El inquieto mes de julio de 1920: con la sombra de nueva guerra

Especial connotación tuvo el mes de julio para Chile, en el año 1920. La sombra de una nueva guerra que podría desatarse con nuestros vecinos del norte, mantuvo durante semanas la inquietud en la población.
Todo comenzó con la noticia de una revolución que derrocó en Bolivia al Presidente Gutiérrez. En algunos círculos se interpretó como instigada por el Perú, para que su aliado boliviano reviviera la presión sobre Chile para la “devolución” de Antofagasta.
El rumor pareció tener base cuando el Gobierno de Chile, del Presidente Juan Luis Sanfuentes, por intermedio del Ministro de Guerra Ladislao Errázuriz Lazcano, llamó a los reservistas de los años 1915 a 1919 y envió rápidamente tropas a la frontera norte del país.
Una “manifestación patriótica” en Santiago culminó con el asalto a la sede de la Federación de Estudiantes, destruyendo todas sus pertenencias, basando su acción en “declaraciones antipatrióticas” de los estudiantes que criticaban al Gobierno. En la noche de ese mismo día, un anónimo asesino mató de un balazo al estudiante Julio Covarrubias Freire, que portando una bandera chilena, encabezaba en la Plaza de Armas la manifestación estudiantil.
Entretanto, en Bolivia, dirigentes del partido Republicano, cabeza de la revolución, declaraba que “sería cambiado por completo el rumbo de la política sudamericana”, lo que en Chile se interpretó como una nueva amenaza. El ministro Errázuriz justificó ante el Congreso las acciones del Gobierno y declaró que no había motivo de alarma.
Sin embargo, en otros países también se consideró que la revolución en Bolivia había sido celebra por el Perú. Pero el nuevo Gobierno boliviano declaró ante el cuerpo diplomático. que sus propósito s son los de “no romper sus buenas relaciones con los países vecinos “ y que “no tenía intenciones hostiles para nadie”.
Finalmente, todo se fue normalizando y la movilización de jóvenes reservistas de Rancagua y todo el país se dio por terminada. Después el asunto sirvió hasta para humoradas, calificándose a la movilización de tropas chilenas, como “la guerra de don Ladislao”.

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