Informática: El arte de programar

Por: Cristian Estay V.

Docente del Área Informática
Instituto Profesional Santo Tomás Rancagua

 

 

Existen múltiples definiciones sobre qué es el Arte. En lo personal, la que más me agrada y que creo que da en el clavo es la que hace referencia a que existen variadas formas de hacer alguna actividad en específico. Por ejemplo: la música. No existe algún estándar para crear o hacer música; si bien está el pentagrama para escribir las notas y el tiempo en que esas notas se tocarán, no es una regla al momento de crear una pieza, sino más bien una herramienta para poder plasmar la música. En consecuencia, puedes tomar tu instrumento y sólo tocarlo sin siquiera escribir una nota y será música. Esta relación entre el creador y lo creado no requiere de forma o patrones a seguir y es pura en su forma y energía. Esto también se puede aplicar a la cocina, dibujo o poesía.

Ahora, ¿cómo se puede dar el arte en una ciencia? ¿es posible que programar (dar instrucciones a una computadora para decirle qué tiene que hacer) sea un arte o más bien existe una fórmula y parámetros para dar vida a esta estúpida computadora? Podemos dar respuesta a estas interrogantes mediante la siguiente analogía: La música está creada para cambiar nuestro estado, ya que tiene el poder de dejarnos melancólicos, apasionados o con mucha vitalidad, es por ello que da placer escucharla y, en mi caso, también crearla. Sucede algo similar al momento de programar; ver terminado un programa es ver surgir una herramienta que alguien necesita para poder resolver algún problema, ya sea el hecho de comunicar a dos seres queridos a grandes distancias o como una herramienta recreacional. Programar pasa por el mismo proceso “artístico” en donde cada pincelazo que se da tiene un sentido y cada color que se usa tiene un propósito.

La forma en la cual se resuelven problemas a través de la computación es casi como un poema, pero con un sentido práctico, ya que utiliza un lenguaje para escribirse, no tiene una forma pre-concebida de dar solución al problema y varias veces presenta un desafío intelectual. Aquí no basta sólo con saber el problema y dar una solución, ya que se pierde la esencia de todo este arte, la cual es imaginarse el algoritmo.

Este proceso es casi como el trabajo que tenían los primeros relojeros, cuando el reloj como tal no estaba creado. Necesitaban imaginarse una serie de tuercas y engranajes por separado que daban vida a este mecanismo para dar la hora y muchas veces tenían fallas, que en informática se les llama “bugs” (ya que en las primeras computadoras literalmente entraban bichos en el sistema electrónico que provocaban problemas). Estas fallas – que son inevitables – representan algo mucho más profundo. Es un error en la secuencia lógica o estructura de pensamiento para resolver un problema. Pasa que muchas veces se puede estar horas o incluso días tratando de buscar estos errores, lo que no es algo anormal, de hecho, es bastante común. Se dice que la capacidad de un gran programador está en la rapidez en darse cuenta de estos bugs.

Existen varios lenguajes de programación que se pueden utilizar a la hora de crear un programa, todos tienen sus virtudes y defectos. Es algo así como hablar diferentes idiomas, ya que la elección de alguno depende del contexto y del problema, pero muchas veces sólo del gusto de este extraño ser llamado informático.

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