Multitudinario adiós para una eminencia en la medicina

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 Luis Antonio Valenzuela fue director de Fusat y del Hospital Clínico y pionero en la región al realizar los primeros trasplantes renales.

 

 En su despedida se destacó su inteligencia que superó fronteras, pero por sobre todo su carisma y generosidad en su vida y su profesión.

 

 

Gisella Abarca
Héctor Vargas

En una catedral colmada de familiares, amigos, colegas, pacientes y conocidos, ayer fueron despedidos los restos del destacado doctor Luis Antonio Valenzuela Araya, quien falleció la noche de este domingo 27 de marzo.
Querido por todos, con una inigualable calidad humana, respetado por muchos y reconocido por miles, ese era el urólogo Antonio Valenzuela, quien tuvo una trayectoria profesional más que destacada. Con el mérito adicional que la desarrolló en regiones, contribuyendo a elevar el nivel de la medicina de la zona, siendo pionero en la región al realizar los primeros trasplantes renales.
Es por esta vasta trayectoria, por su carisma y su generosidad, que las dependencias de la Catedral fueron repletadas por muchos que quisieron decirle adiós al reconocido médico.
Uno de ellos fue el Obispo Emérito, Miguel Caviedes quien en el instante que se enteró de la muerte de su amigo, se ofreció ante la familia para llevar a cabo los servicios y ayer presidió su funeral “quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro y para mí Antonio fue un gran tesoro. Es difícil cuando llega la muerte, pero nos consuela la promesa de la vida eterna, porque la vida de los que en Dios creemos, no se termina, se transforma. La muerte es una etapa de la vida en que el alma se separa del cuerpo. Estamos orando por el alma del este cuerpo, la que es inmortal”, dijo en su homilía.
Nacido en Pichidegua hace 70 años, recibió de su pueblo el merecido reconocimiento cuando en junio de 1992 el municipio lo declaró su Hijo Ilustre. Es que este médico tenía ahí sus raíces, sus recuerdos de infancia siguiendo unido hasta sus últimos días a su tierra natal, donde desarrolló su afición por los caballos de adiestramiento.
Hijo del agricultor Antonio Valenzuela y de la destacada profesora Luisa Araya, Antonio llevó a la ciudad la calidez humana y generosidad de sus padres, características que en la juventud conquistaron a a Irma Román González con quien se casó y tuvo tres hijos: Luis Antonio, Paula Antonia y María Luisa, con quienes día a día disfrutaba de la vida a concho.
En la despedida de su padre, esta última sostuvo “desde chica te vi como un hombre importante, inteligente, eras el regalón de todos, amante de la ciencia y de ayudar a otros, eras como un héroe. Las personas te querían y te respetaban mucho, que orgullo ser la hija de Antonio Valenzuela. Siempre rodeado de amigos, ricos, pobres, médicos, huasos, curas y todos los trabajadores de tu querida Fusat. Siempre rodeado de amor en entretenidas celebraciones con ricas comidas y vino tinto en la mesa. Luego crecí y te conocí como amigo. Nunca supe si me gustaba andar a caballo o las tardes que íbamos al cerro a pasear. Hoy se que más que los caballos, amaba estar contigo. Fuiste el mejor papá de mundo”.
Así también el director Médico Hospital Clínico Fusat, Dr. Fernando Millard tuvo palabras de despedida para el doctor Valenzuela “Sin duda tenía la humildad que caracteriza a los hombres brillantes. Me atrevo a decir que ha sido el médico más querido de nuestro Hospital: cercano, ameno, buen conversador, dueño de un gran sentido del humor. Todos supimos de su amor por el campo, de su natal Pichidegua, y de la verdadera pasión que sentía por los caballos. Sabíamos que era un esposo dedicado, un padre cariñoso y un abuelo más que chocho, porque cada tanto nos divertía y deleitaba con sus innumerables anécdotas familiares. Hoy lo vemos partir, tristes, acongojados pero agradecidos de haber sido testigos de su despliegue como médico, como líder, como amigo; agradecidos por haber compartido con un hombre que poseía un carisma tremendo, un gozador de la vida que dejó un poco de sí en cada uno de nosotros”.
Al facultativo, hace unos años le habían diagnosticado diabetes, por lo que debió dejar la buena mesa y empezar a cuidarse con dietas y ejercicios. No obstante, fue un accidente casero quien le arrebató la vida. Sus restos ahora descansan en el Parque Jardín Las Flores de Machalí.

 
PIONERO EN TRASPLANTES
En noviembre de 1987, el médico hizo noticia a nivel regional y nacional, pues efectuó con éxito el primer trasplante de riñón en O’Higgins, específicamente en el Hospital Clínico Fusat. Inició un programa de trasplante renal que posicionó al Hospital Clínico como el segundo en Chile en cantidad de trasplantes realizados. Anterior a eso trabajó en el Hospital de Sewell como médico urólogo.
En marzo de 2014 y tras 41 años de labor en la Fusat –donde llegó a ser director del Hospital Clínico (1992 -1993), director ejecutivo de la Fundación (1995-2002), así como Jefe de Servicio de Urología Fusat- decidió retirarse de esa entidad.
Creó y dirigió la revista médica “Vida & Salud” durante ocho años, y en el 2014 realizó un semi retiro, pues siguió atendiendo pacientes en la consulta privada y operando algunos días en Fusat.
Fue miembro del directorio de la Sociedad Chilena de Urología durante 16 años, y llegó a ser presidente en 2004 y 2005, por este motivo recibió el amplio reconocimiento de los urólogos a nivel nacional. Pertenecía a la Sociedad Chilena de Trasplante, además integró diversas entidades médicas y científicas; entre ellas, fue miembro titular del American Urological Association, miembro activo de la Sociedad Intgernacionale D`Ùrologic, socio titular de la Confederación Americana de Urología, miembro titular de la Confederación Argentina de Urología y de la Sociedad de Cirujanos de la VI Región, Profesor de urología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago y Director del Programa de formación de especialistas en Urología de la misma casa de estudios desde 1997 y contribuyó a la formación de diversos especialistas en la región.
Realizó capacitaciones en la Fundación Puigbert de Barcelona, Hospital Das Clinics de Sao Paulo, Pasantía Belwius en Hospital New York y en la Clínica Mayo.
Entre las numerosas distinciones que recibió en vida, destacó un Diploma de Honor otorgado por la Municipalidad de Rancagua por sus aportes a la Medicina al realizar el Primer Trasplante Renal en la VI Región en 1987. En 1992 fue nombrado Hijo Ilustre de la Municipalidad de su querida Pichidegua.
Así, a punta de esfuerzo y estudio, el doctor Valenzuela ganó un justificado prestigio, que se tradujo en innumerables muestras de agradecimientos.

 

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