¿Por qué los hombres ejercen violencia contra la mujer?

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– Marcados por la cultura machista y patriarcal, algunos varones utilizan la violencia en sus distintas formas para mantener el control sobre sus parejas. En Rancagua existe un centro para atender a estos hombres y ayudarlos a dejar atrás la violencia.

 

Flor Vásquez G.

 

No es sólo agresión física. La violencia del hombre contra la mujer, en una relación de pareja, se manifiesta también de otras formas: con amenazas, abuso emocional, abuso económico, aislamiento, intimidación, manipulación.

Según los especialistas, esta cultura machista y patriarcal es la que lleva a muchos hombres a utilizar la violencia en sus distintas formas para mantener el mando y el control sobre sus parejas. Es decir, la violencia es un aprendizaje cultural y se puede desaprender.

Esa es la apuesta de un centro que atiende a hombres que ejercen violencia y que desarrolla un programa de intervención tendiente a cambiar esa conducta. La coordinadora de dicho centro, Yamila Roldán, indicó que éste funciona desde el año 2011 en Rancagua; agregando que depende del Sernam y que el programa lo ejecuta la fundación  León Bloy.

Puntualizó que hasta ahora se ha atendido a unos 500 hombres. “A nivel nacional atendemos mil por año. Los resultados han sido positivos a pesar que es un área compleja. Realizar un cambio en cuanto a los comportamientos y a las creencias de los hombres es difícil, pero no imposible. Tenemos la experiencia de hombres que han finalizado todo el proceso reeducativo y son egresos favorables, ya que detuvieron y abandonaron la violencia”.

Añadió que al centro los hombres llegan por diversas vías: judicial, tribunal de Familia o Garantía, a través de derivaciones de la red salud, Sernam  y también varones que quieren iniciar este proceso de forma voluntaria. “Mayoritariamente –dijo-  los ingresos que tenemos son del área judicial; y el 40 por ciento de los ingresos son voluntarios“.

Explicó que los hombres ejercen violencia porque se sienten con el derecho a hacerlo, porque creen que ser hombres implica mandar, disciplinar a la pareja. “También, existe un entorno que se los permite y ese entorno somos todos nosotros. Por ello, cuando somos testigos de un episodio de violencia debemos denunciar, que haya tolerancia cero frente a la violencia hacia la  mujer”.

Luis Morales, psicólogo del centro, indicó: “nosotros trabajamos con modelos que abordan la violencia desde la teoría de género, en donde la cultura y la sociedad van permitiendo que los hombres se posicionen en una estructura  de poder o control por sobre el otro”.

Agregó que la sociedad permite y valida estos roles diferenciados y desiguales entre hombre y mujer. “Y en esta desigualdad de género es donde se produce la violencia, cuando muchas veces la mujer escapa al rol asignado o trata de igualar las condiciones en la familia o en la pareja”.

A través del programa de intervención se busca la igualdad en la relación de pareja, que los varones aprendan nuevas formas de relacionarse que no estén basadas en este modelo hegemónico patriarcal, sino que en una igualdad de género, de oportunidades, en que se compartan las labores domésticas y el cuidado de los hijos. “A eso apuntamos nosotros y a que los conflictos que se den en la pareja se resuelvan de una forma saludable, una forma no violenta”, señaló el psicólogo.

 

HACIA UNA RELACION IGUALITARIA

 

La trabajadora social Makarena Silva indicó que “muchas veces la violencia se naturaliza; por la estructura patriarcal y machista hay conductas que se ven normales. Ya no hay un perfil del hombre que ejerce violencia, no más del 10 por ciento sufre trastorno psicológico y tiene que ver con lo que uno aprende”.

