El desafío del año de la productividad

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Mauricio Carreño

Seremi de Economía

 
Hace unos días atrás apareció un tuit que nos llamó mucho la atención. En él un ciudadano planteaba una muy buena pregunta: ¿Para qué seguir vendiendo cobre en bruto a menos de US$2 el kilo si un kilo de nano polvo de cobre llega a costar hasta US$200.
Esta pregunta nos llamó la atención porque encierra un desafío de marca mayor, en virtud del término de otro ciclo del commodity y que, tal como lo ha dicho el Ministro Luis Felipe Céspedes, constituye una oportunidad para replantearnos los desafíos de la diversificación y la productividad.
Este año, a pesar de los anuncios de algunos actores consumidos por el pesimismo, ha sido anunciado como el año de la productividad, lo que señala que el rumbo claro de nuestra economía está orientado hacia ofrecer las oportunidades para que las y los emprendedores puedan mejorar sus capacidades y rompan con la tendencia de baja productividad de nuestros emprendimientos. Para ello en la región nos hemos puesto la meta de estudiar, difundir y promover la creación de un living-lab o laboratorio de innovación colectiva.
Este espacio de trabajo colaborativo, centrado en la generación de mejoras e innovaciones de diversa índole, puede ayudar a acercar y hacer tangible la innovación para muchos emprendimientos que, bajo una nueva mirada, pueden optar a mejoras que generen cambios positivos en cuanto a rendimiento, ventajas y/o ganancias. En este espacio físico se trabaja sobre la necesidad de tener riesgo controlado a la hora de innovar; tener un enfoque de experimentación sistemática para abordar problemas complejos de la empresa o de un servicio; un espacio de generación de confianzas para innovar; construir un enfoque centrado en comprender los problemas de productividad y mejora; un espacio de prueba y error que ayude a reducir los impactos negativos y maximizar los positivos; ir más allá de una plataforma virtual de promoción de la innovación, avanzando a un espacio público-privado presencial, físico y concreto, donde el principal rol sea el trabajo y la relación entre personas, la innovación como ejercicio cooperativo, fundando nuevas relaciones de confianza y cooperación, con foco en proyectos de innovación, capacidades para la innovación y gestión de ecosistema para la innovación y la promoción de inversión temprana.
Después de mucho escuchar sobre innovación, debemos aprovechar el impulso de este Año de la Productividad y avanzar en O’Higgins hacia la creación de un laboratorio viviente que ofrezca un espacio de discusión, co-creación y trabajo colaborativo en innovación, tal como lo ha venido promoviendo nuestro Gobierno y la Presidenta Bachelet, cuando nos señala que como economía debemos ir un paso más allá de la modernización, promoviendo relaciones público-privadas que generen valor agregado definitivamente.
Quizás el ejemplo del kilo de cobre y el kilo de nano partículas de cobre sea muy rebuscado, pero encierra la idea de un desafío que como sociedad y región debemos encarar: pensar en grande ante el problema y definir vías de multiplicación de oportunidades, mejorando la productividad y promoviendo la diversificación productiva, un sello que nos distingue como región minera, agroindustrial y turística.

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