Jaque Matte

Eran pocos los bastiones éticos que quedaban en Chile. El parlamento, el Estado, la Iglesia y parte importante de la empresa privada ya habían sido sacudidos por escándalos varios. Basta hacer un poco de memoria para recordar cómo el mundo político, sólo este año, ha vivido el escándalo del financiamiento irregular de campañas y que tiene en la cuerda floja a ME-O, Novoa, Moreira, Rossi, Zalaquett, Cardemil, Golborne, Pizarro y Orpis, por nombrar a algunos.
Pero hay más, la iglesia, con los casos Karadima y O’Reilly, y sus repercusiones en el obispo de Osorno; con los correos entre los cardenales Ezzati y Errázuriz en contra del jesuita Felipe Berrios y la expulsión de otro jesuita, Jorge Costadoat, como profesor de la UC por proponer una moral cristiana más abierta, son parte de los escándalos eclesiásticos.
Empresarialmente ya sabíamos de la colusión de las farmacias y de los productores de pollos, pero eran empresas sin mucha tradición ni historia. Los grandes grupos mantenían una imagen ética en la sociedad, pero no todo lo que brilla es oro. Primero fue Penta acusado de cohecho al financiar a Wagner, un subsecretario del gobierno de Piñera, corromper a funcionarios de Impuestos Internos, financiar irregularmente a políticos, hacer operaciones (forward) para justificar perdidas. Escándalo que les valió prisión preventiva a sus controladores.
Luego de ello explotó el caso Dávalos, donde el grupo Luksic, a través de su empresa Banco de Chile y por medio de uno de sus máximos representantes Andrónico Luksic se ve envuelto por un préstamo poco convencional de $6.500 millones y en condiciones extremadamente generosas hacia la empresa Caval que es de propiedad de la nuera de la Presidenta.
Uno creía que con estos hechos –todos durante el 2015- ya eran suficientes para un año; sin embargo la realidad nos mostró, a golpes, que el asombro siempre puede más y es cuando uno de los grupos garantes de la buenas prácticas en Chile como es el grupo Matte, se ve envuelto en uno de los hechos de colusión más grotescos de los que la historia chilena tenga memoria. Y es bueno recoger algunos de los hechos que hacen de este tema un entramado propio de una novela de Agatha Cristi, pero como siempre -y nuevamente a golpes- la realidad supera la ficción: Reuniones secretas en una compañía de bomberos, celulares de prepagos que después eran eliminados, cuentas de correos Hotmail con pseudónimos, partes de matrimonio con mensajes encriptados, computadores lanzados al canal San Carlos para evitar pesquisas, son parte del oscuro proceder de esta historia.
La entonces empresa PISA (hoy SCA), en aquel momento del ex presidente de Colo-Colo y ex ministro de deporte de Piñera, Gabriel Ruiz-Tagle y CMPC Tissue, del grupo Matte, se coluden para hacer subir los precios de sus productos sostenidamente durante al menos 10 años y no sólo en Chile, sino que los indicios apuntan a que CMPC también realizó estas prácticas en Colombia y Perú. Es importante consignar que Tissue no es la empresa más grande de CMPC como se ha dicho, pero eso no le quita la gravedad al tema.
La historia de Empresas CMPC es de larga data y siempre bajo el sello de la rectitud. El ex presidente de la República, Jorge Alessandri, fue por años presidente de la Papelera; su actual presidente, Eleodoro Matte, es el líder del CEP, centro de estudios que norma bases para el sector empresarial. Ello, más los colegios que sostienen y la labor social que desarrollan, principalmente dirigidos por Patricia Matte –una de las más connotadas expertas en educación en Chile- hace que un hecho de colusión como éste duela aún más.
Es posible que los directores no hayan sabido, que por 10 años los tengan engañados y hayan creído que las utilidades fueran producto del esfuerzo; pero no es posible que con un simple perdón queden libres de sanción. Fueron productos de primera necesidad, que doblaron sus precios castigando, como siempre, a la clase media y popular y ello es algo que no puede quedar impune a la sanción social, económica y penal para los involucrados; y, como feligreses que son, saben con claridad que uno peca por acción y omisión.

 

Felipe Vergara, Analista Político y de Marketing Político de la U. Andrés Bello

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