Lagos o Guillier

La instalación de Lagos como candidato presidencial ha sido posible por la presión de los controladores de los medios de comunicación en Chile, sectores del mundo empresarial y de la política, quienes contra los resultados de las elecciones municipales, persisten en imponer un candidato para el oficialismo visado por la oposición.

Surgen nuevamente con fuerza los dos polos creados como instrumentos electorales post dictadura para seguir imponiendo este juego de un sistema ideológicamente forjado en dictadura.
La instalación de Lagos como competidor de Piñera es el esfuerzo de las elites por mantener dos visiones y dos colores con el propósito de marginar a los movimientos sociales y ciudadanos que han llegado con las nuevas generaciones.
Existe una fuerte obsesión de las elites por resistirse a traspasar las fronteras históricas que la sociedad ya ha demarcado.
Es paradójico que en años de movimientos sociales potentes que han logrado dar un giro ciudadano a las políticas públicas, se vean éstos enfrentados hoy a fuerzas que tensionan la dirección y velocidad de los cambios naturales al sistema. La ciudadanía se está enfrentando a ese monstruo invisible que está imponiendo una candidatura – la de Lagos- que carece de índices positivos en las encuestas, pero por sobre cualquier análisis, es el candidato ideologizado del sistema.
Lo que hay tras de esta forzada instalación de Lagos no es nada más que el restablecimiento “del orden”, recuperar el viejo equilibrio, persistir en la anulación de la voluntad social y negarse a la renovación y los cambios dejando atrás el modelo heredado de la dictadura.
Alejandro Guillier está acusando recibo de esta confabulación del establishment y su reacción ha sido un poco modesta; cosa rara en un experto en comunicar ideas, hechos y establecer agendas.
El tránsito del radicalismo como el partido bisagra chileno a un partido fuerte gracias a Gillier no será posible, ya que el radicalismo debe asumir que Gillier necesita más espaldas e independencia para maniobrar contra estas fuerzas oscuras del sistema que se resisten a visar a un candidato que no les pertenece.
Sin embargo el radicalismo abandona estrategias más inteligentes y ciudadanas y se suma a los pasos de Carolina Goic y la DC, que en la mirada de la vieja política, es visto como una audacia y en la nueva política como más de la misma energía del pasado. Los viejos errores se toman la agenda después de décadas. Lagos, Guillier u otros (as) no es un tema privativo y excluyente de los poderes partidarios, es de una definición ciudadana, pero mientas los cambios no se produzcan en las cabezas, seguiremos profundizando el oscurantismo político en Chile.

 

 

Orlando Alfonso Olave
@oaolave

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