El miedo

¿De qué sirve decirle a alguien con miedo que éste no existe? ¿Habrá algo más inútil? Eso no es más que una absoluta mentira, porque esa persona lo siente, lo vive, lo sufre, por lo tanto, existe. El miedo está y cualquiera que te diga lo contrario está muy equivocado. Otra cosa que si es verdad es que quizá el miedo no debería existir, ya que la razón no merece la pena de vivir ese miedo.

Lo primero que hay que hacer es pensar: ¿Qué me está produciendo el miedo?, ¿está en mis manos que suceda? Cuando se tiene identificada cuál es la verdadera razón de este sentimiento, el segundo paso es comprobar si de verdad la razón merece la pena de sufrir, por ello, (generalmente no lo merece). Y cuando ya se tiene identificado lo que es y el valor real, viene el paso más importante… enfrentarlo, arreglarlo y/o superarlo para que no vuelva a ocurrir.
Si ese miedo no puedes arreglarlo y tienes que aprender a vivir con él (cosa que pocas veces pasa), lo más importante es mantener a la gente de confianza cerca de ti, amigos, hermanos, papás, quien sea a quien les puedas contar y que le puedas pedir consejos para que no te sientas solo frente a ese sentimiento.
Nunca dejes que nada ni nadie te envenene con la idea de que un miedo no existe, porque si está ahí y dejan que la gente los convenza de lo contrario, lo único que logran es que el miedo se esconda, no que se solucione y éste puede volver en cualquier momento, multiplicado.
Mucha gente le da vergüenza tener miedo y los reprimen por temor a que la demás gente los juzgue o lo descalifiquen como “cobarde”, pero eso sólo ayuda a que tengas que enfrentar un miedo solo, lo que lleva a que éste crezca a tal punto que esconderlo va a ser imposible. No hay nada mejor que tener a alguien con quien desahogarse, es como cuando intentas llevar todo el peso de una carretilla tú solo, cuando otros están ahí para ayudarte, llega a ser un poco de orgullo en algunos casos, la tonta idea de que “el hacerlo solo me va a dar status”. Vivir en una sociedad donde el status es más importante que el bienestar propio, resulta agotador. Preferir llevar toda la carga solo para ser más importante entre los pares, suena a paradoja.
Deja de ver el miedo como una enfermedad, es algo tan normal como respirar, hasta Jesús tuvo miedo en Getsemaní. ¿Por qué vemos lo normal como anormal? ¡Demos gracias que somos capaces de sentir miedo! Eso demuestra que somos seres humanos con toda clase de sentimientos y emociones.
Ahora cada vez que tengas miedo piensa si de verdad vale la pena, que nadie te convenza de que no existe, defiéndelo y enfréntalo, eso te da fuerza y experiencias de vida únicas que ninguna otra emoción puede dar, aprendamos de los miedos para que algún día podamos ayudar a alguien que esté en nuestra posición.
Recuerda tres pasos: Reconócelo, Verifícalo, Supéralo.
SANTIAGO URETA
CUARTO MEDIO
INSTITUTO INGLÉS

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