba detenerlo, muriendo a las pocas horas como consecuencia de sus quemaduras.
Este es un pequeño relato de los hechos a 32 años de su muerte y que muestra el dolor y la angustia de quienes vivieron la desaparición de familiares durante la dictadura militar.
Frente a este doloroso hecho su hija Erika expresaba “Que la inmolación de Sebastián sacudió la conciencia de todos y cada uno de los chilenos y chilenas, desnudo el drama de las detenciones secretas y las torturas, el impacto de esta acción fue tal que la dictadura se vio obligada a reconocer la detención de Galo y Maria Candelaria” y confesaba antes de morir “cuida a tu hijo, a mi hermano y que no dejara abandonada a mi madre”
Posterior a estos dolorosos hechos surge encabezado por el sacerdote jesuita José Aldunate el movimiento No-violento contra la tortura Sebastián Acevedo quienes desde ese momento en adelante se dedicaron a denunciar los lugares y hechos que la dictadura operó contra quienes no pensaban igual a lo oficial de la época, realizando más de 180 protestas pacíficas en las calles durante 7 años.
El gran poeta Chileno Gonzalo Rojas escribió un poema en honor a Sebastián y en parte de este se refiere a la cruz con pintura roja que se pintó para señalizar el lugar exacto donde este padre tomó la decisión de prenderse fuego para a través de esa acción salvar la vida de sus hijos, el cual, dice así:
Solo la mancha del amor que
Nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o no con aguarrás
O soda cáustica, escobíllenla con puntas de acero, líjenla con uñas y
Balas, despíntenla, desmiéntala por todas las pantallas de la mentira de norte a sur: Solo veo al inmolado.
Así nos describía en parte el poeta este doloroso momento que hoy lamentablemente ya muchos han olvidado de este triste episodio de nuestra vida nacional, y es por eso que he querido hacer este pequeño homenaje ya que Chile puede perdonar, pero jamás olvidar, para que nunca más en nuestro país tengamos que lamentar estos horribles hechos.

 

Carlos Arellano Baeza.

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