EDITORIAL: El desfile se volcó a las calles

 

Ayer se realizó el desfile del 2 de octubre, pero ya no en el Estadio El Teniente; sino que esta tradición rancagüina volvió a las calles, transformando a las avenidas y sus calles aledañas en una verdadera fiesta ciudadana.
Fueron cerca de tres mil las personas que marcharon en esta fiesta, y otras tantas miles, que llegaron a observar el evento, de pie, sentado, no importaba, la fiesta por la conmemoración de Batalla de Rancagua ya había comenzado.
Ya temprano se mantenía engalanada la Avenida España, así como parte de Avenida Kennedy y República de Chile, vía que albergó la tribuna oficial. También se hacía lo propio en calles aledañas y pasajes que fueron parte de esta gran ceremonia cívico militar.
Así, pasadas las 15:00 horas comenzó el desfile por los 202 años de la Batalla de Rancagua, evento que reunió en la vía pública a miles de personas, entre ellos alumnos de 53 colegios y 19 instituciones, más los uniformados de las escuelas de Aviación, Naval, Carabineros, Militar; además de un masivo esquinazo por parte de Extecu.
Nadie quiso estar ausente de este gran homenaje a los soldados que perdieron la vida acompañando al Libertador Bernardo O’Higgins durante unos de los enfrentamientos más duros del proceso para lograr la Independencia de Chile.
Como dije anteriormente, por mucho tiempo el desfile se realizó en el Estadio El Teniente; no obstante este año, las autoridades escuchando a la comunidad decidieron volcar este acto nuevamente a las calles de la ciudad. Aquí, se otorgó la posibilidad de que las siete Compañías de Bomberos marcharan con sus máquinas de especialidad y tres carros reliquias de las décadas del ’40 y ’60, con voluntarios vistiendo a la usanza de la época. Lo propio pudieron hacer los huasos, que volvieron a desfilar con sus caballos.
Con todo, esta tradicional fiesta rancagüina debe mantenerse, cuidarse y ampliarse, especialmente pensando en la Batalla que marcó a fuego el devenir histórico de Rancagua, mostrar a las nuevas generaciones que lo que recordamos no es la derrota militar sufrida por los patriotas en Rancagua; sino la capacidad de un pueblo, de una ciudad y de un país de luchar hasta el final, ponerse de pie y renacer de sus cenizas.

 
Gisella Abarca
Editora

 

 

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