Breve crónica histórica del periodismo en Rancagua

La noche roja y negra del periodismo rancagüino
El 15 de enero de 1959, trascurrió la peor catástrofe para el periodismo en Rancagua. Aquella noche roja y negra, Miguel González Navarro, el Decano de los periodistas rancagüinos, fue asesinado en su escritorio de trabajo de “El Rancagüino” y su imprenta, talleres y oficinas totalmente destruidos por un terrible incendio criminal.
Pero, al día siguiente, “El Rancagüino” salió a la calle con una sola hoja de cuatro páginas, para dar la increíble noticia y decirle que el diario seguía viviendo, en las manos del hijo mayor Héctor González Valenzuela.
La nueva era periodística marcada por “El Rancagüino”
El 16 de enero de 1959, se inició la nueva era del periodismo local, marcada por el renacimiento de entre sus cenizas y el lento pero incesante progreso de “El Rancagüino”.
Durante algunos días se pudo imprimir con el valioso auxilio de otros talleres. Pero un año después ya estaba en funciones, un taller improvisado en un galpón que existía en la parte posterior de la residencia del Director en la Avenida Cachapoal, con una prensa y una linotipia que fueron arrendadas y traídas desde talleres de Santiago.
Dos años más tarde, en 1961, se inauguraba la primera parte de sus nuevos talleres en el mismo lugar en que estuvieron los antiguos, en la calle O’Carrol esquina de calle Campos y la primera máquina nueva, una Prensa marca Mercedes importada de Alemania, además de una segunda linotipia.
De este modo, lentamente el taller fue creciendo y la prensa fue reemplazada por la primera “Dúplex”, rotoplana, llegada a la ciudad, capaz de imprimir 3.600 ejemplares por hora, de 16 páginas cada uno.

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