Rancagua… a pesar de todo, yo te quiero

No soy rancagüino. Cuando conocí Rancagua, la ciudad, por el norte, empezaba en la Alameda, con sendas acequias o canales que corrían de oriente a poniente; siempre, invierno o verano, abundantes de chocolatadas y torrentosas aguas. Por el oriente, el límite era la actual avenida Freire. Brasil, una calle adoquinada, ponía su sello a la frontera poniente. La Estación de Ferrocarriles, recibía los ramales de Sewell y Coltauco. Al otro lado del cruce ferroviario, lo más notable era el Seminario Menor de Cristo Rey (hoy Cottolengo) y el resto, salvo el Molino Koke y su parque señorial, era el largo y polvoriento camino que conducía a Doñihue. Los límites del Sur parecían trazados por la vía férrea del mineral El Teniente y el templo franciscano, que cuando yo lo visité por primera vez, tenía piso de ladrillos. Había una plaza de Armas, que aquí siempre fue “de los Héroes”, con una catedral que lucía sus torres gemelas en cemento Portland, sin pintar, una Intendencia cuyo reloj daba parsimoniosamente las horas con campanadas cuyo sonido se nos hizo familiar. El resto eran edificios de adobe, en estado precario. Lo peor era que en estas vetustas y mal agestadas casonas, funcionaba una colección de heterogéneos comercios, incluyendo –lo recuerdo muy bien- zapateros remendones. Para colmo de males, allí, muy cerca, en calle Cuevas, frente a los costados del templo de La Merced, funcionaba la Vega o Mercado Municipal. Con todos sus olores, buenos, no tan buenos y pésimos. Estaban las calles de mala reputación. Ciudad minera, Rancagua hervía de burdeles de toda clase y para todos los gustos y bolsillos. Pese a todo, incluyendo las calles “decoradas” con las bostas que dejaban, sin inmutarse, los caballos de las numerosas “victorias” que eran la locomoción de la época, Rancagua era una ciudad acogedora, provinciana a más no poder, tranquila y segura. Con la muerte de los campamentos en Sewell, la mano de alcaldes como D. Patricio Mekis y D. Nicolás Díaz, una vorágine de cambios y transformaciones cambiaron el rostro del viejo Rancagua. Vino de atrás una fiebre por la construcción y –a mi parecer- primó el capricho de los arquitectos y el interés (léase ambición) de las constructoras. Entre los paseos peatonales y el exceso de vehículos en una ciudad cuyo casco antiguo es estrecho y mezquino, Rancagua colapsó. Pero nadie se dio por vencido. Volviendo a lo nuestro. Es verdad que en la ciudad había parcelas que eran una verdadera lacra. Lugares donde vivía gente de costumbres relajadas, conventillos, bares clandestinos, restaurantes de mala muerte donde se jugaba al cacho, al naipe y al inocente dominó, pero donde también había, para que no todo fuera rutina, alguna gresca en la que salían a relucir cuchillos o pistolas. En cuanto a higiene, sin duda que el Mercado, ubicado allí, encima de la plaza principal, no era un ejemplo de pulcritud. Los gruesos postes de madera del alumbrado público y de los telégrafos y teléfonos, servían de vespasianas a los que requerían hacer sus necesidades. El Pasaje Bomberos, (Brasil entre S. Martín y Lastarria) fue un verdadero baño público hasta no hace mucho. Pero decir que Rancagua era una sucia y maloliente ciudad, sería una mentira.

