Tras el lente de Eduardo Cortés

El rancagüino lleva casi tres décadas radicado en Noruega, donde hizo toda su carrera y formó su familia. Allá trabajó en una revista de farándula y también ha impuesto su estilo en publicaciones de moda, como Elle Internacional. Un sello que define como provinciano, apegado a sus raíces en la ciudad histórica, pese a no tener planes de regresar.

 

Marcela Catalán

 

Eduardo Cortés luce bermudas, una camisa veraniega celeste, pañoleta azul y rojo al cuello, además de portar unos lentes en la mano, zapatillas y calcetas hasta arriba. Advierte que sin duda esto último llama la atención, cuando sale de la casa de sus padres. Ésta se ubica en un céntrico barrio de Rancagua, ciudad que dejó en marzo de 1987 para vivir en Noruega. Antes estudió la carrera de Técnico Agrícola, pero en el país escandinavo fue donde descubrió fortuitamente su pasión: la fotografía, en particular la captura de retratos. Y es que dice admirar la belleza humana, la simetría y la estética clásica.

 

Fue en la nación europea donde desarrolló su estilo y trabajó en la publicación de farándula Jet Set, haciéndose así un nicho en las revistas de moda del Viejo Continente. De hecho, éstas son las que más han alabado su trabajo, que él define como anclado en sus raíces provincianas. Elle Internacional es uno de los medios más relevantes donde ha acaparado portadas e incluso ha tomado vuelo propio con exposiciones. Antimoda fue la propuesta que lo trajo a Chile por ahí por 2004, mostrando a mujeres de diferentes naciones y en contextos más cotidianos. Hoy, proyecta su segunda parte.

 

La penúltima vez que estuvo por estos lares fue en 2012. En esa ocasión regresó a su tierra natal para viajar a Talca y participar en el Campeonato Mundial de Cueca, evento del cual resultó campeón, llevándolo a bailar al Festival del Huaso de Olmué. Y ahora volvió para reencontrarse con el baile nacional, integrándose al jurado de un certamen a efectuarse en Yerbas Buenas, Curicó, San Javier y Linares. Es así como hoy combina su pasión por capturar imágenes y la cueca, además de enseñar español, fotografía y esta danza a quienes llama “los vikingos chicos”.

 

¿Cómo surgió su interés en la fotografía? Entiendo que partió en Noruega.

Sí. En Chile, nunca pensé en tomar fotografías. La única que hice, fue cuando mi papá le regaló

una cámara Minolta a mi mami. Esa vez fui al tranque, ese que está por allá en la línea, y le saqué unas fotos a un amigo. Éramos chicos, teníamos 14 ó 15 años, y fue mi única experiencia con la fotografía en Chile. Pero no sabía lo que hacía, sólo apretaba el botón.

 

¿No había un sentido artístico detrás?

Fue un accidente de cabro chico, pero siempre me acuerdo de esa cámara. Y bueno, ¿cómo comencé con la fotografía? Fue por el deporte. En Trondheim ingresé a la universidad y allí teníamos un grupo de snowbord. Salíamos con varios estudiantes y empecé a sacar fotos de ellos, porque lo encontraba súper cool, muy choro, no sé cómo se dice acá… Utilizaba una cámara de bolsillo y las imágenes tuvieron buen recibimiento, llegando al diario local. Después empecé a tomar fotos de fútbol para ese mismo diario, con el equipo de la primera serie que era como el Colo Colo de acá, el más grande. Les tomé imágenes en la Champions League, en la liga europea de fútbol, (compitiendo) con equipos internacionales.

 

Así aprendí un poco de técnica (en la foto deportiva), aunque no me gustaba mucho. O sea, nunca fue lo mío. Siempre tuve admiración por el ser humano. Probé varios tipos de fotografía, pero los retratos son lo que más me resultó y lo único con lo que he ganado plata -aparte de las fotoreportajes que implican harta pega, porque no soy periodista-. Soy un retratista.

 

¿El trabajo en ese diario deportivo, fue lo más cercano que hizo al mundo de la prensa?

