El primero de su tipo en la región: Centro de Extensionismo Tecnológico Agroindustrial propone soluciones caso a caso

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  • Destinado a acercar la innovación a las procesadoras de frutas y hortalizas, la iniciativa trabaja, en fase piloto, con 50 empresas. Sus oficinas se ubican en Rancagua.
 Marcela Catalán

 

Con el objetivo de acercar la tecnología, innovación y buenas prácticas a las pymes y otras empresas procesadoras de frutas y hortalizas entre Valparaíso y Biobío, es que hace tres años comenzó a gestarse,  el primer Centro de Extensionismo Tecnológico Agroindustrial de la Región de O’Higgins. Se trata de una iniciativa que busca fortalecer estos negocios, siendo liderada por Fedefruta, cofinanciada por la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), desarrollada en colaboración con Chilealimentos, UC Davis Chile, Fundación Chile y Gesproinnova.

Su orientación propone explorar los problemas u oportunidades existentes en los procesos productivos, prospectando soluciones para luego sugerir un plan individual de trabajo con cada empresa, en forma consensuada y priorizada con la misma. De ahí que Innóvate quisiera conocer más sobre esta experiencia. Aquello, mediante una entrevista con Judith Mendoza, profesional extensionista, del centro.

En sus palabras, éste nace como una idea de Corfo para “generar un modelo diferente, que pudiera llevar conocimiento y tecnología a las empresas para mejorar su competitividad”. Por eso es que se propusieron cumplir su cometido de un modo diferente a lo hecho hasta ese entonces. El análisis era que primaran actividades más pensadas en lo colectivo, mediante la realización de talleres y seminarios, por ejemplo. “Por ello es que se observan la experiencias presentes, siendo la más conocida una de extensionismo en Estados Unidos, entre otras, caracterizadas por atender con planes de trabajo uno a uno”, relata.

Así es como se apropian de este modo de proceder, “en que una entidad visita a las empresas, desarrolla diagnósticos y planes de trabajo a su medida en aquellos ámbitos donde identifican brechas tecnológicas, capacidades de innovar, entre otras cosas”.

MODUS OPERANDI

En palabras de Mendoza, hay varios niveles en los cuales pueden concentrarse. “Uno de estos corresponde a aquellas soluciones que son de resorte propio del centro”, comenta, para detallar que en éste trabajan profesionales de distintas áreas y que pueden contribuir a entregar estas respuestas. Cuando dichos asuntos no encuentran contestación en estos equipos, recurren a organismos externos como centros tecnológicos y universidades.

“Muchas soluciones pasan por inversiones, por lo que también se buscan posibles fuentes de financiamiento”, añade. Por ello, las postulan a proyectos o gestionan una medida “que se adapte más a los costos de la empresa”. Y cuando las soluciones no están en Chile, pero se sabe que han obtenido una fácil contestación en otros países, salen a buscar afuera.

“Hay varios niveles. Por lo tanto, este centro es un intermediario entre las necesidades o requerimientos de la empresa y las soluciones que pueden estar en distintas partes. Somos un eslabón en esta cadena. Por eso es que no tenemos todas nuestras instalaciones aquí”, dice en referencia a sus oficinas de Barrio El Tenis, “sino que lo hacemos dentro de las mismas empresas”.

Actualmente trabajan en fase piloto junto a 50 empresas, moviéndose entre distintos ámbitos de la innovación, ya sea en los procesos o en los productos. Respecto al rol de las mismas en todo aquello, explica que también se requiere que todo su personal, “desde el gerente hasta sus empleados, se involucren en buscar soluciones novedosas. “No es que nosotros vayamos con la idea, sino que es un quehacer en conjunto. Debemos tender a que empiecen a generar capacidades en esto, gestionando la innovación incluso en los modelos de negocios o de servicios. La innovación es una herramienta útil y que permite agregar valor”.

ALGUNOS DE SUS PROYECTOS

El Centro de Extensionismo Tecnológico Agroindustrial hoy trabaja con 50 empresas que desean tomar caminos diferentes. En una de éstas pretenden generar frío con energía solar para ahorrar en refrigeración, mientras que con otras ven la aplicación de la nueva Ley de Etiquetado. “A nivel de las pymes hay mucho desconocimiento acerca de cómo implementarla y rotular”, revela Judith Mendoza.

