La comarca de La Compañía mantiene intacta sus tradiciones

 

 

 

– La localidad, ubicada al oriente de la comuna de Graneros , mantiene intacta sus tradiciones y sigue siendo un lugar donde aflora la tranquilidad.
Algunos kilómetros al oriente del centro de la comuna de Graneros, se encuentra un apacible lugar, donde se respira tradición, y, además, parte de la historia de Chile. La Compañía, añoso lugar donde aún se transita lento y donde sus poco más de dos mil habitantes disfrutan de esos aromas que solo se perciben en la ruralidad.
La zona, donde su aspecto de religiosidad sigue vigente, vio también en el transcurso de varios siglos su ligazón a la nobleza en los albores de la Patria con la presencia de Mateo de Toro y Zambrano, pero también vio como una potentada hacendada, entregaba sus terrenos a los Jesuitas para expiar así sus pecados, Catalina de los Ríos y Lisperger.

 

 

SUS ATRACTIVOS

Uno de sus lugares más característicos es el templo de La Compañía. El lugar fue construido en 1758 por la orden jesuita, que desde el siglo XVII era la propietaria de la Hacienda La Compañía.
Nueve años después, los religiosos fueron expulsados de las colonias españolas, y el 24 de octubre de 1771, la hacienda y el templo pasaron a propiedad de Mateo de Toro y Zambrano, sucesión que mantuvo la propiedad hasta 1945, cuando fue entregada a la Congregación de la Pasión.
Esta historia, más su construcción, derivó que, en 1974, el templo fue elevado a la categoría de parroquia y el 17 de septiembre de 1995 los padres pasionistas la abandonaron, dejándola en comodato a la Diócesis de Rancagua.
Hoy, en la capilla de la Hacienda de La Compañía de Graneros se venera la imagen de la Purísima y su devoción en nuestro país, se remonta a los tiempos de la Compañía de Jesús. El sitio, casi en ruinas, guardaba en su interior reliquias de inestimable valor artístico; entre ellas, un soberbio altar de madera tallado y dorado al más puro estilo barroco dedicado a San Ignacio. Antes, en un costado de la iglesia, ahora en una capilla anexa, se encontraba la imagen de la Purísima. Así cada 8 de diciembre, niñas de la comarca hacen su Primera Comunión en el templo, campesinos respetuosos entran y salen, mientras los fieles cumplen con el pago de sus mandas hechas a la Virgen de la Purísima. No obstante, esta tradición si bien no se vio empañada, sufrió graves daños en su estructura, pues el santuario de “La Inmaculada Concepción de La Compañía” fue destruido por el terremoto del 27 de febrero de 2010, y, en 2014 el Consejo Regional de O’Higgins aprobó mil 208 millones de pesos para su reconstrucción
Cabe consignar que, los trabajos de restauración, serán inaugurados próximamente, el 2 de diciembre.

 

 

ALGO DE HISTORIA

El 2 de diciembre de 1891, bajo la presidencia de Federico Errázuriz Echaurren, se firmó el Decreto que creó la comuna de Graneros. Pero, antes, fue el imperio Inca el que reconoció la propiedad de las tierras de la Hacienda de Codegua a Elvira de Talagante, de ascendencia chileno-peruana-española, y a quien la corona española, reconoció títulos de nobleza, y fue fundataria de la mayor parte de la depresión central en esta latitud, derechos que posteriormente fueron reafirmados por Pedro de Valdivia. El conquistador otorgó, además, derechos sobre la Hacienda de Rancagua a los capitanes españoles, Andrés de Torquemada y Agustín Briceño.
Estos últimos, viendo cercana la muerte, hicieron la donación de sus tierras a los jesuitas, el 10 de octubre de 1595. Las tierras de la Hacienda de Codegua pasaron a la herencia de Alfonso de Campofrío y Catalina de los Ríos y Lisperguer, la tristemente famosa “Quintrala”, quien era nieta de Doña de Elvira.
El 23 de septiembre de 1698, Don Alfonso y Doña Catalina, hicieron donación de las tierras a la sagrada religión de la “Compañía de Jesús” y a su colegio que, venidos del Perú, por mandato del Rey de España Felipe II, llegaban con la misión de predicar el evangelio en Santiago y aldeas cercanas. La capital tenía, en ese entonces, cerca de mil habitantes y aproximadamente 160 casas, y hasta entonces los religiosos vivían de las limosnas que les daban en los vecindarios.
De esta manera, se constituyó la “Gran Hacienda de La Compañía de Jesús”. Los religiosos además de evangelizar en las colonias, se dedican a cultivar el trigo, maíz, y viñedos, construyendo un templo en su hacienda por el año 1670.
Pero el sentido comercial de los jesuitas, les acarreó la enemistad del Rey de España, Carlos II, quien después de escuchar a su Real Consejo, decretó en el año 1767, la expulsión de los jesuitas de todos sus dominios confiscándoles todos los bienes en beneficio del trono, para posteriormente ser rematados. Esta orden se lleva a cabo, en todo el reino de Chile, el 24 de agosto de ese mismo año, por el Gobernador Antonio Guill y Gonzaga.

 

 

EL MOLINO

Cuenta la historia que en una gran extensión de tierras en Villa La Compañía de Graneros, a los pies del cerro, se erigió por el año 1650, una gran casona patronal, propiedad de los jesuitas.
Tras su expulsión (1767), la vivienda fue adquirida por el denominado Conde de la Conquista, Mateo de Toro y Zambrano, siendo éste, su lugar de veraneo.
Entre sus particularidades, el recinto colonial, posee una conexión directa al primer Molino construido en el país, cuya capacidad satisfacía las necesidades de toda la nación.
Tras décadas de éxito económico, la morada quedó en absoluto abandono. Sus vestigios de un pasado rico en cultura, se transformaron en indiferencia para la comunidad, que día a día observó su destrucción.
Frente a este escenario, el actual alcalde de Graneros, Claudio Segovia, a través del municipio, ideó un proyecto de recuperación patrimonial. Hubo análisis de antecedentes e incipientes contactos, con los actuales propietarios, hasta llegar a un acuerdo para arrendar el terreno y sellar también una promesa de compraventa.
Es más, hoy el lugar se puede visitar y recorrer. La comunidad de lugar, y también de otras zonas de la región, pueden recorrer sus pasillos, y respirar la historia que por siglos ha pasado por el lugar.

 

 

LA QUINTRALA

Según los anales de la historia Catalina de Ríos y Lisperguer, popularmente conocida como “La Quintrala” (1604-1665), tenía una de sus haciendas en la actual Villa La Compañía, en Graneros. Recorrió por años las tierras distantes a sólo 74 kilómetros de Santiago, sembrando una densa y rica leyenda, que hasta hoy sigue nutriéndose en los campos y ciudades de Chile.
Fue ella misma, quien donó, en 1628, parte sus tierras y propiedades a los jesuitas venidos del Perú, expulsados posteriormente de la nación y América, por orden real de Carlos II. Es bajo este manto de relatos y hechos, que componen el acervo cultural y fundacional de la comuna, es que el municipio decidió realizar un homenaje al popular personaje. ¿En qué consiste? A partir de un árbol ya seco, en la plaza de armas el escultor Guillermo Torrealba, comenzó a esculpir el cuerpo de esta bella mujer, la que mide cinco metros de alto, escultura que el lunes 21 de noviembre, a las 11:00 horas será instalada en la hacienda La Compañía, frente a la iglesia, a un costado poniente de El Molino.

 

Fondo de medios

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