EDITORIAL: La fiesta de Santa Rosa de Pelequén

 

Como ocurre desde hace largos años, en cada 30 de agosto se renueva la tradición de venerar a Santa Rosa de Lima en el Santuario que se levanta en Pelequén, en la Región de O’Higgins. Incontables peregrinos, que van aumentando en número cada año y que se calculan ahora en unos 300 mil, comienzan a llegar uno o dos días antes o días después, manteniendo viva la fe en la Santa peruana, representada en la figura religiosa colocada en el altar mayor y que es sacada en andas en las procesiones.
Es impresionante la fe que demuestran los peregrinos, algunos de los cuales llegan en forma muy sacrificada hasta el templo, cumpliendo mandas o simplemente orando.
El terremoto de 1983 primero, dejó prácticamente destruido el templo, que fue restaurado. Pero el terremoto más reciente, del 27 de febrero del 2010, le causó nuevos grandes daños que felizmente también pudieron ser reparados.
El Santuario de Santa Rosa, en Lima, es una casa colonial que fue el Convento donde vivió y murió Isabelita Flores, la niña que dio ejemplos de santidad, nacida en 1586 y fallecida en 1617 a los 31 años de edad. Dicho lugar actualmente es un centro de peregrinación constante de los devotos de diferentes países que la consideran como Santa Patrona de América.
La señora madre de Isabel se ocupó especialmente de que tuviera una buena educación. Con maestros escogidos aprendió canto y a tocar instrumentos como arpa, cítara y vihuela. Pero Rosita ocupaba la mayor parte de su tiempo en oraciones y voluntarios sacrificios. Como alababan su hermosa cabellera, se la cortó totalmente y cubrió su cabeza con un velo. En 1610 ingresó a la Orden Dominicana.
Años después de su fallecimiento, el 12 de febrero de 1668, el Papa Clemente XI procedió a su beatificación y su sucesor, el Papa Clemente X, en 1671, su canonización, reconociendo así la Iglesia Católica su condición de Santa.
Según la leyenda, después de la guerra con la Confederación Perú Boliviana, un oficial chileno viajaba a su hogar, cerca de Nancagua, junto a un “cholito” de Perú, para el servicio doméstico. En el camino quedaron empantanados en el caserío llamado Pelequén.
Recibieron el auxilio de una lugareña, doña María Terán, quien albergó el peruano que tenía fiebre tifoidea. Ante los requerimientos de la dueña de casa, el peruano descubrió el tesoro que guardaba en un arcón de madera: la milagrosa imagen de Santa Rosa de Lima, su coterránea. A ella pidieron ambos por la salud del enfermo, quien al día siguiente amaneció totalmente recuperado.

La noticia corrió entre los vecinos, que de inmediato vinieron a conocer la imagen, a quien imploraron diversos favores. Recuperado, el peruano dejó su imagen querida, a la que le hicieron una gruta donde acudieron más personas a pedir favores y a pagar mandas.
Las autoridades eclesiásticas decidieron que la imagen se instalara en la sede parroquial de Malloa. Sin embargo, según cuenta la tradición, más se demoraban en trasladar la imagen a Malloa, que en aparecer ésta de vuelta en Pelequén, lo que llevó a las autoridades de la época a establecer esta localidad como lugar de veneración a Santa Rosa de Lima.
Así una vez más este sábado los fieles llegaran a pagar mandas, o a pedir favores por intermedio de esta santa. En una época que se habla de cualquier cosa menos del espíritu y donde Dios parece no tener cabida, cientos de miles de personas llegaran a decir presente.
Eso sí, la eterna discusión entre fe y el comercio asociado a estas festividades, con plebiscito comunal incluido, aún no ha sido resuelta.

 

 

Luis Fernando González
Sub Director

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