Rancagua: Picada “El 40” se cambia de casa

  • El cincuentenario restauran de comida tradicional deja sus dependencias de Cáceres, para instalarse en Manuel Antonio Matta N°241.

 Marcela Catalán

 

Todo comenzó con un almacén en Cáceres, con vino escondido en teteras y chuicos resguardados celosamente en el entretecho. Pero el negocio se expandió a tal punto que sus dueños decidieron arrendar una propiedad justo al lado, originando lo que hoy los rancagüinos conocen como “El 40”. Un cincuentenario restaurant de comida tradicional a bajos precios y uno de los últimos bastiones de la rayuela en la ciudad.

Con un concepto ahora más ligado a un público familiar, en un renovado espacio y manteniendo los platos típicos a bajos precios, desde hace unos días que el local funciona en Manuel Antonio Matta N°241. Y es que su fundadora Berta González decidió emprender su retiro y traspasar la administración a su sobrina Alejandra.

“He luchado toda mi vida, pero le saqué provecho trabajando hasta la 1 ó 2 de la mañana. Cuando no me compraba una propiedad, era porque me iba mal, perdía o no hacía la escritura a tiempo. Fue un negocio muy bueno”, recuerda la mujer que sentó las raíces de la historia del recinto. “Ya no soy capaz de trabajar, por edad y por las mismas enfermedades que tengo a mis 86 años”, agrega sobre sus razones para dejar el mando del comedor.

Antes de que el recinto se convirtiera en un restaurant como tal y consiguiera los permisos para funcionar así, el espacio debió sortear algunos escollos. “Había una señora envidiosa que pasaba echándome la comisión. Un día me  tiraron tres partes, de higiene ambiental, sanidad y Carabineros”, sostiene la matriarca. Sin embargo, las mismas autoridades la exhortaron a virar de rubro.

“¿Sabe cómo la vamos a premiar? Tendrá una patente de restauran. Los mismos inspectores de seguridad hicieron los contactos con Carabineros, porque instalar uno cuesta mucho. ¡Viera cuando inauguramos! Había tenientes, capitanes, harta gente importante”, recuerda la creadora del lugar.

“Allí han llegado personas muy relevantes”, asegura Berta. El otrora concejal, intendente, gobernador por Cachapoal y diputado Ricardo Tudela Barraza, es uno de los personajes que ella destaca. Es más: él habría  inspirado el nombre del local, pues en ese tiempo el odontólogo iba a elecciones y, dentro de la lista, le habían asignado el número 40. “Él me ayudó a armar la cancha de rayuela. No jugaba, pero cuando se inició, tiró los primeros tejos. Le gustaba ir a comer arrollado y le llevaba a su esposa Inés”, revela. De esta forma, descarta que el espacio deba su nombre al puntaje máximo a obtener en este deporte.

Se trata de una historia que la fundadora del local mantiene viva en su memoria y a la que echará mano ahora, que tendrá más tiempo de descansar. Esto, pese a que ya extraña laborar en el recinto. “¡Cómo no voy a echar de menos! Conversar con los viejitos, trabajar… Pero la enfermedad me trajo acá, así es la vida”.

Alejandra González se encargará de dar continuidad a “El 40”, el que conservará su nombre, agregando al principio ‘La Picada’, “por tradición de mi tía”, sostiene.

“Seguirá siendo una picada para que todos vayan a comer chunchules” y así no perder a esos clientes que antaño arribaban desde Santiago para comprar las prietas de Berta. “Ahora estaremos en un espacio más amplio, con terraza para que, quienes quieran, celebren ahí sus cumpleaños y diferentes eventos. También habrá un bar. Es decir, será más acogedor que el lugar anterior, al funcionar en una estructura más nueva”. Allí arrendaron por más de cinco décadas, mientras que hoy cuentan con un inmueble propio.

Una novedad es que ya no habrá más rayuela. “Se ha perdido, la gente ya no la practica tanto. La juventud menos y los mayores no, porque están más viejitos y enfermos. Por eso queremos enfocarnos en la familia, manteniendo los platos típicos y los precios”, remata Alejandra.

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