El psicólogo Luis Morales acotó que “la cultura nos delega ciertos privilegios a los hombres por sobre las mujeres. Y así como a los varones se les enseñó a dominar y a mandar, a las mujeres se les enseñó a ser sumisas. Son pocas las personas que buscan una relación igualitaria, por eso se produce el choque y el hombre cree que la violencia es un mecanismo válido  para resolver un conflicto. Todos los hombres y las mujeres estamos teñidos por esta cultura machista y patriarcal”. Agregó que en la relación de pareja se produce un desequilibrio y frente a éste algunos hombres utilizan la violencia en sus distintas formas. “Quizás lo que está en el consciente colectivo es que la violencia física es la más palpable, pero hay otras formas. Nosotros trabajamos con un modelo de 10 manifestaciones, entre ellas la violencia física, amenazas y coerción, violencia sexual e   intimidación, abuso económico, abuso emocional, manipulación a través de los hijos, aislamiento y otras.

La terapia que se brinda a los hombres en el centro es reeducativa y el proceso dura un año. Al ingreso al programa se les hace una evaluación y si califica continúa en las actividades de intervención grupal. “Vamos viendo las manifestaciones de violencia y en cada una van contando  experiencias propias acerca de la violencia, la vamos desglosando. Es como un puzzle, lo desarmamos y lo volvemos a armar, pero ahora dándole un significado y un aprendizaje experiencial. Y el estar sentado al lado de otro que vivió una experiencia similar también ayuda a este proceso de cambio”, indicó Morales.

Poco a poco, los hombres que se atienden en el centro van aprendiendo estrategias y técnicas para no ejercer estos actos de violencia. Aprenden a resolver los conflictos sin violencia y también a conocer las señales que experimentan cuando están en una situación que les genera rabia o malestar. En ese momento, deben retirarse del lugar y cuando están calmados pueden regresar.

El psicólogo señaló que en ocasiones los episodios más graves de violencia se producen cuando la mujer se rebela y ataca o se defiende. Asimismo, se ha visto que una mujer demora 7 a 8 años en denunciar; y lo hace, generalmente, cuando la violencia ha tocado a los hijos. Es decir, aguanta el maltrato hacia sí misma, pero cuando tocan a los hijos ella reacciona”.

Finalmente, los profesionales del centro de atención “Hombres por una vida sin violencia” destacaron que la Intervención con los varones que ejercen violencia permite proteger a la mujer, a los hijos y a futuras parejas. “Al atender a los hombres, las estamos protegiendo a ellas; y siempre trabajamos de manera coordinada con los centros de la mujer de Sernam”.

 

Testimonio

 

“La violencia se había Instaurado en mi casa”

 

Uno de los hombres que fue atendido en el centro aceptó compartir su experiencia. Este es su testimonio. “La violencia se había instaurado en la casa, pero generada por mí. Cualquier cosa que decía mi pareja me molestaba, encontraba que por el sólo hecho de pensar distinto me llevaba la contraria. No sabía reaccionar de otra manera que no fuera enojándome y de ahí había un paso a los gritos, a los insultos y en algún momento a la agresión física.

Me sentía mal después que reaccionaba así, me arrepentía y juraba que no lo iba a volver a hacer, pero pasaban unos días de buena convivencia y empezaban de nuevo los problemas generados por mí. Pensándolo ahora, era por querer llevar yo el control de la relación en la casa. Que pensara diferente a mí  significaba que me llevaba la contraria, que no me quería, eso me molestaba y la forma de reaccionar era con enojo, con gritos e insultos.

Ella siempre me pedía que buscara ayuda y yo no quería. Pensaba que podía salir solo de ese círculo de violencia que yo generaba. Me di cuenta que estaba equivocado.

El mayor de mis dos hijos presenció varios episodios de violencia de mi parte, creció con ese miedo hacia mi persona. Lo pudo superar ahora, hace poco tiempo. También estuvo con tratamiento psicológico, tiene 13 años.