Fui editor fotográfico de la revista Jet Set, que sólo trataba de fiestas de celebridades. También era prensa. Ahí fui jefe de fotografía, por lo que debía comprar imágenes de reporteros gráficos internacionales y de agencias. Yo también tomaba fotos en fiestas, pero para eso usaba una cámara más piolita, tipo James Bond. Es que si andas con una que utiliza flash separado, se te asustan y empiezan a posar. Debes andar con una cámara (pequeña), haciendo como si todos fuéramos amigos, para conseguir la información que necesitas. Eso igualmente se maneja con plata por si tienes que comprar a la gente. Así funciona ese mundo de las celebridades: ellos te llaman para darte datos de donde estarán y todo eso.

 

¿Le gustó ese trabajo?

Es de todos los días. Cuando es de todos los días, se convierte en rutina. Se transforma en un trabajo más, como para ustedes el hecho de hacer notas a diario. Es pega, no es algo bonito. No es como ver tu foto del porte de una página, por ejemplo, en Elle Internacional. Eso hace una gran diferencia.

 

¿Quizá no daba tanto espacio para realizar algo más creativo?

(Se toma unos segundos para pensar) O sea, en los últimos años, se ha puesto súper difícil entrar a las revistas, porque pagan poco. Igual que en Chile, casi nada. ¿Pero trabajar en las revistas y hacer algo más creativo? Yo diría que algo más comercial, porque siempre te controlan. Lo hace el artista que quiere verse estupendo, o la revista, si es una editorial de moda, la cual busca lo que le conviene a sus patrocinadores. Porque así trabajan las revistas. Entonces, creación propia (medita)… Sólo la ves en las exposiciones.

 

¿Y hoy está trabajando para alguna revista?

Siempre van saliendo esos trabajos, pero no tienen fotógrafos de planta. El tipo de revistas donde trabajo yo, casi siempre tiene puras mujeres: una editora de moda, un editor especialista en comerciales, la editora general y todos los otros somos freelance. Es decir, traemos nuestras creaciones por si las quieren o no. Pero todos quieren las tuyas cuando ya tienes tu tiempo en esto, porque no haces algo si es que no te lo piden. Te hacen un encargo. Por ejemplo, fotografiar una estrella que llega a Noruega. Tienes diez minutos para hacer esa pega, pero con tu experiencia, puedes sacar las imágenes en la entrada de un hotel y te quedan como si la hubieras tomado en un estudio.

 

Este año he hecho trabajos para Elle y para The Fawn, de Nueva York. También he trabajado para privados, clientes antiguos. Cuando vuelva, realizaré un catálogo de ropa interior o de trajes de baño para la colección de 2017. También he trabajado para cadenas de peluquerías de Londres, para quienes he hecho cosas durante muchos años. La misma gente te busca por tu estilo. A veces hay clientes que quieren lo exótico y por eso te buscan a ti. No requieren a alguien para que saque la imagen: quieren el estilo de la visión de ese fotógrafo, para que entregue algo que pegue con las otras cuestiones de la revista.

 

 

 

ESTILO ANCLADO EN PROVINCIA

 

“Me las sé por libro, las modelo”, dice Ed Cortés – apodado así en Noruega-, cuando el lente de un colega procura capturarlo. Pregunta si le parece la luz de ese momento o si prefiere hacer las imágenes dentro del café donde transcurre la charla, advirtiendo que el toldo favorece la sesión. También pide ser photoshopeado, medio en broma, medio en serio. Se trata de un tema que no teme abordar y que, por estos tiempos, genera las primeras ronchas y discusiones en las publicaciones nacionales de papel cuché.

 

“Soy bueno para el photoshop, para qué estamos con cuestiones. A veces, la gente necesita que le bajen 10 ó 15 años por asuntos de negocios. Para ellos, su imagen es muy importante. Y a mí me encanta el photoshop. Aprendí harto con la foto de moda, arreglando trajes, haciendo que se vean impeques al alargar cuellos, ojos, colores, todo”, desliza el rancagüino, sobre el uso de esta controvertida herramienta. Sin embargo, más allá de aquello, ¿cómo define sus fotografías?

