EDITORIAL: Día de la Independencia

El 12 de febrero será un día normal de trabajo para algunos y de vacaciones para los más afortunados, pero de haber transcurrido las tradiciones por otros caminos deberíamos estar preparándonos para celebrar nuestras fiestas patrias.

Y es que el 18 de septiembre no se celebra la independencia de Chile como muchos pudiesen creer, ese día de 1810 se constituye la Primera Junta Nacional de Gobierno, un tímido primer paso hacia la independencia pero cuyo objetivo era conservar los territorios del “reyno de Chile” para Fernando Séptimo, prisionero de Napoleón. Fue un hito importante, por primera vez la soberanía popular vio reflejada su voluntad en la conformación de un gobierno propio, pero no era la independencia, debieron pasar largos 8 años y mucha sangre derramada para que el 12 de febrero de 1818 solemnemente fuese jurada la Indepencia de nuestro país, justo para celebrar el primer aniversario de la batalla de Chacabuco que marcara el principio del fin del dominio realista en nuestro país. Lamentablemente esta trascendental fecha de la historia patria es poco recordada por sus ciudadanos, por eso escribimos con anticipación esperando que este jueves alguien pueda brindar a la salud de nuestra independencia.

 

Declaración de Independencia de Chile:
El Director Supremo del Estado
La fuerza ha sido la razón suprema que por más de trescientos años ha mantenido al Nuevo Mundo en la necesidad de venerar como un dogma la usurpación de sus derechos y de buscar en ella misma el origen de sus más grandes deberes. Era preciso que algún día llegase el término de esta violenta sumisión; pero, entretanto, era imposible anticiparla: la resistencia del débil contra el fuerte imprime un carácter sacrílego a sus pretensiones y no hace más que desacreditar la justicia en que se fundan. Estaba reservado al siglo 19 el oír a la América reclamar sus derechos sin ser delincuente y mostrar que el período de su sufrimiento no podía durar más que el de su debilidad.
La revolución del 18 de septiembre de 1810 fue el primer esfuerzo que hizo Chile para cumplir esos altos destinos a que lo llamaba el tiempo y la naturaleza; sus habitantes han probado desde entonces la energía y firmeza de su voluntad, arrostrando las vicisitudes de una guerra en que el Gobierno español ha querido hacer ver que su política con respecto a la America sobrevivirá al trastorno de todos los abusos. Este último desengaño les ha inspirado, naturalmente, la resolución de separarse para siempre de la Monarquía Española y proclamar su independencia a la faz del mundo.
Más, no permitiendo las actuales circunstancias de la guerra la convocación de un Congreso Nacional que sancione el voto público, hemos mandado abrir un Gran Registro en que todos los ciudadanos del Estado sufraguen por si mismos, libre y espontáneamente, por la necesidad urgente de que el Gobierno declare en el día la independencia, o por la dilación o negativa. Y habiendo resultado que la universalidad de los ciudadanos está irrevocablemente decidida por la afirmativa de aquella proposición, hemos tenido a bien, en ejercicio del poder extraordinario con que para este caso particular nos han autorizado los pueblos, declarar solemnemente, a nombre de ellos, en presencia del Altísimo, y hacer saber a la gran confederación del género humano, que el territorio continental de Chile y sus islas adyacentes, forman de hecho y por derecho, un Estado libre, independiente y soberano, y quedan para siempre separados de la Monarquía de España, con plena aptitud de adoptar la forma de Gobierno que más convenga a sus intereses. Y para que esta declaración tenga toda la fuerza y solidez que debe caracterizar la primera Acta de un pueblo libre, la afianzamos con el honor, la vida, las fortunas y todas las relaciones sociales de los habitantes de este nuevo Estado; comprometemos nuestra palabra, la dignidad de nuestro empleo y el decoro de las ramas de la patria; y mandamos que con los libros del Gran Registro se deposite la Acta Original en el Archivo de la Municipalidad de Santiago, y se circule a todos los pueblos, ejércitos y corporaciones, para que inmediatamente se jure y quede sellada para siempre la emancipación de Chile.
Dada en el Palacio Directorial de Concepción a 1 de enero de 1818, firmada de nuestra mano, signada con el de la nación, y refrendada por nuestros ministros y secretarios de Estado, en los departamentos de Gobierno, Hacienda y Guerra (*)

(*)El Acta de Independencia de Chile es el documento mediante el cual Chile declaró solemnemente su independencia de la monarquía española. Fue redactada en enero de 1818 y aprobada por el director supremo Bernardo O’Higgins en la ciudad de Talca el 2 de febrero del mismo año, aunque fue datada en Concepción a 1 de enero de 1818. La ceremonia de jura de la independencia se realizó el 12 de febrero del mismo año.

 

 

Luis Fernando González V
Sub Director

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