La calle de los Pájaros de Taipei

Por Esteban Valenzuela Van Treek (Taiwán, enero 2016)

 

Hay ciudades que sorprenden a la vuelta de la esquina, pero nunca pensé encontrarme con una Calle de los Pájaros. Es así por la zona de Heping y la avenida Zhongua, entre el espléndido Jardín Botánico de Taipei- con más de veinte mil especies de plantas orientales, acuáticas y suculentas del orbe-  y el Templo Longshan, donde los taiwaneses rinden culto tras sus paredes rojas y cascadas de agua a sus sabios, dioses y abuelos adorables en una mezcla de confucionismo, taoismo y budismo. Toman un paquete de incienso en las manos, las colocan en sus frente con las manos en alto, mueven la cabeza como los rabinos judíos frente al Muro de los Lamentos y luego los lanzan uno a uno encendidos con una delicadeza indescriptible a las grandes vasijas de hierro custodiadas por dragones, clavándose en la ceniza inerte del homenaje sin fin a lo sagrado, al misterio.

Yo había visto bajo mi departamento en el 11 piso de calle Keelong una suerte de calle de las mascotas, donde cientos de gatitos y perros de todas las estirpes y pedigrees se ofrecen al público en vitrinas iluminadas, despertando el interés voraz de niños y jovencitos que como todo el mundo no quieren casarse y si cuidar la naturaleza y a los hermanos animales. Entre los animales a una pequeña perra collie que nadie se la lleva y lleva una semana cada vez más mustia. Seguramente porque crecen mucho. De hecho, ya casi no quepa en la vidriera donde la exhiben. Ya llegará mi hijo Gregorio con Amanda y Joaquín a Oriente a rescatarla, porque es idéntica a su perra Isabella de su niñez en Rancagua.

También hay en Taipei calles de arreglo de autos, cerca del aeropuerto nacional en plena ciudad, como la avenida 10 de julio de Santiago, donde se pueden encontrar los repuestos de todos los automóviles hechos en el último medio siglo en el planeta. O calles chilenas con diversas cuadras especializadas, como San Diego en Santiago, que con la Alameda se llama Bandera y está la Bolsa de Comercio, luego con Curicó el área de las bicicletas, con el Parque Almagro la zona de los libros, con Santa Victoria de los zapatos y el cuero, con Franklin, el matadero de carnes y los muebles nuevos y viejos.

Lima es parecida y como los gremios medievales que influyeron en Espala, muestra la herencia colonial en calles de joyeros, de imprenteros, de oculistas. Así son las ciudades del mundo que he conocido; la calle del chocolate de Bruselas, las del chocolate caliente para beber en Cádiz, las teterías de Granada, las cafeterías de Bogotá, el Barrio Rojo de Amsterdam como Maruri y Carrera Pinto de mi Rancagua natal; las calles de Teatro de linternas de Praga; los portales de filatelistas de la Plaza Mayor de Madrid tras la calle de monjas y curas donde se venden hábitos y velos; la medina de calles como caracoles de Tetuán donde las alfombras vuelan en las vitrinas y salones; la avenida de los café-libros de Madison Wisconsin, las callejuelas de pescados del puerto de Bregen, la costanera de cervecerías en Bonn como el malecón de Santo Domingo; los sastres Buenos Aires y los corredores de carteras de cuero de Bolonia; la calle de los pintores en Venecia o en Cusco tras la Catedral, la calzada de los Muertos de Teotihuacán en México o la de las balsas de las pilas de incineración de los hinduistas de Benghazi, las cevicherías en la Punta de Cacaloa como el ancestral mercado de curantos (mariscos, papas y carnes) de Dalcahue de Chiloé; el pasaje la de los jugos de fruta en La Paz y los de juego de coco en Roatán, la de los mueblistas cerca del cementerio en Guatemala, la subida de los bares en Valparaíso o de tapas y vino riojano de la calle de los Elefantes ebrios de Logroño o de los licores de naranja en el barrio El Carmen de Valencia…las calles de dentistas en Concepción, la de cirugía plástica en Tacna, la de cremas rejuvenecedoras de Shanghai, la calle de los tarotistas en México y la de las velas y pom (incienso maya) de Chichicastenango en Kiché…Calles especializadas, donde un gremio se potencian en el producto común, se colabora y construye su identidad.

Por eso  fue alucinante toparse con una calle de los pájaros, o más bien con un corredor ornitológico, porque Taipei tiene edificios de quince pisos por todas partes, con veredas galerías de comercio abajo, para protegerse de la lluvia, del sol y de los locos motocicleros que pululan raudos por las calles.

Primero fue toparse a boca de jarro con un Tucán que casi me come un dedo al chocar con él distraído. Rojo y vivaz se molestó y de inmediato una bandada de loros se puso a hablar en diferentes idiomas; los había que repetían palabras en chino mandarín y otros en cantonés, en japonés y koreano (gran poder de compra), inglés con acento británico, francés…y también un loco que en español decía “hola”.

Más allá pájaros de color azul, celeste, familias de pajaritos amarillos, blancos, pelirojos, naranjas…era como una calle loca de Rangún (Birmania)- pensé- donde Pablo Neruda- escribió su “walking around” del libro Residencias, un texto deschavetado en que dice caminar por una calle de “ortopedias”.

No era todo, junto a pájaros de todas las formas, alas y colores, serenos e inquietos, melancólicos y parlanchines, se vendían nidos de todos los tamaños y texturas; jaulas de plástico, de madera y de oro; columpios de bambú, nylon enroscado y lianas de selva oriental; bebederos de piedra o de colores plásticos…incluso, se ofrecen hondas para cazar pájaros, seguramente para los coleccionistas sado masoquistas.

Tomé una foto y un señor de ojos rasgados salto con su tiparillo y sus compinches con los que jugaban al go, las damas tradicionales chinas. Me hacen señas para no fotografiar  y pienso que el exótico faisán enano que fotografío puede estar en extinción.

No importa, vendrán mis hijos y liberarán a los cautivos.

Esa noche en la BBC dieron un programa sobre pájaros, ocas, pelícanos y cigüeñas, que vivían en los jardines, techos y antiguas chimeneas de Londres y Liverpool. En forma impresionante pusieron mini cámaras en sus alas y era como volar con ellos. Así soñé que volaba con Gregorio por islotes en la rocosa costa del noreste de Taiwán y nos seguían bandadas de loros verdes, caspeados y amarillos hablando cien idiomas distintos, pero alegres de volar juntos.

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  • Mario Enrique Contreras Silva

    DON ESTEBAN ES UN GUSTO SABER DE UD, EN BUENA, ME GUSTARIA APROVECHAR LA OCASION, SOBRE SU CONOCIMIENTO DE CIUDADES Y PUEBLOS DEL MUNDO. PERMITO FORMULAR LA SIGUIENTE CONSULTA, ¿EN QUE PARTE DEL MUNDO EXISTIRAN CALLES COMO BRASIL Y SANTA MARIA, CON VEREDAS Y CALLES QUE SON OCUPADAS POR CASUCHAS Y QUIOSCOS, CON TODAS LAS EXTERNALIDADES, CONOCIDAS Y OPORTADAS POR LOS RANCAGUINOS? NO HAY PRIMERA SIN SEGUNDA: ¿SI UD., SE PRESENTA COMO CANDIDATO A ALCALDE DE RANCAGUA, QUE MODIFICACIONES URBANOS REALIZARIA A RANCAGUA, CONSIDERANDO QUE UD., CONSEGUIRIA LOS RECURSOS NECESARIOS?

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