Cementerio N°1 de Rancagua: Remodelan mausoleo de Tito Lastarria

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Quienes confiaban en su leyenda, le dejaban mensajes de todo tipo. Estos fueron borrados, instalando una plancha de madera en la cual sus seguidores podrán pegar placas de gratificación. El objetivo es mantener limpia la tumba. Por otro lado, el encargado del recinto advierte que originalmente nunca hubo cuatro cruces resguardando al supuesto vampiro. Sólo era una y ésta ya cayó.

Marcela Catalán

Un vampiro milagroso que cumple deseos, quien revivirá cuando caiga la última cruz de su mausoleo. A grandes rasgos ésa es la leyenda de Lisandro “Tito” Lastarria, uno de los personajes que, a través de relatos orales, ha quedado inmortalizado en la historia de Rancagua. Lo único de lo que se tiene certeza es que su mausoleo se ubica en el Cementerio N°1 de Rancagua, cuya cripta fue remodelada a fines del mes pasado.

Así lo explica Juan Pino Hormazábal, encargado del citado recinto. En sus palabras, el objetivo fue esperar a los visitantes con la tumba saneada para el 1 de noviembre pasado, en virtud de la conmemoración del Día de Todos los Santos. “Estaba demasiado sucia. Cuando decidimos pintarla, preferimos hacer una reparación completa y borrar todos los rayados. Se les había pasado un poco la mano con lo que escribían, desde garabatos a dibujos no muy decentes”, detalla el funcionario. Para evitar esta situación, instalaron una plancha de madera donde el público podrá pegar sus placas de agradecimiento a Lastarria.

“También refaccionamos todos los pilares e hicimos un aseo completo del interior”, agrega. A ello se suma la elaboración de una estructura de fierro, para dejar velas e impedir la ocurrencia de accidentes. “Antes, la gente las ponía en el piso. Por eso se hizo esto, para evitar los incendios que hubo en varias ocasiones. Y es que como todo estaba en el suelo, se secaban las flores y el fuego se esparcía con el viento, ocasionando problemas”.

De acuerdo con Pino, los restos de “Tito” permanecen “en una urna de mármol de esos años. Él falleció antes de 1900, pero llegó acá el 6 de junio 1901”, cuenta el encargado del recinto. En el mausoleo hay otros recipientes del mismo tipo y ataúdes varios. Sin embargo, tampoco hay certeza de que se traten de extintos parientes del reconocido personaje.

El único dato es que una de las cajas perteneció a una mujer, pues por fuera está escrito su nombre y “de Lastarria” como segundo apellido. “Me da la impresión de que pudo ser la esposa” de uno de los hombres de dicha familia, advierte el funcionario, añadiendo que es imposible identificar los otros, porque el cementerio tiene información desde 1900 hacia adelante. “Si vinieran parientes a ver la situación, nosotros seríamos intermediarios”, responde, al consultarle si pueden indagar en el tema.

HISTORIA

De acuerdo con el libro de Guillermo Drago, “Reseña Histórica Cementerio N°1 de Rancagua”, Lisandro “Tito” Lastarria fue un “distinguido hombre público del siglo XIX”, además de haber marchado al norte con el batallón de la ciudad durante la Guerra del Pacífico. En varias ocasiones habría sido “gobernador suplente del departamento”, aparte de desempeñarse como administrador del Servicio de Correos de la comuna y de camposantos. En línea con la misma investigación, también habría sido regidor y alcalde.

“Don Guillermo dice que la leyenda partió cuando los mineros bajaban a Rancagua y se encerraban en las casas (de prostitución) que había por acá atrás, en Aurora y Rubio. Aparecían los jóvenes de los campamentos, teniendo a veces diez días libres. Una dama tuvo malas ventas, sin gente que pidiera los servicios. A una de las niñas se le ocurrió venir a la tumba y empezó a correr la voz. Ella habría hecho la petición y después de eso se llenaron otra vez las casas”.

Una de las historias más comentadas de Rancagua, reza que en la tumba de Tito Lastarria había cuatro cruces. Cuando la última de éstas cayera, decían los más confiados, se acabaría el mundo o este personaje resucitaría como vampiro.

“Tengo fotos de cuando sus restos llegaron al mausoleo, donde se ve que había una sola cruz. Para mí, el resto son adornos metálicos que le hicieron (después). La principal era la del medio, que aparece hasta antes de la remodelación de 2010, aunque ésa fue sacada. Lo que queda es una de las cuatro ornamentaciones”.

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