 
Vivimos ahora a un ritmo diferente. Hasta las personas tienen otro rostro. Se han avecindado en la ciudad gente del lejano Oriente (India, China, Corea) y de los países latinoamericanos del borde del Pacífico: colombianos, ecuatorianos, peruanos. No tantos como para asustarse, ni tan pocos como para que no se noten. Mendigos siempre hemos tenido en Rancagua. Ahora en forma sobreabundante. Y con ellos, los “okupa” y aquellos eufemísticamente llamados “en situación de calle”. En la ciudad de antaño, hasta los indigentes más miserables tenían una covacha o un sucucho donde guarecerse. Había una inopia más recatada, como que existían los pobres vergonzantes, aquellos que no osaban pedir limosna ni auxilio a nadie. Hoy existe esa pobreza que yo, sin miedo, llamaría “mediática”, esa que se exhibe hasta con soberbia. Cuestión de subir por calle Santa María. (Avenida, según reza la señalización) En la cuadra que va de calle Mujica a la Alameda, por la vereda poniente (cuyo pavimento está en pésimo estado) instalan su “vivac” hombres y mujeres, cuelgan de los árboles sus bolsas o mochilas y arreglan sus camas (en realidad lo son, pues usan colchones) mientras duermen, comen, beben, discuten, pelean y, a vista y paciencia de los transeúntes, incurren en conductas reñidas con las buenas costumbres y la moral. El sector de Av. Brasil, Santa María, Estación de trenes, la parte poniente de la Alameda se han convertido en tierra de nadie. Dije en una oportunidad que existía un “Rancagua Premium”, (sur-oriente) pero es lamentable que tengamos un Rancagua que va tomando aspectos marginales. Definitivamente, se hace necesaria la férula municipal para ordenar el caos en que, por un permisivismo interesado y nefasto, se hace la vista gorda ante abusos que van en desmedro del bien común. Citaré ejemplos concretos: el aseo del Paseo Independencia. Quienes expenden comidas como papas fritas, completos, etc., quienes venden helados, deben hacerse responsables del aseo de sus veredas. Las baldosas de la primera cuadra de Independencia están terriblemente sucias. Las tazas de los árboles se usan como basureros. En la plaza, las bicicletas han reemplazado a las patinetas. Los todavía excesivos perros vagos dejan sus fecas en las veredas céntricas. Son muchos los comerciantes establecidos que se quejan de la invasión que, a rompe y rasga, hacen de las veredas los comerciantes ambulantes. (Justo en Brasil y Sta. María) Como particular, uno se admira de cómo en ciertas veredas se instalan verdaderas “ferias” permanentes (habiendo un Mercado Municipal y habiendo ferias establecidas) y que no exista autoridad alguna que controle la procedencia, calidad e higiene de esos productos. Viví en Ecuador entre los años 62 y 63. Cuando veía vender en las calles de Quito, torrejas de piñas, maíz tostado y otros guisos, yo pensaba con orgullo: En Chile no existe esta cocinería ambulante. ¡Hemos retrocedido! Nuestra ciudad va adquiriendo cada vez más, las facciones de ese Santiago post colonial que nos pintan José Zapiola en sus “Recuerdos de Treinta Años” o Pérez Rosales en sus “Recuerdos del pasado”. Y yo ruego a Dios que no nos suceda eso de limitar con cuatro basurales, como dice D. Vicente Pérez Rosales ocurría en el Santiago de 1814, que limitaba “al sur con el basural de la Cañada, al oriente el basural del recuesto del Santa Lucía y el de San Miguel y San Pablo al occidente”. (Recuerdos del Pasado, Cap. I) Y no es exageración. Circular por los alrededores de lo que fue el Súper-Todo, exige soportar los más nauseabundos olores y ser abordado por seres que parecen extraídos de una novela picaresca. Aplauso merece el esfuerzo que se hizo para pintar los muros del Cementerio Nº 1 (un camposanto muy bello) que ya no soportaban más la irreverente suciedad de los grafiteros, pero ese sector de la Alameda necesita una remodelación. Por allí circulan buses que llevan y traen turistas. La postal que se les ofrece al salir o al llegar no es, para nada, gratificante. Seré majadero. Las plazuelas se suponen que son para crearle pulmones verdes a la ciudad y favorecer a quienes no tienen patio o jardín. Pero ¿cómo subir en silla de ruedas a un inválido si, como ocurre, justo en esa placita de Av. Santa María, el acceso más que una ayuda es una prueba de destreza o un chiste de humor negro? Somos testigos de los esfuerzos que realiza el Municipio para embellecer y mejorar la ciudad. Asumo la responsabilidad de creer que es imposible, absolutamente imposible, que un turista se enamore de Rancagua si tiene que usar cualquiera de los dos horrorosos y caóticos terminales que tenemos. Ellos son la más fiel imagen de lo que significa vivir en el Tercer Mundo. Lleva uno de ellos el nombre del Padre de la Patria. En verdad es un insulto para el héroe, un suplicio para el viajero y una vergüenza para la ciudad. Si quien espera un bus, en los andenes, no tiene espacio para sus valijas ni donde sentarse, no me diga que soy muy exquisito. Eso, más los “voceadores”, los vendedores de tutti quanti y unos baños (en ambos) que dan miedo. Tener la condición de simple hijo de vecino, le da a uno la oportunidad de vivir experiencias, de ver situaciones, de constatar falencias y defectos que el burgués gentilhombre no percibe desde su bien amoblada oficina o desde su regio automóvil último modelo. Aquí no vale la política del “laisser faire”, porque “un abismo llama a otro abismo”. Yo quiero una ciudad amable, esto es, digna de ser amada.

