Marina de Navasal

Ximena Buron Miranda
En plena calle nos presentaron. Verla, y recuperar la emoción de tantos años de admiración y compañía, escuchando las amenas conversaciones con José María, y también críticas asertivas sobre panoramas culturales. Su mirada franca, tan familiar, me observaba con interés y cercanía. Pregunté lo obvio: Por qué cambiar ese horizonte inmenso frente al mar, por esta tierra adusta, de frío, calor y viento extremos, de habitantes de altura con vocación de mar.
Me miró con atención y dijo con firmeza: Sí, yo amo profundamente ese mar, lo llevo dentro , pero tenía una casa limitada a unos metros, y un horizonte…sin embargo, cuando estoy aquí, jugando con mi nieto entre pastizales, no dejo de asombrarme de la cantidad de yerbas diferentes que viven en un solo metro cuadrado, yo nunca imaginé que eran tantas, y cada una diferente, la vegetación de acá es increíble…y luego llega la noche y veo un cielo que se abre ante mí, como un gran mar , con luces que brillan a lo lejos ¡ cuán cercanas se ven las estrellas aquí! Mi casa es más grande porque arriba de ella hay un cielo maravilloso que allá nunca veía por la neblina, y que acá se pierde al Infinito¡¡¡¡Cuánto creció mi hacienda!
Anoche, me quedé sin palabras por su partida,….sin embargo, salí al patio y el cielo se estaba despejando….vi a lo lejos como los planetas están estos días alineados con la luna…me pregunté si sería una estrategia de José María para llamarla…quién sabe…pero sin duda es el gran homenaje que esa Inmensidad ha organizado para recibirla….
Gracias, Marina, por todos lo momentos….pero por sobre todas las cosas, por hacerme mirar las malezas del campo con otros ojos…Hasta siempre.

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