EDITORIAL: Libros, PSU y lenguaje.

 

No es primera vez que escribimos sobre este tema, tampoco es novedoso el titular de esta columna, lo cierto es que el tema no deja de tener actualidad. Es que más a allá de la brecha que cada año se confirma entre los puntajes que presentan los alumnos de los colegios particulares v/s los de la educación municipal , llama la atención el que siempre la prueba de lenguaje en la PSU presente bastante menos puntajes nacionales y menores puntajes que su símil de matemáticas. ¿Serán más fáciles los números que las letras?, no creo que sean comparables en sus niveles de dificultad, son materias simplemente diferentes.
El problema creo que es más profundo que la simple comparación de pruebas, pasa por una subvaloración del lenguaje y las palabras. A juicio de la gran mayoría de los expertos no hay mejor manera de enseñar letras que leyendo, sin embargo en Chile tenemos uno de los libros más caros del continente por un mal entendido impuesto. A la vez muchas veces los “humanistas” son vistos como sinónimo de porros en los colegios.
He conocido muchos casos en que a los cursos matemáticos se les exige más y los profesores son –utilizando un lenguaje coloquial – más “relajados” con los humanistas, no exigiéndoles en el área de las letras con la misma fuerza que se pide a los números. Los pocos casos de puntajes nacionales en lenguaje generalmente tienen un factor común, el amor –pese al colegio- personal a los libros.
Es un gran desafío el aprender a leer y escribir. Es más fácil corregir una prueba de alternativas, o con resultados exactos que entrar a la interpretación de un enunciado, pero no es culpa sólo de los colegios o de alumnos que optan por el camino más fácil y no exigen que se les exija. Las casas tienen mucho que decir.
El amor a libros o más exactamente por la lectura –ya que para este caso el formato es irrelevante- se hereda, no por nada lamentablemente estudios indican que la gran mayoría de los chilenos no entienden lo que leen, entonces partamos por eso, leyendo por lo menos unos 40 minutos al día y de a poco ir metiéndose en el maravilloso mundo de la literatura. Ver 5 minutos menos de tele o jugar un poco menos de play station nunca mató a nadie. Una buena alternativa para leer, también, es aprovechas los abundantes tiempos muertos que nos obliga la vida moderna, haciendo colas, en los tacos, en la micro o simplemente esperando. Para esto los dispositivos electrónicos nos prestan un gran favor.

 

 

Luis Fernando González V
Sub Director Diario El Rancagüino

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