Fiesta del Piure en Navidad

Por: Pablo Lacoste

Pablo.lacoste@usach.cl

Profesor Universidad de Santiago – Director proyecto FIC “Rutas de la Patria Nueva”

Las fotos son de Alexandra Kann

 

La tradicional Fiesta del Piure celebró su VIII edición este fin de semana en la comuna de Navidad, en el ángulo noroeste de la Región de O’Higgins, donde el rio Rapel desemboca en el Pacífico.

Como ya es tradicional, la fiesta tuvo dos escenarios simultáneos: la playa y la villa.

En la playa de La Boca, los buzos sacaban los piures del mar. Los hermanos Ricardo y Juan Meléndez, con sus trajes de neopreno, snorkel y patas de rana, eran la atracción de los turistas, al sacar del agua las cepas de piure. Los turistas los compraban para asarlos a las brasas, junto con longanizas de San Carlos, cordero de secano y otras carnes. Juan Ramírez, trabajador en la minería de Iquique, junto a Pamela, estilista de San Antonio, vinieron por el fin de semana para la fiesta; ellos prefieren cocinar los piures al disco, con carne de conejo y cerdo. Paralelamente, Juan Vargas Valenzuela y sus amigos llegaron de Santiago con sus instrumentos musicales para animar la reunión entre las olas del mar, las rocas, y los imponentes acantilados; había entre ellos un gásfiter, un albañil y otros oficios. Más allá se podía ver otro asado familiar, al mando de Manuel Campos, constructor de La Boca, que viene todos los años a celebrar esta fiesta; en el grupo estaban los niños, la abuela y los jóvenes, entre ellos, Pamela Machuca, instrumentista dental, apasionada de las costumbres locales.  La fiesta de la playa culminaba en la noche, con grandes fogones, alrededor de los cuales se apiñaban los jóvenes para conversar, cantar y bailar, en un ambiente entrañable. Todo era improvisación y espontaneidad en la playa.

La celebración institucional avanzaba, paralelamente, en la villa. La sede era el gimnasio municipal, cedido por hoy al Club de Cueca de La Boca para esta fiesta, que este año cumplió su VIII edición.  En la entrada al predio se podían ver los puestos de productos típicos: tejidos y sombreros de Jipijapa de Ecuador; longanizas de San Carlos; dulces de Talagante, entre otros productos. A un costado estaban los asadores, encargados de hacer los piures a las brasas, junto con otros pescados y mariscos, principalmente Lisa a la lata (la Lisa, conocida también como “salmón blanco”) es el pescado típico de la boca del Rapel, junto al Róbalo. Los organizadores tuvieron mucho tiempo para preparar estos asados; no obstante ello, al comenzar la tarde ya se había agotado todo el stock. Éxito rotundo.

 Dentro del salón estaban las mesas, la pista de baile y el escenario para las bandas y los artistas. Se destacó, por ejemplo, la actuación de Javier “Charro” Fernández, artista de la comuna de La Estrella, que interpretó canciones mexicanas con tenida típica de ese país; heredero de una familia amante de este tipo de música, Javier logró cautivar con su armoniosa voz a los presentes. En la noche, las luces se focalizaron en El Registro, emergente banda local, que animó la fiesta hasta horas de la madrugada. Particular emoción se generó al interpretar el tema “El Marinero”, dedicado a los pescadores artesanales, que diariamente arriesgan su vida para proveernos de los frutos del mar.

El piure especial de Navidad

Por su dulzor y suavidad, el piure de Navidad es considerado el mejor de Chile. Algunos consideran que puede ser reivindicado como Indicación Geográfica (IG), igual que el limón de Pica, el atún de Isla de Pascua, la langosta de Juan Fernández y el cordero magallánico.

Mientras que en el norte de Chile el piure es muy ácido y fuerte, en Navidad, el piure es mucho más dulce, suave y amigable. Según los lugareños, ello se debe al agua dulce del río Rapel que, al desembocar en el mar, genera condiciones especiales para el desarrollo del piure. Destaca hacia el norte, no hay en Chile ningún río tan caudaloso como el Rapel, con lo cual, no se genera un efecto de esta magnitud para beneficiar el sabor del piure. Otros destacan también el efecto de la lluvia: los días de lluvia, el agua que cae sobre el borde costero, arrastra material hacia el mar y genera turbiedad; los pescadores artesanales asocian esa turbiedad con el mayor dulzor del piure.

A ello se suman las características del borde costero de la región de O’Higgins, particularmente limpio por ausencia de tres elementos: puertos, muelles y efluentes submarinos.  En otras regiones de Chile, sobre todo en el Norte Grande, Coquimbo, Valparaiso y San Antonio, existen grandes puertos y movimiento naviero; además, el auge de los asentamientos turísticos ha generado deshechos cloacales; todo ello ha generado mayores ingresos económicos en esas regiones, pero al costo de contaminar el borde costero y afectar la calidad de los recursos marinos En cambio en la región de O’Higgins esto no ha ocurrido. Se ha generado menos nivel de actividad económica, pero a la vez, se ha preservado mejor el medio ambiente, particularmente en el mar. De allí la alta calidad de los frutos de mar, sobre todo las algas, mariscos y pescados.

