O’Higgins elegido Director Supremo

El 16 de febrero de 1817, era un día como hoy, de un cálido verano, a pocos días de la gloriosa batalla de Chacabuco. En el ambiente se respiraba la euforia del triunfo conseguido tras el temerario pero valiente ataque de la división al mando de Bernardo O’Higgins, convertida en ese momento, improvisadamente, en vanguardia del Ejército Libertador de los Andes comandado por San Martín La avasalladora carga de O’Higgins, obligó a los realistas a retroceder. Fue apoyada por la división del brigadier Soler que, descendiendo de los cerros, atacó por el costado a los desconcertados españoles. ¡EL TRIUFO DE LAS ARMAS PATRIOTAS FUE DECISIVO!… Santiago quedó despejado de enemigos armados.
Llegó el momento de elegir a un Director Supremo para que organizara la recuperada República. Muchos pensaron en el General San Martín, pero éste no aceptó, reafirmando su anhelo de seguir en la lucha por la libertad de América y pidiendo que se designara como Director al general Bernardo O’Higgins.
La gente aceptó con entusiasmo y todos salieron de la sala del Cabildo en donde se efectuaba la reunión para trasladarse a la casa de don Mateo de Toro y Zambrano, que era donde moraba provisoriamente O’Higgins.
Llevado por la multitud que lo avivaba, llegó hasta el Cabildo, en donde fue solemnemente consagrado como Director Supremo, prestando el juramento de rigor, aceptando el cargo: “¡Por Dios, nuestro Señor, sus Santos Evangelios y mi palabra de honor!”
Se inició así la difícil tarea de reconstruir el Estado, declarar formalmente la Independencia de Chile, crear e impulsar la creación de la primera Escuadra Nacional y el Ejército Libertador del Perú, realizar una admirable labor de progreso y dejar al país libre de las fuerzas hispanas que lo dominaron durante tres siglos.
A través de seis años, se dedicó intensamente a reconstruir la Patria libre y soberana, hasta el día en que, en 1823, abdicó del mando y decidió marcharse al Perú, en donde vivió el resto de su vida.

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