Con otros privados están abocados a la vigilancia tecnológica, estudiando el tratamiento de los residuos de alperujo que genera la producción del aceite de oliva. “Es un gran problema, porque la industria ha crecido y el alperujo es de difícil manejo. Requiere de un tratamiento y de la disposición en un lugar, para lo cual se están viendo varias alternativas a través de proyectos asociados. La idea es revalorizar. O sea, transformar este desecho en un subproducto para la industria química u otra”. Ésa es la intención de negocios de O’Higgins y del Maule.

“Lo estamos viendo con universidades y centros tecnológicos, porque en otras partes están desarrollando soluciones para esto. Estamos buscando dónde están esas respuestas, cómo seguir trabajando, si hay empresas dispuestas a investigar más en este ámbito y en hay algunas en la región, trabajando un tema así”, revela.

En cuanto a otros sectores, Mendoza agrega que en deshidratado pretenden agregar valor, “diversificar, producir harinas y otros productos”, mientras que en congelados estudian la posibilidad de usar sus capacidades en otros periodos del año distintos a los que trabajan. Esto, pues su quehacer es estacional.

 

CÓMO CONTACTARLOS

De acuerdo con Judith Mendoza, también pueden ser contactados por otras empresas que deseen trabajar con el Centro de Extensionismo Tecnológico Agroindustrial. Las condiciones son pretender desarrollar nuevas iniciativas “con algún tipo de proceso en hortalizas o frutos, ya que el foco no es la producción primaria”. En ese sentido, pueden estar desarrollando conservas, jugos, deshidratados, congelados, entre otros. Los interesados pueden escribir a los correos jmendoza@fedefruta.cl, nzuniga@fedefruta.cl, mmarin@fedefruta.cl

LAS PRIMERAS DIFICULTADES

Como toda idea que se abre un nuevo paso, ésta también ha debido enfrentar sus propios retos. Así lo detalla Mendoza, quien recuerda que el proyecto comenzó a ser implementado en enero de este año. “Se empezó armando equipo, lo que fue el primer desafío, porque este centro también es un grupo humano, articulado con otras entidades. Nosotros, como Fedefruta, tenemos un equipo. Y junto a nosotros están Fundación Chile, UC Davis Chile, Gesproinnova y Chile Alimentos. Son nuestros cuatro socios en esto, por lo que debimos coordinarnos para poder trabajar con el sector”.

Según comenta, al principio hicieron diagnósticos por separado. Pero el objetivo no era competir”, sino que aunar fuerzas y las diferentes competencias para ponerlas a disposición” de la iniciativa.

Un segundo desafío fue poder llegar a las empresas, para lo cual han debido esforzarse por “generar confianzas” para que quieran sumarse al proyecto. “Hemos ido a trabajar una a una, para contarles en qué consiste esto también (garantizarles) la confidencialidad respecto a lo que hacen. Hay temas que pueden ser mostrados, pero eso debe ser validado por las mismas. Sin embargo, como son planes individuales, tampoco quieren que se sepa dónde les aprieta el zapato o dónde tienen problemas””, declara.

Pese a estos escollos, sacan cuentas alegres. “Hemos tenido súper buena recepción, porque quizá lo más novedoso del modelo es que trabaja a la medida. Hoy existe mucha oferta de seminarios y capacitaciones, pero son propuestas muy masivas”, sostiene Mendoza, quien recalca que ellos generan planes caso a caso, “dentro o en la empresa”. Para ello es que los visitan a terreno o sus empleados se trasladan cuando deben ver otros proyectos

“Es un tremendo desafío. Está piloteándose y esperamos que le vaya bien. Si resulta, tiene un tremendo potencial para la región”, adelanta.

Sobre si las empresas con las cuales laboran tenían intención de innovar desde antes de sumarse al centro, afirma que un diagnóstico hecho en 2015 a la industria de procesadora de alimentos arrojó que había algunas “habían solucionado mucho de sus temas”. Esto, mientras que otras “muy pequeñas y de segmentos intermedios tenían brechas tecnológicas, aunque con más predisposición” a darles respuesta. En base a ello es que elaboraron una muestra “de aquellas que nos parecían cumplir con el foco del centro”.

De acuerdo con la profesional, todas éstas “querían innovar y mejorar sus proceso”. Así es como concluyeron que “con cierto apoyo podían dar un salto más importante que aquellas donde no habían desarrollado nada. Había un germen de ganas de hacer cosas distintas, lo que verificamos en las entrevistas, en tanto otras no estaban muy dispuestas. Debe haber interés de ambas partes por mejorar los procesos, desarrollar tecnologías y poder hacer cosas en conjunto”, subraya.

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