La contrapartida es que la pesca artesanal es mucho más peligrosa. Al no existir puertos ni muelles, los pescadores artesanales deben atravesar la línea de rompiente en sus frágiles botes. Ello implica alto riesgo, que cada tanto, cuesta la vida a los pescadores. Esta realidad está grabada a fuego en la población local, particularmente entre los concurrentes a la fiesta del piure. Consultado sobre los motivos de la calidad de este marisco en Navidad, el asador Manuel Campos aludió a “lo perverso: aquí el mar es más bravo, más violento; por eso es mejor el marisco”.

La fiesta del piure y sus orígenes ancestrales

Esta celebración nació como fiesta gastronómica y musical, y como feria de intercambio de productos típicos. En el siglo XIX, los campesinos del secano llegaban en carretas, caballos y burros a la playa con sus aguardientes y enguindados artesanales; chichas, vinos y chacolíes; corderos y vacunos. También llegaba sal de Cahuil, tejidos de lana, cuchillos y artesanías en cuero, para intercambiar por pescados,  mariscos y algas que extraían los pescadores artesanales de Navidad. Se hacían asados junto al mar, animados con música de guitarras y arpas. El testimonio de Emilio del Pino, uno de los organizadores de la fiesta, es elocuente:

“La gente venía en carreta, a caballo, en mulas y burros. Traían productos que aquí no había, para realizar trueque: carne de cordero, vino, chicha, aguardiente; también llegaban los del sur con Sal de Cahuil para cambiar por pescado. El trueque de productos típicos era uno de los motores de la fiesta. Se hacían los asados en la playa, con los mariscos y pescados locales, junto con carnes de cordero del secano. La música estaba presente: guitarras y arpas; también se usabas instrumentos de percusión con el material disponible. Se iluminaban con faroles – No había luz eléctrica ni agua corriente – La fiesta era muy rústica”.

Había una base de intercambio económico que sustentaba la fiesta del piure; esta funcionaba como una especie de feria, un espacio de encuentro en la cual convergían los campesinos y pescadores artesanales; estos ofrecían sus algas (sobre todo cochayuyo), pescados (lisa, róbalo, corvina, pejerrey, sierra) y mariscos (piure, choro, loco y jaiba); a cambio recibían carne de cordero y vacuno; enguindados y aguardientes artesanales; vinos, chichas y chacolíes; tejidos de lana y artesanías en cuero; cuchillería y sombreros; también recibían sal de Cahuil, indispensable para que el pescado local pudiera llegar a Santiago tras dos días a caballo

La fiesta del piure tenía también características de festival gastronómico; espontáneamente, la alianza de campesinos de secano y pescadores artesanales de Navidad generó las condiciones para degustar sabores variados, y celebrar el arte de vivir.

La fecha del 15 de agosto para celebrar la fiesta del piure tiene una explicación natural: por lo general, para esos días, las mareas son más bajas, y resulta más fácil extraer los piures. Asímismo, la festividad religiosa de la Asunción de la Virgen, contribuyó a popularizar la convocatoria en sus primeros tiempos. El calendario servía como referente: tanto los campesinos del secano como los pescadores artesanales sabían que esa era la fecha de la celebración y el encuentro en las playas de La Boca del Rapel.

La fiesta de la Asunción no es importante en Navidad; como todo pueblo de pescadores artesanales, la celebración religiosa mayor es la fiesta de San Pedro, patrono de los pescadores; no obstante, la marea baja y la abundancia de marisco fueron los motivos para establecer el 15 de agosto como fiesta del Piure; y el Día del Transito sirvió como referente para facilitar la comunicación entre los campesinos. Esta fecha también ha operado como eje articulador de la vida social de invierno en localidades aisladas de otros lugares de América Latina. Un buen ejemplo es la Fiesta de la Asunción en Lavalle Mendoza, que cada año convoca 28.000 personas en medio del desierto.

 En las colonias españolas, muchas veces el mercado surgía alrededor de una iglesia o capilla, particularmente en torno a las fiestas patronales, que lograban atraer campesinos, arrieros, pastores, labradores y pescadores artesanales de lugares muy distantes. Surgían así espacios de encuentro social y de intercambio comercial; esas fechas eran aprovechadas también para celebrar bautizos y matrimonios para aprovechar el desplazamiento de familiares y amigos que vivían en zonas alejadas.

La tradición de la fiesta del piure se remonta, al menos, al siglo XIX. Los vecinos de Navidad coinciden en recordar relatos de sus abuelos, quienes recordaban con cariño y nostalgia aquellas fiestas en las cuales llegaban las carretas de los campesinos a celebrar con los pescadores en las playas de La Boca del Rapel.

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