Corderos y regionalización

Parece pertenecer a otra realidad la actual discusión sobre el proceso de regionalización que se avecina. Digo otra realidad, porque el énfasis, de derechas, izquierdas y centro, está en el porcentaje que permitiría la elección del Intendente o cómo se le vaya a llamar en el futuro. Que si un 50% más uno, que si un 40%, que si sólo mayoría relativa. Reitero, otra realidad, porque de acuerdo a la última CEP, a menos de 60 días de las elecciones municipales, sólo el 26% de los entrevistados se mostró dispuesto a participar de dichos comicios; sólo uno de cada cuatro chilenos o chilenas iría a votar en octubre próximo.

Sin embargo, ser y hacer región es mucho, pero mucho más que elegir al Intendente; desde ya está el conjunto de atribuciones y funciones que éste y sus equipos tendrán, el presupuesto con que contarán, la relación de lo local con el todopoderoso poder central del centro cívico de Santiago, la relación de la capital local con sus capitales provinciales, el papel del actual CORE. En fin, muchos son los componentes administrativos-políticos pendientes y que dicen relación directa con un gobierno regional/local.
Sin perjuicio de lo anterior, ser y hacer región comienza por que sus habitantes se sientan orgullosos de pertenecer a un determinado territorio; con su historia particular, con sus costumbres, tradiciones, ritos, sueños, triunfos y en nuestro caso particular, también desastres. Entonces, cómo hacemos región si no hemos sido capaces de tener un relato, una historia que contar, pero más que eso, una historia de la cual apropiarnos. Es cierto, nuestros hijos aprenden en el cole que la región se divide en tres provincias y más de 30 comunas. Que somos cerca de un millón de personas, que tenemos la mina subterránea de cobre más grande del mundo, que el pueblo de Sewell forma parte del Patrimonio de la Humanidad pero que sin embargo, difícilmente podrán conocer; no a lo menos como estudiantes, salvo claro está, que paguen. Cuántos de los rancagüinos sabemos, por ejemplo, de dónde proviene el nombre de nuestra histórica ciudad o conocen a los loros tricahues, endémicos de nuestro país y habitantes de los farellones cordilleranos.
Tenemos un equipo de fútbol en primera y otros dos –ahora-, en segunda. Rancagua por fin cuenta con infraestructura cultural y deportiva de nivel, pero qué de San Fernando, Santa Cruz, Pichilemu por mencionar algunas de las ciudades más pobladas. Tenemos nuestra fiesta huasa y el vino ha hecho florecer plazas y parques de ciudades y pueblos de la región durante la época de vendimia. Tenemos también, las fiestas costumbristas de primavera verano, que dan cuenta de nuestras ganas de ser alegres a pesar de AFP, ISAPRES y todas las cuentas de fin de mes, que con suerte logramos pagar.
Tenemos la hermosa cerámica de Pañul, tejedoras de La Candelaria. De Doñihue; los chamantos, el agua ardiente y el chacolí. Trashumantes de San Fernando y Chépica, que llevan una vida “sin escalas” con sus ovejas. Entre tanta cosa bella, tenemos también, productores del mejor cordero del país; el Cordero del Secano, ese territorio de nuestra región que basa su agricultura y ganadería en las lluvias y que podríamos señalar para que los ciudadanos de a pie lo reconozcan, como aquel que parte o se inicia de Peralillo o Lolol hacia la costa; ese que en esta temporada es verde y amarillo en verano. Que en octubre y noviembre, es multicolor por las flores silvestres que aparecen a ras de suelo y donde los espinos explotan en estrellas amarillas suspendidas entre sus ramas.
Este es el Secano de nuestra región, que involucra prácticamente a toda la Provincia de Cardenal Caro y una parte de Colchagua. Ahí se produce el cordero que muchos llaman “el cabeza negra o costino” y que esperamos hacerlo conocido, respetado y honrado por quienes vivimos aquí, en O’Higgins y luego fuera de la región. Un cordero que es alimentado de manera natural. Que a los 4-5 meses alcanza su peso ideal y que luego pasa a formar parte de la carta de los restoranes más refinados de Santiago y la región. A ese cordero y a quienes lo producen, esperamos relevar de forma tal que vayamos construyendo región, también a partir de nuestra gastronomía y de nuestra historia agraria. Salud entonces, por lo que nos viene por delante, que cordero tenemos para rato.

 
Pepe Acosta Contreras
Director Proyecto FIC Ovino Universidad de Chile

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