El cura de Rancagua que hace 25 años misiona en Taiwán.

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Desde Taipei (Taiwán), por Esteban Valenzuela Van Treek

 

 

En el gran Taipei, la capital de Taiwán con sus siete millones de habitantes, se celebra sólo una misa en castellano, en una iglesia de la orden de San Vicente de Paul en el norte de la ciudad, camino al puerto de Tamsui. Allí se congrega la pequeña comunidad de latinoamericanos, españoles y algún filipino que prefiere escucharla en español en vez de la predica en inglés que ofician los jesuitas en la Iglesia de la Sagrada Familia en el Parque Daan.
El sacerdote es amable, su gesto es sencillo como sabiéndose minoría en un país profundamente religioso ligado a las corrientes taoístas de China y al budismo que desde la India se popularizó en Japón, Tailandia, Cambodia y Formosa (Taiwán). La prédica es elaborada, se refiere a todas las lecturas, es analítica e ilustrada, con el dejo de sano escepticismo del sacerdote que se sabe testigo de su tiempo, lleno de preguntas y cuestionamientos a la propia Iglesia, lo que lo hace tratar al feligrés como un adulto y no un púber. Además, el cura valora la sociedad igualitaria y tolerante en que ha devenido Taiwán, respeta los altares que proliferan en todos los barrios con su mini templos (Kong) con su dioses guardianes en la cultura oriental siempre abiertos e iluminados de velas e incienso.
Hay interculturalidad y mística de oriente lejanísimo. La Virgen María, como el Cristo, tienen rasgos orientales; es la interculturación de la historia y desde el inicio (judíos, samaritanos, galileos, Pablo de Efeso, San Agustín de Hipona en Libia….), con “nuestra” aymara la Tirana, mestiza Guadalupe y negra Santa Rosa de Lima y Pelequén. Además, la hermana Socorrro, filipina de nacimiento, con misiones en Chile y Taiwán, ríe como en el paraíso, toca el órgano y se canta con fuerza.
El mundo es chico: un cuarto de los feligreses en el domingo más frío en un siglo en Taipei (2 grados) somos rancagüinos, la monja que lidera el coro vivió seis años en San Vicente de Tagua y el sacerdote es MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ, hijo de minero del Teniente y madre de la ciudad, egresado del O´Higgins, seminaristas en sus inicios de Rancagua en calle Lídice (población Esperanza), luego sacerdote del Verbo Divino (la orden de la Parroquia de la Granja, Manzanal y Rancagua Sur desde el padre Manuel Val a Lamberto Lalung).
El Padre Miguel Ángel llegó hace 25 años a Taiwán, tuvo un parántesis de cuatro años para doctorarse en teología e historia en la Universidad de Lovaina en Bélgica, pero volvió a Taipei donde hoy es el director del Departamento de Lenguas y Cultura Hispánica en la U. Católica de Fu Jen, que co administran Jesuitas, Franciscanos y Verbo Divino. El sacerdote recuerda los años de Pastoral Juvenil en los 1980s y a Consuelo Vallejos, la activista juvenil que se hizo monja de claustro y es feliz en la precordillera de Santiago. Aquí se le ve en la Universidad de Fu Jen con las banderas de muchos países incluyendo la chilena, así como oficiando la misa es la lengua que nos hace y modela, la misma con que enseña y escribe libros analíticos. Uno de esos libros se titula “Roberto Bolaño en perspectiva: enigma de una búsqueda”, donde hace una hermeneútica de la novelística atormentada, exiliada y policíaca de Bolaño. Al leer su ensayística uno se topa con otro rancagüino en el rescate del grito desgarrador en pos de redención del escritor, la pluma emergente de Carlos Labbé, el notable escritor y crítico treintañero.
En Taiwán hay sólo 300 mil católicos en 23 millones. La Iglesia presbiteriana con influjos canadienses, escoceses e ingleses es la principal iglesia cristiana en el país taoísta y budista. Aquí se vive la fe en minoría y en diálogo, aportando a “todos (as)”, como el Cristo que pidió ir a las fronteras. Así lo hizo el jesuita Francisco Javier en el siglo XVI para llevar el Evangelio a China, como Mateo Ricci en el siglo XVII, como el pastor Macay en el norte de Taiwán…como el rancagüino Miguel Ángel González enseñando cultura y literatura latinoamericano y dando testimonio de su fe al otro lado del mundo.
Por su aporte académico e intelectual, el Gobierno taiwanés que apoya a las universidades al cumplir estándares, le ha contratado hasta los 65 años. No sé si Miguel Ángel González envejecerá en su amado Taipei. También tiene otro amor, y se le alumbran los ojos cuando cuenta que su hermana y su cuñado artistas quieren llevarse a su madre a Pichilemu, cuando recuerda viejas y nuevas glorias del Club O´Higgins, cuando recuerda la Carretera del Cobre y la cordillera allí cerca en el valle del Cachapoal al fin del mundo. Con todo, el cura es obediente y se ha entregado a lo que “el Señor disponga”.

2 comments

Mi querido amigo Miguel, atrás quedaron los años en que jugábamos fútbol en el manzanar, Cacique era tu club , el mio Alianza San Benito…fui tu padrino cuando te ordenaste en la catedral de Rancagua, en aquellos años yo trabajando para la Iglesia del Manzanal con el Verbo Divino. Tu vida es un orgullo para mi como tu Amigo.

“Por su aporte académico e intelectual, el Gobierno taiwanés que apoya a las universidades al cumplir estándares, le ha contratado hasta los 65 años” Un cura contratado, suena muy feo, ¿Cuánto será el monto de su remuneración?. En Rancagua, falta un cura que sea cura, sea acogedor con el que concurre a una iglesia, sea sereno, sea respetuoso, sea servicial, sea cercano a los niños, sea cercano a los adultos, inculcando valores a los adultos para que sean católicos con buenas costumbres. La mayoría de los curas rancagüinos actúan como funcionarios, con horario de trabajo, cumpliendo una descripción de empleo empresarial, un cura bueno se nota a lo lejos, no solamente por los fieles, sino al contrario por los pecadores que son la gran mayoría y que viven en un Rancagua, en que nadie confía en nadie.

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