 

“He tratado de copiar estilos escandinavos. Pero no me resulta, porque soy latino y tengo mi base acá. Además soy de provincia, cuestión que converso con otros fotógrafos internacionales como Mario Testino. Él es un aristócrata, entonces, tiene otra visión. La mía es una mirada provinciana, cosa que me ha ayudado mucho, porque no dejo de admirarme ante lo que veo en el mundo. Una persona, una cara… no me fijo en su ámbito material. Así es como puedes hacer una imagen interesante de algo no interesante, de algo rutinario, que nadie percibe. Creo que eso se debe a una mentalidad provinciana que adquirí acá, en Rancagua.

 

¿Lo distingue de sus colegas?

Por supuesto. Siendo latinoamericano, uno tiene otros intereses. Hay otro fotógrafo, el colombiano Ruven Afanador, también de moda y quien ha trabajado para Vogue y Elle. Es excelente, pero tiene otro concepto, más relacionado con los colores. Eso depende mucho de dónde vienes, si del campo o la capital. Casi siempre los fotógrafos de Santiago son más agrandados que nosotros. He conversado con colegas de 25 ó 30 años, que están empezando y son buenos, aunque se creen los campeones del mundo… Son tus raíces las que te hacen único. No necesitas tener el medio estudio o la media cámara para hacer arte. Hasta con un celular puedes conseguir una buena imagen, teniendo la luz del día y un ángulo. Es como pasarle una pelota de plástico a Alexis Sánchez: él hace las mismas maravillas que cuando ocupa un balón del mundial.

 

Más allá de describirlo como provinciano, ¿qué características definen su estilo?

Ocupo la misma técnica que utiliza un estudio, pero para fotografiar gente afuera, a la intemperie. No uso luz natural, no sé cómo tomar imágenes con sol. Me parece súper difícil, porque mis primeras fotos fueron en un estudio, empleando luz artificial, con flash de estudio. Por lo mismo he perdido la vista por un lado, por tanto experimentar con flash, en lo cual me manejo súper bien. Puedo trabajar con cinco u ocho flash de estudio. Me encanta transformar el día en noche y sacar imágenes en pleno verano, con el sol arriba. Oscurezco todo con la obturación y consigo que se vea como un estudio.

 

¿Por qué escogió Noruega como destino?

Me fui en un periodo bien particular políticamente, el 22 de marzo de 1987. No era una luminaria en la escuela y gran parte de los jóvenes de aquel entonces queríamos salir a buscar nuestro rumbo afuera, al exterior. En ese minuto era popular irse a Australia o Canadá, porque era más fácil hablar inglés. Pero a mí siempre me han tirado las cuestiones difíciles. Y Noruega era un país poco conocido, frío. Lo único que conocía de Noruega era el grupo A-ha. Uno quería ser igual a esos cabros rucios…

 

¿Cuál fue mi motivación para irme hasta allá? No la pensé. Recuerdo que escuché a la secretaria de mi abuelito, quien dijo que unos chicos se habían ido a Noruega. Agarré papa y pensé “aquí está la mía”. No me hacía estudiando en Chile, no me hacía un futuro acá. Me dieron una buena educación y todo, aunque no estaba en esa. Mi hermana estudió y vive súper bien, pero aquí tienes dos opciones. Estudias o… Es mucha la diferencia económica que después se establece. Entonces, hice bien al buscar mi propio destino.

 

A los fotógrafos más jóvenes que quieren desarrollarse más allá de la prensa, ¿les recomendaría irse al extranjero?

Te responderé con lo que me dijo un muy buen amigo, Andrés Serrano, fotógrafo de Nueva York. Tú puedes hacer arte donde estés. Les diría que no es necesario irse al extranjero. Quizá sea una motivación, pero no es fácil estar afuera.

