Sewell: testigo y muestra de una epopeya en la cordillera

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– Para el director de la Fundación Sewell, el patrimonio, la herencia que dejaron los pioneros del cobre es la voluntad de vencer los obstáculos y hacer realidad un sueño, construyendo una ciudad e iniciando la explotación de una mina en la alta cordillera.

 

Flor Vásquez Gómez
Enclavado en plena Cordillera de Los Andes, sobre un cerro de dura roca, el centenario campamento de Sewell ha resistido el paso del tiempo, la lluvia, la nieve, el viento y los terremotos. Pero no pudo resistir la acción del hombre, cuando tras la obligada migración de sus habitantes al valle, esa singular ciudad comenzó a ser desmantelada.
El área central del asentamiento logró salvar de la destrucción y hoy es Patrimonio de la Humanidad. Solo 21 edificios construidos en madera nativa es lo que queda del campamento minero que en una época albergó a más de 15 mil personas.
Para preservar y dar a conocer este patrimonio se creó la Fundación Sewell, cuyo director ejecutivo es el arquitecto Felipe Ravinet, quien contó sobre el quehacer de esa entidad.
Indicó que en el año 1998, unos 2 mil trabajadores de empresas contratistas pernoctaban en Sewell. Sin embargo al año siguiente, el campamento debía ser erradicado, ya que la zona estaba dentro del área saturada y se tenía que implementar el plan de descontaminación de Caletones.
“Ahí –señaló- tomamos conciencia que Sewell iba a quedar totalmente deshabitado. Entonces, pedí algunos recursos para hacer un estudio de un plan de acción estratégica para la conservación de Sewell”. Ravinet era en ese tiempo jefe de Arquitectura y Construcción de El Teniente.
Agregó: “Era un patrimonio muy importante y si no se hacía algo iba a terminar por desaparecer. En esa misma época se estaba tramitando la declaratoria de Sewell como Monumento Nacional. La idea se le ocurrió al arquitecto Luis Gómez, que había trabajado en la División antes que yo”.
El problema es que la administración de El Teniente no se mostraba muy receptiva a esas iniciativas. Después, hubo cambio de directivos en Codelco y los ejecutivos que asumieron apoyaron la declaratoria.
En agosto de 1998 Sewell es declarado Monumento Nacional, en la categoría “Zona Típica y Pintoresca”. Y se inicia entonces la elaboración del Plan de Acción Estratégico para la conservación y difusión de Sewell.
“Este plan fue exitoso, definió un modelo de gestión –señaló Ravinet-. Tenía dos consideraciones que siguen vigentes: primero, caminar gradualmente hasta lograr la sustentabilidad económica del campamento, que sea capaz de sustentarse en lo financiero generando sus propios recursos y captando recursos públicos disponibles.
Otro gran objetivo es convertirlo en un polo de desarrollo turístico de la precordillera, considerando todos los atractivos que hay en el entorno, como Termas de Cauquenes, el pueblo de Coya, Chapa Verde, reserva Cipreses y otros”.
Añadió que se definieron algunas líneas de acción, entre éstas la conservación patrimonial de lo físico (edificios), pero también de lo intangible, la memoria, la riqueza cultural. “La difusión es también una tarea importante. Y un tercer elemento tiene que ver con temas de seguridad, considerando que Sewell está dentro del área operativa de El Teniente”.
Además, se definieron algunos objetivos instrumentales: crear una fundación que fuera capaz de administrar Sewell, hacer el museo de la Minería (fue inaugurado en el año 2002) y postular al campamento como Patrimonio de la Humanidad. Todos esos objetivos se alcanzaron. El 13 de julio de 2006, en Vilnius, Lituania, la ciudad de Sewell fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
“Junto con la declaratoria de la Unesco –dijo Ravinet- había que preparar un plan de manejo, una guía de qué hacer en el largo plazo. La Unesco no da aportes económicos, entrega un reconocimiento de nivel mundial. Lo importante para esta región es que Sewell refuerza la identidad de esta zona. Además, el patrimonio no solo es una mirada nostálgica; también es una oportunidad de desarrollo, ya que genera trabajo, riqueza, bienestar y reforzamiento de la identidad, de sentirse orgulloso de vivir en esta zona, en que tenemos este bien”.

 

