Universidad Regional: Hastiados, pero aún tenemos esperanza

Luis César Fernández Z.

 
Cuando creíamos que nuestros parlamentarios y políticos en general habían topado fondo tras los episodios de corrupción, malos manejos y supeditación exclusiva a los temas electorales y de poder, nos topamos con la guinda de la torta. Parlamentarios de nuestra región, haciendo un berrinche, propio de niños mal criados y no de adultos pensantes y con responsabilidades legislativas que les deben obligar a pensar en la comunidad regional y no sólo en los beneficios electorales que esto pudiera reportarles manifiestan airadamente que presentarán un proyecto de acuerdo para que Colchagua y Cardenal Caro formen una nueva región. Qué cosa más absurda: como no se están dando las cosas como ellos querían, en vez de analizar y discutir el carácter de la gran universidad que necesitamos para la región, proponen más burocracia, más cargos públicos en los cuales incidir obviamente que para beneficio propio.
Sus actitudes son las del niño dueño de la pelota, que si no le dan en el gusto, pues se la llevan para la casa. Lamentablemente, en este caso, la pelota es algo bastante más serio que un juego y les debiera hacer meditar, aunque sólo fuera en esta ocasión, que estamos ante un proyecto emblemático para nuestra región y un sueño largamente anhelado.
Es increíble que sigamos discutiendo desaforadamente dónde se ubicará la sede de la Universidad, olvidándonos de discutir en profundidad qué proyecto de universidad queremos, qué carreras son las más necesarias para nuestra región, cuáles serán las áreas de investigación que requerimos. Aquí no. A nuestros políticos sólo les interesa dónde se instalará la universidad, para poder decirle a sus electores, YO conseguí este proyecto para mi provincia, por lo tanto….ahora voten por MI.
El pasado viernes nuevamente los ánimos se encendieron en la reunión del CORE. Esta vez los “invitados” claramente no venían a discutir el diseño académico del futuro plantel universitario, sino a defender las posiciones de los políticos que los motivan. De esto obviamente no quedan exentos los integrantes del CORE, los que con mayor o menor pasión defienden el territorio que representan y no la calidad de la universidad que queremos. Cuando se debiera escuchar con respeto al rector y analizar en profundidad el proyecto académico, la mayoría de los CORE se rebajan participando en una “guerrilla provincial”. No los elegimos para eso, no sigan siendo parte en el descrédito de la política.
Dejemos trabajar con tranquilidad al Rector exijámosle, eso sí, actitudes concretas en beneficio de la futura universidad: que amplíe su equipo de trabajo con gente de la región; que no de inicio al proyecto si no tiene los recursos económicos necesarios para el éxito final; que se preocupe de partir no sólo con las carreras más sentidas por la región, sino que simultáneamente con investigación y extensión universitaria. Sólo así y con el apoyo de la totalidad de la comunidad regional lograremos por fin contar con una gran universidad. Hemos sido testigos de numerosos fracasos anteriores, no contribuyamos con intereses mezquinos a una nueva frustración.
Lo anterior se parece mucho a lo que otros zigzagueantes ex parlamentarios de nuestra región están haciendo. Como no lograron el cargo que aspiraban en el gobierno de la Presidenta Bachelet o las prebendas a que postulaban, pues nada mejor para ello que dar vida a un nuevo partido proclive a sus intereses.
¿En qué estamos convirtiendo el noble arte de la política? Si hombres como Benjamín Vicuña Mackenna, Valentín Letelier, Luis Emilio Recabarren, Radomiro Tomic, Alberto Baltra, Francisco Bulnes, José Victorino Lastarria, Ernesto Barros Jarpa, Jaime Castillo Velasco, Baltazar Castro, Gladys Marín, Bernardo Leighton, Pedro Aguirre Cerda, Laura Rodríguez, Eduardo Frei Montalva, Jorge Alessandri, Carmen Lazo, Salvador Allende, Raúl Rettig y tantos otros, pudieran ver lo que hemos hecho con su política se escandalizarían al comprobar cómo la inmensa mayoría de los actuales políticos han destruido esta noble profesión en la que solamente los mejor preparados, los con verdadera vocación de servicio público, los honestos, solidarios, austeros y consecuentes podían dirigir los destinos de nuestro país.
Hoy la inmensa mayoría ha hecho de esta profesión todo lo contrario de lo que hacían esos señeros servidores públicos. Hoy importa más conseguir elevados sueldos, estar en los medios de comunicación a cualquier costo, engañar al pueblo para conseguir sus intereses personales a través del voto ciudadano -ojala lo menos informado posible-, asistir escasamente a las reuniones del Congreso y plantear soluciones absurdas a problemas concretos. Al leer los nombres de tan destacados servidores públicos como los señalados anteriormente creo que la mayoría de los actuales políticos se deben a lo menos ruborizar. ¡Cuán lejos están de quienes en el pasado ennoblecieron la política!
Pero como soy un optimista empedernido, creo que aún es tiempo de revertir esta situación, todavía quedan en el Congreso hombres íntegros que nos pueden ayudar a salir del pozo y de no ser hoy, será mañana cuando enfrentemos un nuevo proceso eleccionario y elijamos a verdaderos servidores públicos. Aunque estamos hastiados, aún nos quedan esperanzas.

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