Aquí mismo pueden desarrollar sus cualidades técnicas. Les puedo recomendar nombres a seguir. Por ejemplo, hay un fotógrafo español extraordinario. Se llama Eugenio Recuenco, búsquenlo en Facebook, agréguenlo, los aceptará. Ahora realiza comerciales para Gucci con artistas famosas de cine como Michelle Pfeiffer, de ese toque. También lo pueden invitar a que les haga un taller. Es creativo y que casi no ocupa photoshop, pero es seco con la iluminación. Miren su trabajo, porque los motivará harto. Él también hace moda, aunque con una iluminación espectacular. En vez de flash, ocupa luz continua. La luz continua es el futuro de la fotografía (le dice al reportero gráfico del diario), no el flash. Consiste en paneles de luces led y eso es baratísimo. Cómprense un panel led chiquitito, y empiecen a trabajar.

 

APLACAR LAS DISTANCIAS

Ed Cortés pregunta si habla muy lento. Cuenta que no pocos compatriotas se fijan en sus frases ochenteras y asegura no comprender muchos de los conceptos o chistes que se emplean acá. “Por ejemplo, las tallas de los chicos que van a bailar cueca afuera. Ellos se mueren de la risa, pero yo no entiendo. Así te das cuenta de que estás un poco desconectado. Sin embargo, mis raíces siempre serán rancagüinas. Por eso me doy el gusto bailando cueca, a pesar de ser tieso”, afirma el hombre que quiere retratar chinas del campo, aunque en Europa.

 

¿Hay algo que le gustaría hacer en la fotografía y que todavía no haya podido realizar?

Sí, por supuesto. Me gustaría fotografiar cosas de Chile. Cuando vives en el exterior, cada vez extrañas más tus raíces y quieres aproximarte a lo tuyo a través del arte. Por eso es que desde 2007 me he acercado a la cueca y dejé un poco de lado la fotografía. Siempre he tenido ganas de tomar retratos a la gente del sur, los mapuches, pero en un contexto más fashion, aunque parece que es gente un poco difícil.

 

¿Reservados?

Exacto. Entonces, si uno pone una mala imagen suya, les puede causar un problema. Pero eso es algo que me atrae. También me gustaría hacer una imagen con una china (de los huasos), en un ambiente natural con sauces y con esos falsos modernos. Acá hay chinas espectaculares. Hay una que conoceré ahora, con quien iré al Campeonato Extrajóvenes. Debe tener unos 20 años y tiene un look espectacular. Un metro 73 de altura, pelo negro. ¿Conoces a Frida Kahlo? Tiene un estilo así. Su mamá le hace los trajes, era maquilladora profesional. Iré con ella al siguiente Campeonato Mundial Eurocueca, a realizarse en Mallorca (España). Eso haré el próximo año, para exponer.

 

Me imagino que se lo han preguntado. ¿Ha pensado en…?

¿Volver?

 

Sí, volver y dedicarse acá a la fotografía.

Noooo (responde de manera rotunda). Soy rancagüino, pero hice mi vida en Noruega. Allá me casé y tengo hijas. Noruega es mi mundo. Estoy totalmente metido en la sociedad, soy empleado municipal, fotógrafo… ¡Y aquí no tengo nada! Está la casa de mis papás y de mis hermanas para venir de visita una semana o un par. No venía desde 2012, cuando salí campeón mundial de cueca en Talca y me invitaron a bailar al Festival del Huaso de Olmué. De ahí que no venía y no tenía pronosticado hacerlo sin preparación.

 

¿Podría haber hecho esta misma trayectoria en la fotografía, pero en Chile?

No creo. De hecho, jamás hubiese sido fotógrafo en Chile. Me hubiese dedicado al campo. Estudié la carrera de Técnico Agrícola en el Inacap de Tabancura y creo que me hubiese dedicado a eso, porque era lo que me gustaba en ese entonces. Cuando estudias, te metes en eso. Pero como me fui a Noruega, un país desarrollado donde la economía no es un problema, donde puedes hacer lo que quieras y no debes hacer nada por necesidad, porque en realidad es por gusto… Me fascina mi trabajo actual con niños, enseñándoles fotografía, español, noruego… Considero que me ha ido bien en la vida, porque hago lo que me gusta. También soy muy respetuoso con la gente, pero he tenido la suerte de ganarme la vida con lo que me gusta.

 

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