Mentirosos e inteligentes, pero incompetentes.

Todos los mentirosos son inteligentes; no obstante, sólo los competentes pueden prescindir de la mentira. Los profesionales mentirosos son brillantes, pero incompetentes…

Hace un tiempo atrás fue el caso Penta o Pentagate. Un fraude al Fisco chileno en el cual se habrían utilizado las famosas boletas de honorarios denominadas ideológicamente falsas, cuyo propósito habría sido el financiamiento de campañas electorales de ciertos políticos, principalmente de derecha. Más tarde el escándalo del caso Caval y el supuesto tráfico de influencias que habría permitido una gran compra y una venta más ingente aún: con las ingentes utilidades, claro está. Y hoy es el caso colusión de la CMPC que contrasta con el epígrafe de su página Web en el cual se explicita: “Respeto por las personas y las comunidades. CM respeta y valora a todas las personas con quienes debe interactuar trabajadores, vecinos, ejecutivos y accionistas. Valora el buen trato, la franqueza, lealtad, la confianza y la buena fe”.
Yo comprendo que no es posible, aun injusto, tildar a todas las personas que pertenecen a estos tres “casos” de igual forma, pues, perteneciendo a esos rediles, no todos son responsables de esas irregularidades…
Mis palabras van para los mentirosos (ladrones) inteligentes, pero incompetentes, pues constituyen –hoy- una lacra (Vicio físico o moral que marca a quien lo tiene) más poderosa que los mismos sepulcros blanqueados cuyas apariencias dejaban ver al lobo, tras la frágil ovejita… los farieseos.
¡Estimado lector! ¡Por favor! ¡No se deje engañar! Los “casos” que han salido a la luz sólo constituyen la punta del iceberg. ¡Quizás cuántos mentirosos inteligentes, en estos precisos instantes nos están cagando! (No se escandalice, pues el verbo existe y proviene del Latín “cacāre”).
Estimado lector. El tema seguirá siendo recurrente, pues los metirosos inteligentes, pero incompetentes constituyen una lacra que, más temprano que tarde tendrán que comenzar a extinguirse, pues no ha habido civilización en la tierra que haya evolucionado a la luz de la oscuridad.
El ser humano competente comprende que, los valores, constituyen ese “ingrediente” esencial que determina la rectitud de sus acciones. Una persona sin valores NO piensa en los demás; es más: los demás son una pieza más de la estructura que le permitirá lucrar, o bien lograr su fines prescritos, inteligentemente, pero incompetentemente.
El ser competente constituye la inteligencia de los tiempos venideros. El problema nuestro es que aún somos un país subdesarrollado… ¡No me vengan con las martingalas que estamos creciendo al 6, 7 u 8%! El crecimiento no se mide sólo en cantidades y cifras que provienen de la economía que, siendo muy importantes, también lo son el respeto por el otro; por su descanso; por sus sueños; por su tranquilidad…¡Todo eso es cualitativo!
Aún somos un país subdesarrollado: inteligente y mezquino; pillo, es decir, pícaro y hábil para engañar a los demás, pero con una falta de generosidad que se ve en el día a día, pues sólo nos importa lo que nos suceda a nosotros. De compromiso con la justicia social ¡Por favor! ¿Qué es eso? ¡No entendemos nada! Y lo peor es que, a muchos, simplemente, NO les interesa.
El ser competente es inteligente cognitivamente, pero también lo es valóricamente. Es una amalgama, al parecer, contradictoria, sin embargo se complementan y se necesitan para formar esa sociedad anhelada: justa y solidaria, esencialmente con quienes más lo necesitan. ¿Se entiende? ¿O es muy difícil de comprender? ¿Es, usted, inteligente o competente…?

Santiago Vasconcello Uchida

1 comments

El tema planteado por el Señor
Vasconcello, me parece muy relevante el enfocar desde un pardigma muy propio de
nuestro tiempo, el de las competencias profesionales, esto involucra comprender
en primer lugar que una competencia es una unidad inseparable entre
conocimientos, habilidades y actitudes que movilizamos para el desarrollo de
nuestras tareas. Coincido en que el desarrollo de una tarea alejada de
actitudes, que expresen valores trascendentes a nuestra sociedad, por mucho que
impliquen grandes conocimientos y
habilidades, nos indican la existencia de una competencia trunca que me atrevo
a denominar al igual que Santiago incompetencias profesionales, que hoy nos
demuestran personas de este país, que por mucho tiempo han sido catalogadas por
esta misma sociedad como brillantes.

Tal como lo plateara el teórico alemán
Erpenbeck. J. y Heyse, en su trabajo de competencias claves para el desempeño
profesional: “Las competencias se fundamentan en conocimientos, se constituyen
a través de valores, están disponibles como habilidades a través de las
experiencias y se realizan mediante la voluntad”. En este sentido estas
personas que han demostrado grandes conocimientos del comportamiento del
mercado y habilidades para intervenirlo, deben rendir cuenta ante la sociedad y
sus colegas por sus actitudes (expresión de disvalores) y la voluntad ejercida
en estas acciones.

Esta crisis debe llamar a nuestra
sociedad a reflexionar sobre nuestros procesos formativos y que no significa
para nada el pensar que esto se resuelve con cursos específicos de Etica.

Fernando Salvo Miranda

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