Casimiro Marcó del Pont murió solo y desterrado

En diversas series televisivas, apareció la amanerada figura del tristemente célebre Gobernador español de Chile Casimiro Marcó del Pont, durante el período de la llamada Reconquista Española, iniciada tras la sangrienta Batalla de Rancagua.

Primero fue Gobernador el general vencedor Mariano Osorio, hasta que llegó desde España el militar designado por el Rey y que trató de formar en Santiago una imitación de la Corte Real. Varias personas me han preguntado cuál fue el destino de Marcó en la restaurada República de Chile después de las batallas de Chacabuco y Maipú.
En realidad ese destino es poco conocido y apenas se le menciona en las historias. Recordemos primero que la llegada del nuevo Gobernador a Santiago fue espectacular. Venía rodeado por una numerosa comitiva, servidores y criados, y traía varios carruajes cargados con decenas de maletas, baúles y otros bultos.
Desde un comienzo ordenó que en todos los decretos, órdenes y documentos se expresar su nombre completo, con sus títulos, que era: “Don Francisco Casimiro Marcó del Pont, Ángel, Díaz y Méndez, caballero de la Orden de Santiago, de la Real y militar de San Hermenegildo, de la Flor de Lis, maestrante de la Real de Ronda, Benemérito de la Patria en grado heroico y eminente, Mariscal de Campo de los Reales ejércitos, Superior Gobernador, Capitán General, Presidente de la Real Audiencia, Superintendente, subdelegado de la Real Hacienda y del de correos, postas y estafetas y Vicepatrono Real de este Reino de Chile”.
Vivió rodeado de lujos y respaldando las atrocidades que se cometían en contra de los patriotas, especialmente a través del Batallón de Talaveras, cuyo jefe era el siniestro capitán San Bruno.
Después del triunfo de Chacabuco, y antes de que las tropas libertadoras entraran a Santiago, huyó de la capital disfrazado de campesino, con un grupo de sus leales. Pero fue sorprendido y capturado en la hacienda de “Las Tablas”, cerca de San Antonio. Se le retuvo algunos días en Valparaíso y después lo trasladaron a Santiago. Se le envió desterrado a Mendoza y más tarde a una hacienda cerca de la ciudad de San Luis, en Argentina. Finalmente fue autorizado para trasladarse a Luján, cerca de Buenos Aires. Allí murió, en un día como hoy, el 11 de mayo de 1821, solo y olvidado, cuatro años después de haber perdido el Reino de Chile.

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