A este centro llegué por requerimiento de mi pareja, que me pedía que buscara ayuda. Un día me comentó que había un centro dependiente del Sernam donde podía buscar ayuda. Y como yo tenía intenciones de cambiar la escuché y traté de consultar, pero en el fondo no tenía mucha convicción de que esto iba a resultar bien. Dilaté el trámite de la consulta por varios meses. Hubo un periodo de separación entre nosotros. En vista que la situación era muy reiterativa, para no caer en conflicto decido irme de la casa. Después volví y seguí dilatando el venir al centro hasta que luego  de una discusión fuerte le pedí a ella que me ayudara, que hiciera las consultas. Así lo hizo, le dieron toda la información y me dio el número para que yo hiciera una cita. Aquí llegué, conocí el centro, a los profesionales.

Vine a algunas sesiones, pero dejé de venir. Me resistía, creía que podía hacerlo solo, pero mientras tanto seguí ejerciendo violencia psicológica y verbal. De casualidad, por cosas del destino me llamaron de acá y ahí decidí tomarlo en serio y retomar la evaluación. Quedé aceptado. Vine a la terapia grupal, con un compromiso del 100 por ciento. No falté a ninguna de las sesiones y llevé el proceso por más de un año. Me enseñaron a reconocer la violencia, porque uno en ese momento no la reconoce. Uno cree que la violencia intrafamiliar son los golpes, pero también está la violencia verbal y la psicológica.

Ahí me empecé a sentir identificado con lo que estaba realizando, ver que otras personas estaban pasando por lo mismo me ayudó a entender. Algo me hizo click y empecé a asimilar lo que aquí me enseñaban.

Los cambios fueron drásticos, de un día para otro la violencia física no se ejerció más; la verbal y psicológica quedó atrás después, a medida que iba aprendiendo lo iba aplicando.

Igual es un proceso de aprendizaje largo y difícil de aplicar porque hemos actuado de una manera 40 años hacia atrás y de repente tenemos que aprender una nueva forma de relacionarnos con las personas, con la pareja, con los hijos, donde no haya violencia, en que las cosas se puedan conversar sin gritos, sin amenazas.

Aquí me enseñaron algunas técnicas para cuando uno sienta que el enojo lo está ganando, es mejor retirarse del lugar. Eso se llama tiempo fuera, retirarse, avisar a la pareja que uno se va a retirar, para bajar un poco las revoluciones y después resolver el problema que me provocó esa ira, conversando, cuando ya esté tranquilo.

He aprendido a tener un control sobre mis emociones. Mi pareja ha notado los cambios, hay otro  ambiente en la casa, se vive de otra manera, más tranquila, donde no está ese miedo de que pueda estallar por alguna cosa o que yo quiera llevar el control de todo. He aprendido también a asumir mis responsabilidades en las labores de la casa.

Mi pareja tuvo mucha paciencia, sufrió mucho; le pedí perdón. Uno cree que es un privilegio masculino mandar en la casa; esto del machismo está instalado en la sociedad.

Ahora me siento una mejor persona y aprendí a valorar a mi pareja”.

 

 

 

Víctimas de violencia

 

A junio de este año se había realizado 81 denuncias de mujeres víctimas de violencia de sus parejas en Rancagua.

A la fecha se han registrado más de 35 femicidios en el país, dos de ellos en Rancagua y uno en Graneros.

– La novena víctima del año era de Rancagua. Susana Vargas de 48 años, dirigente social, fue asesinada por su esposo Mario Pinto Torrealba, quien posteriormente se suicidó.

– Mercedes Frías Rojas, de 70 años, falleció producto de un golpe con un hacha que le habría dado su marido Washington Maldonado Ubilla, de 71 años, en Graneros.

– En agosto, en Rancagua, Gabriela Andrea Pérez Urzúa, de 39 años, dueña de casa y

madre de un hijo, fue asesinada por su cónyuge, Miguel Toledo, de 45 años quien posteriormente se suicidó. No había denuncias previas por violencia, ni medidas cauterales.

Dirección del centro: Astorga 732

Teléfono: 72-2228794

Correo: centrodehombres6region@gmail.comfoto principal

 

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