“Que los quehaceres de la vida no lo confundan”

“… Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” Lucas 10:41-42
Nacemos y crecemos en medio de una sociedad acelerada, los afanes y el trabajo absorben los pensamientos y consumen nuestras fuerzas. La competitividad es parte de nuestra formación, nos enseñan a esforzarnos desde niño en desarrollar capacidades y habilidades que nos permitan ser competitivo en esta vida, no lograrlo trae frustración.

 

NO HAY TIEMPO PARA PENSAR, NO HAY TIEMPO PARA MEDITAR
No hay tiempo para darnos cuentas si realmente lo que estamos haciendo es correcto, si nos conviene o no. Sin darnos cuenta somos arrastrados por la corriente materialista, hedonista, consumista competitiva de este mundo que no controlamos sin discernir a donde vamos llegar. No hay tiempo para acercarnos a Dios para consultar si es correcta o no la decisión que he tomado, o para tener un tiempo de refrigerio espiritual para mi alma, no hay tiempo para orar, para escudriñar las escrituras ni aun para congregarnos.

Afanado y turbado vivía Esaú, y no percibió la importancia de la primogenitura para el desarrollo de su vida y de su descendencia.
Afanados y turbados vivían los sacerdotes hijos de Elí, que no percibieron el juicio de Dios sobre sus vidas, sus muertes prematuras, y las consecuencias morales y políticas que traerían sobre su nación.
Afanado y turbado estuvo el rey Salomón a pesar de un tan promisorio comienzo. Las malas decisiones que tomo, sin consultar a Dios, lo llevaron a la división del reino de Israel, marcando el comienzo desastroso del reinado de muchos reyes que dejarían una triste estela moral y espiritual en la historia de esa nación.
Afanada y turbada estaba Marta cuando Jesús visitó su casa, y no podía despojarse de un servilismo cultural, que no le permitía sentarse a los pies del Señor para escuchar y priorizar en su vida sus palabras como lo hacía su hermana María.

Afanada(o) y turbada(o) está todo aquel que no puede detenerse en la vida, para reflexionar y meditar acerca del lugar que Dios ocupa en su corazón, y evaluar si lo que está haciendo o invirtiendo en su vida es de bendición o no.
A veces necesitamos de “los golpes de la vida” los cuales nos frenan y nos obligan a reconsiderar nuestras prioridades, quién lo ha vivido aprecia y agradece a Dios por aquellos periodos de adversidad, por aquellas lágrimas que limpian los ojos y que nos permiten ver con más claridad la vida.
No permita que las mucho quehaceres le confundan, y no pueda ver el gran amor de Dios que esta llamándole a enmendar, a reorientar su corazón, a priorizar su agenda. Es tiempo de sentarnos a escuchar a Jesucristo, más de una enseñanza y exhortación debe tener para cada uno de nosotros.

 
Pastor: Alejandro H. Cabrera C.

Deja un comentario