Mejores pensiones:  la reforma olvidada.

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Para un observador casual o superficial de la realidad socio política de nuestro país la irrupción del tema de las pensiones podría parecer sorpresivo, pero lo cierto es que hace bastante tiempo se viene incubando un genuino malestar con las bajas pensiones que muchos de los chilenos reciben. Y es que la realidad teórica del modelo de 30 años de trabajo continuo, sin lagunas previsionales, dista mucho de la realidad de nuestro mercado laboral al mismo tiempo que año a año se informan de millonarias utilidades de la industria, por algo antes incluso de las masivas marchas que hemos observado en estos días el gobierno había formado una comisión especial para que propusiera reformas en este ámbito, propuestas que lamentablemente no se han convertido en proyectos de ley. Pero también es cierto que el malestar que hoy se observa en las calles tiene un gran detonante, las millonarias jubilaciones de gendarmería.

Pero más allá del especifico caso que hace explotar este soterrado malestar, las posibles soluciones al actual estado de cosas  son todas discutibles, solo basta observar  la gran  diversidad de fórmulas planteadas por distintos actores, pero también se debe reconocer que –tal vez forzado un poco por la calle y las encuentas- al menos en este último tiempo se ha mostrado cierta voluntad del Gobierno de avanzar en la definición de un proyecto de ley de reforma que considere en su confección la opinión de todos los partidos políticos con representación parlamentaria, así como de expertos y actores de la industria.

Lo anterior da cuenta de un aprendizaje de parte del Gobierno respecto de la necesidad de dialogar antes de realizar transformaciones estructurales, a diferencia de lo que ha ocurrido con otros proyectos presentados por la actual administración. En ese sentido, se valora el llamado hecho por la Presidenta Michelle Bachelet a lograr un pacto nacional para concretar los cambios que requiere el sistema. Lamentablemente, en el debate han  reinado posturas extremas que en nada contribuyen a acercar posiciones, en este sentido conviene recordar el trabajo desarrollado por la comisión asesora presidencial sobre el sistema de pensiones, la llamada Comisión Bravo, que sin llegar a acuerdo sobre un modelo a implementar, sí entregó 58 propuestas de reforma al actual sistema, como el aumento de las cotizaciones y la extensión de la vida laboral.

De ahí radica la importancia de lograr un acuerdo nacional que realmente sirva para  mejorar las pensiones no tan solo de quienes hoy cotizan sino  principalmente aquellas pensiones que hoy son inferiores al sueldo mínimo; al menos la introducción de cambios que equiparen las ganancias de las AFP con la rentabilidad de los fondos y que aumenten la competencia; y el fortalecimiento del carácter solidario, con la participación de los tres actores clave: los trabajadores, los empleadores y el Estado.

Esto requerirá de un esfuerzo de todos, lo que significará para las empresas y para el Estado un mayor aporte, pero para los trabajadores se traducirá probablemente en un aumento de la edad de jubilación.  Pero también es necesario encontrar el justo equilibrio, ya que un importante aumento del aporte que debiesen hacer los empleadores podría significar un aumento del desempleo, no en las grandes empresas, sino entre los pequeños empleadores que no necesariamente podrán afrontar un alza en sus costos.

Probablemente, las medidas que se plantean no sean suficientes y es de esperar que en el camino surjan propuestas innovadoras que permitan proyectar mejores pensiones, pero que sean sostenibles en el tiempo.

 

 

Luis Fernando González V

Sub Director

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