AUMENTAR LOS VISITANTES A SEWELL
En el campamento está también el Concentrador Sewell, que es el más antiguo patrimonio industrial en Chile actualmente en operación. “Los equipos son de los años 40 o antes y están funcionando bien. Cuando pare este concentrador vamos a tener que hacer un proyecto nuevo para poner en valor esas instalaciones y la gente pueda visitarlas”, anunció el arquitecto.´
Asimismo, está la idea de incorporar un sector de la mina al circuito industrial patrimonial turístico. “Cuando cierre el Concentrador Sewell y deje de salir mineral por el nivel Teniente 5, la idea es que los visitantes puedan conocer una mina de verdad. Vamos a incorporar una visita a la mina Teniente 5, que ya no va a estar en operación y que tiene la gracia de ser una mina con riqueza histórica. Y a la vez, tendrán la oportunidad de recorrer las instalaciones del Concentrador de Sewell. Nuestro objetivo es desarrollar al máximo las potencialidades de este patrimonio”.
Ravinet precisó que de Sewell se conservan 21 edificios no industriales, que corresponden a unos 36 mil metros cuadrados. “El resto son edificios industriales, con lo que son 90 mil metros cuadrados en su conjunto”.
Respecto del costo de mantención del campamento, explicó que “se debe distinguir dos cosas, una es la línea base de conservación preventivo, que en el caso de los edificios no industriales significa un costo de 300 mil dólares al año. Eso es solo para mantener; no son proyectos para puesta en valor”.
Añadió: “Si queremos hacer proyectos de restauración, cada uno tiene un presupuesto aparte y un financiamiento que hay que buscar. Nos acabamos de ganar en un concurso del Consejo de la Cultura y las Artes un proyecto para la restauración del edificio 35, que era un camarote de obreros. Nos entregarán un aporte de 167 millones de pesos para restaurar el edificio y las áreas exteriores; también vamos a recrear algunas viviendas obreras. Ese edificio actualmente está en un nivel regular porque habíamos hecho algunos trabajos preventivos, pero indudablemente le falta mucho y ahora podremos restaurarlo”.
El arquitecto indicó que todos los edificios requieren mantenimiento, pero que en algunos se realiza una intervención, considerando su importancia simbólica entre otros aspectos. Mencionó como ejemplo de intervención y restauración exitosa el edificio del Teniente Club, único exponente de los lugares destinados a los “gringos”, a los ejecutivos norteamericanos y sus familias. Para recrear el estilo que tenía ese club, la fundación se puso en contacto con Nora Moncada, quien había trabajado como camarera en ese edificio, en el “tiempo de los gringos”. Le preguntaron por el color y la tela de las cortinas que se usaban. Confeccionaron las cortinas siguiendo las instrucciones de la ex camarera, las pusieron en el Teniente Club y cuando invitaron a Nora a ver el remozado edificio ella preguntó dónde habían encontrado las cortinas. “No podía creer que eran nuevas”, comentó Ravinet.
En cuanto al proyecto de recrear una vivienda obrera en el edificio 35, indicó que se quiere agregar recreaciones sonoras de la música y los programas de radio que se escuchaban en esa época.
Subrayó que “todo lo que hacemos en términos de restaurar no tiene ningún sentido si la gente no lo conoce. Por eso, estamos interesados en que concurra el mayor número posible de visitantes a Sewell, entendiendo que hay algunas restricciones. Queremos ver la manera de atraer visitantes a través, por ejemplo, de los programas de turismo social que tiene el Estado, a través de Sernatur y también de las municipalidades”.
Puntualizó que actualmente hay tres vías para visitar el campamento, La primera es mediante el convenio que tiene El Teniente con Mineduc, que permite la visita en forma gratuita de cientos de estudiantes al año; a lo que se suman las actividades comunitarias en que también cientos de personas son invitadas a conocer el campamento.
La segunda vía es a través de la fundación Sewell y sus operadores turísticos. “Son visitas pagadas, cuyo fin es generar recursos que se reinvierten en la restauración de Sewell. Finalmente, existe un convenio con el círculo social Sewell, orientado a los sewellinos y sus descendientes, a las juntas de vecinos y organizaciones sociales. Se debe pagar solo 10 mil pesos, para financiar el transporte en el bus”.
Sewell puede recibir mil visitantes en el día y la fundación se ha propuesto aumentar las visitas guiadas al campamento.

 

 

UNA CIUDAD SIN CALLES
El arquitecto indicó que a Sewell se le llamó la ciudad de las escaleras porque no hay calles, no hay manzanas, era todo peatonal y su estructura urbana está definida básicamente por la gran escalera central. “Es una arquitectura hecha a escala humana, que atiende de manera eficiente la forma de habitar la montaña. Hay una muy buena ocupación del suelo, con edificios de hasta 6 pisos, construidos en madera. En este país, teniendo muchos recursos de madera, se la considera un material de segunda clase y no se usa mucho. En Sewell está la muestra que la madera es un material noble y podríamos resolver muchas cosas construyendo en manera, tal como lo hacen en Canadá, Estados Unidos y en los países nórdicos”.
Añadió que los edificios de Sewell son muy parecidos y eso le da unidad al conjunto. “Las maderas de estos edificios son todas nativas, inicialmente se usó pino oregón de Estados Unidos, pero después se usó coigüe y roble. Ahora podemos analizar las técnicas del pasado e incorporar tecnología, para replicar esas soluciones”.
Felipe Ravinet agregó que en este momento se está desarrollando un plan de inversión en el Museo de la Gran Minería del Cobre, que considera la construcción de nuevas salas que recrearán en forma interactiva las operaciones en la mina, el concentrador y la fundición. Además, se creará otro espacio “hi-tec”, de alta tecnología, en que se exhibirán los procesos más tecnológicos de la actividad minera.
Asimismo, está la idea de hacer un museo de maquinaria minera. El diseño de éste lo podrían realizar alumnos de Arquitectura, como proyecto de título. Estudiantes de esa carrera han hecho maquetas de los edificios de Sewell, que también serán exhibidas en una de las salas del museo.
Felipe Ravinet se declara un apasionado de la historia de Sewell y de su trabajo en la fundación. “Es que ahí está el resumen de una epopeya, del esfuerzo de un grupo de personas que fueron capaces de vencer todas las adversidades, de tener un sueño y cumplirlo, de lograr iniciar la explotación de una mina en la alta cordillera. Fue una epopeya. En los primeros años todo el material se llevaba en carreta de bueyes, en lo que fue un ejemplo de tenacidad, de esfuerzo y voluntad. Creo que ese es el patrimonio, la voluntad de ganar la pelea y cumplir el sueño, por más difícil que sea”.

 

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