El Rey de las Ojotas tiene cuerda para rato

Con 60 años, el artesano avecindado en Pueblo de Indios, San Vicente de Tagua Tagua, destaca por su jovialidad, y por ser un personaje único en la región de O’Higgins.

 

 

Dejó atrás su natal Zúñiga, donde sin duda que era uno de los personajes típicos de aquella bella zona de la comuna de San Vicente de Tagua Tagua. Pero hace algún tiempo, unos meses, se cambió a otro asentamiento rural donde los minutos pasan lento, donde nadie apura… Pueblo de Indios.
Aladino Larenas, más conocido como “El Rey de la Ojata”, ha recorrido Chile con su arte, siendo apreciado en muchos lugares. Es más, hoy es candidato a ser declarado “Tesoro Humano Vivo”, como un artesano destacado en nuestra región de O’Higgins.
Con 22 años de oficio, la popular Ojota, ese calzado hecho de caucho de neumáticos y que lo utilizan quienes trabajan la tierra, le ha dado casi todo. Desde que formó familia, hace 35 años, sentó cabeza, como dijo. Se inició primero como “zapatero”, y desde ahí llegó a ser tan popular, que programas de televisión han catapultado su trabajo fuera de las fronteras del país. Francia, Holanda, España, Bélgica, Inglaterra, Alemania, Suiza, Estados Unidos, México, Perú, Argentina, Colombia, Bolivia, Canadá, Israel, Nueva Zelanda, Suecia, Noruega, son parte de los países a donde las ojotas de Aladino Larenas han viajado.
Larenas siempre se muestra humilde, feliz en lo que hace. Al estar con él, dialogar en su casa, todo lo visto en TV, en tanto reportaje que le han hecho, es tal. En este oficio, “El Rey de la Ojota”, ha sabido hacer que su arte sea su catapulta al conocimiento del país, y ser considerado uno de los artesanos más destacados de la provincia de Cachapoal.
“Cuesta mucho encontrar el neumático, ya”, confiesa. El artesano, que encarga el material principal para sus obras en las vulcanizaciones de San Vicente de Tagua Tagua, cuenta que “en Ensenada, camino a El Tambo, hay un gallo que me junta varios, porque está a orilla de carretera, y otra aquí en el centro. Me llaman y me dicen ‘maestro le tengo dos’. Acumulo harto, y a la vez es bueno”.
Y ojo, expresa, “tienen que ser de camión, porque de otro no sirve”. Esto porque las medidas de las gomas de autos pequeños, no dan con el ancho suficiente para fabricar una ojota, ni siquiera la de un niño.

 

SUS COMIENZOS
Largos años han pasado desde que Aladino Larenas, diera vida a su oficio. Llegó a él, por un tiempo donde la vida no le sonreía, cuando pasó varias veces por la cárcel. “Esto comenzó por querer hacer algo, fuera de lo común, y me dije, no hay nadie que sea ojotero”.
Pero, años antes, no la pasaba bien. “Mire, yo estuve preso dos o tres veces, y ahí aprendí lo que era la reparadura de zapatos, y me dije, cuando salga de aquí, voy a buscar a una mujer y me voy a casar, y yo sabía que teniendo una responsabilidad iba a cambiar”, cuenta.
Desde ahí, entonces, se inició en el oficio de ser zapatero. Además, señala, “mi mujer ha sido lo principal, ella me ha dado los hijos, lo nietos que tenemos ahora. Yo tomaba hasta seis meses día y noche, y ella me hizo madurar”.
De paso, recuerda que su primer acercamiento a las ojotas, fue en Toquihua, una localidad cercana a San Vicente. “Allá había un chiquillo que las hacía, que le hacía a su familia, a su gente, y las hacía tan bonitas, y un día le digo ‘oye huevón, por qué no me haces un par de ojotas’. Ya me dijo, pero como trabajaba harto, me cuenteó y nunca me las hizo, y ahí me dio por hacerlas, hace 22 años, la primer ojota”.
Es más, como tenía buena clientela, todo comenzó ahí, “por los zapatos. Iban a dejar, y ahí me veían que tenía las ojotas encima de la mesa. Me preguntaban, ¿Estás haciendo ojotas? Y lo les decía, ‘no, me salieron en un dulce’ (rie)… la gente siempre hace la pregunta tan huevona”.
Ahora bien, Aladino asegura que, su primer modelo, fue su hijo. Según cuenta, “le hacía (ojotas) cuando chiquitito, después él me dijo ‘ya no me hagas más, porque me huevean mucho”.

 

 

EL REY DE LAS OJOTAS
Con los materiales ya recolectados, medidos y cortados, “El Rey de la Ojota” saca desde un rincón de su taller una vieja tabla. Según recuerda, en esa empezó. “Acá se mete el zapato y después se golpea”. Con tanto golpe, la madera, que tiene más de 30 años, tiene un hoyo en el centro, lo que para él indica que eso es signo de un trabajo bien hecho.
En su oficio, explica, es el único. Inclusive, dice, aún tiene cuerda para seguir y seguir fabricando este noble calzado. “Me queda para rato, cumplí 60 el mes pasado, y me queda para seguir haciendo ojotas”, sentencia.
Haciendo memoria, Aladino Larenas indica que, su apodo, como el rey de estos implementos, surgió en un reportaje televiso, “Frutos del País”. “Ahí, me preguntaron ¿Cómo lo llamamos? Y yo le dije, ‘mire joven, si existe el rey de la huma, el rey de pastel de choclo, el rey de la sopaipilla, ¿Por qué no puedo ser el rey de la ojota?’, y ahí nació”.
Es más, hace poco, Pancho Saavedra, quién lo visitó, le habló de patentar el nombre, para así ser el único y verdadero “Rey de las Ojotas”. “Yo le dije, no se preocupe, ya está listo, así que cualquiera se puede poner el príncipe, pero el rey no”.
Bien asesorado, dice, le agradece a su contador, “porque me lleva todas las cosas”. Eso sí, promoción por las redes sociales, nada. “No sé de esa cuestión, apurado se contestar esta huevada (su celular), sé que con éste se contesta, y con éste se corta, no sé mandar mensajes (rie)…”. Claro, le han querido enseñar más, pero él se niega a aprender. “¿Por qué razón? Porque voy a esta pasando el esmeril, y voy a tener que contestar para enviar un mensaje, entonces no. Que suene esa huevada no más”.
Respecto a la producción de ojotas, Larenas sostiene que, en promedio, son 25 pares por mes los que salen a la venta desde su humilde taller. “Con 200 lucas (mensuales), yo me río solito aquí en la casa. Mis hijos son todos profesionales, y ese lujo me doy en mi familia”.

 

Fondo de medios

Related posts

Top