 
Mario Noceti Zerega

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CREO QUE RANCGUA ES UNA CIUDAD FEA, COCHINA PARA LA MAYORIA DE LOS 250.000 HABITANTES, TRANSITAR POR BRASIL , DOBLAR POR SANTA MARIA ES UN TORMENTO POR SU FEALDAD Y POBREZA, QUE ES FOMENTADA POR LAS AUTORIDADES, EL ESTADO DE LAS VEREDAS ES UN PELIGRO PUBLICO PARA LOS VIEJOS DE RANCAGUA, CON DIFICULTADES DE DESPLAZAMIENTO, EL SUB MUNDO EN VARIOS BARRIOS DE RANCAGUA ES UNA OFENSA A LAS PERSONAS, LOS ERRORES DE PLANIFICACION URBANA SON GARRAFALES.
ALGUNOS PUNTOS QUE MERECEN EL REPROCHE DE LOS RANCAGUINOS:
PRIMERO-,.ESTACIONAMIENTO DE VEHICULOS PARA AUTORIDADES ENTRE LA INTENDENCIA Y EL CORE,.-
SEGUNDO.- LAS CASUCHAS DE BRASIL EN LA VEREDA, LAS CASUCHAS EN AMBOS LADOS DE LA CALLE SANTA MARIA., LOS PUESTOS DE VENDEDORES EN SAN MARTIN, ETC, ETC,
TERCERO.- VEREDAS EN EL DAMERO CENTRAL.-
CUARTO.- CAOS VEHICULAR, Y ESCASO RESPETO POR LOS PEATONES ADULTOS MAYORES.
QUINTO.-INCENTIVAR LAS CALLES ESTRECHAS, ES UNA COPIA DE UNA MUY MALA MODA.
SEXTO.- CONSTRUIR EN LOS TECHOS DE LAS VEREDAS, EJEMPLO BUERAS ESQUINA CON LA ALAMEDA ES LO MAS INSENSATO EN OBRAS URBANAS.
SEPTIMO.- LA CONSTUCCION DE EDIFICIOS NO RESPETA A LA GENTE, CONSTRUCCION DEL MALL, EMITIO POLVO EN SUSPENSION EN CANTIDADES PELIGROSAS Y NUNCA FUE FISCALIZADA Y MENOS SANCIONADO, LA GUINDA DE LA TORTA FUE EL CIERRE DE CALLES PARA LEVANTAR EL EDIIFICIO.
LAS AUTORIDADES COMUNALES Y REGIONALES , NO ESCUCHAN A LA GENTE Y ESA ES LA RAZON DE LOS CAPRICHOS QIE AFEAN RANCAGUA, Y DESME´JORAN LA CALIDAD DE VIDA DE LOS RANCAGUINOS. RANCAGUA, NECESITA NUEVAS AUTORIDADES, LOS ERRORES DE PLANIFICACION URBANA SON MUCHIOS.

COPIO Y PEGO: ” es lamentable que tengamos un Rancagua que va tomando aspectos marginales. Definitivamente, se hace necesaria la férula municipal para ordenar el caos en que, por un permisivismo interesado y nefasto, se hace la vista gorda ante abusos que van en desmedro del bien común.”
CONCUERDO PLENAMENTE CON LO QUE DICE EN ESTE PARRAFO COPIADO.
DON MARIO, LO FELICITO POR SER CAPAZ DE TENER UNA OPINION CERTERA DE RANCAGUA, DONDE A ALGUNOS NOS TOCA VIVIR.
COMO UD., PODRA DARSE CUENTA, EL 99% DE LOS RANCAGUINOS, MIRAN EL CIELO Y SE PONEN A SILBAR

AL SEÑOR ALCALDE DE RANCAGUA, LE SOLICITADO EN REITERADAS OCASIONES ME CONCEDA UNA AUDIENCIA PERO COMO ES OCUPADO, HACE UNOS DIAS ATRAS SE ME EXIGIO CUMPLIR CON LA LEY DEL LOBBY, SEGUN ME COMUNICO EL SEÑOR JEFE DE GABINETE.
ESTOY REZANDO PARA QUE EL SEÑOR SOTO SALGA REELEGIDO, A LO MEJOR PODROA CONCEDERKE UNA AUDIENCIA ANTES DE 5 AÑOS, ESTAMOS HABLANDO DEL AÑO 2021.

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