Alcalde Soto compromete espacio público con el nombre de don Héctor González

Familia, amigos y conocedores de su obra y calidad humana, despidieron al ex director e hijo del fundador de este medio de comunicación. Diversas personas le dedicaron palabras en su funeral.

 

 

Marcela Catalán

 

 

Este sábado se realizó el funeral de don Héctor González Valenzuela, luego de que el ex director -también hijo del fundador de diario El Rancagüino, Miguel González-, falleciera la mañana de este viernes 23 de diciembre. Su deceso se produjo a los 96 años, dada su avanzada edad.

El velorio del periodista se efectuó en la Primera Compañía de Bomberos de Rancagua, institución de la cual fue voluntario a excepción. Desde ahí, aprestados con su traje de parada y a las 12:45 horas, personal de la entidad trasladó su ataúd en el carro reliquia. Abajo, en formación, la Compañía Oriente lo secundaba en su camino por O’Carrol, en compañía de familiares, amigos y trabajadores de su medio de comunicación. La sirena anunciaba su salida hacia la catedral de la ciudad, adonde arribaron por Estado. Cuando pasaban por dicha calle, el presidente del Sindicato de Suplementeros le dedicó a teclado la Canción del Adiós.

Ya en la Parroquia El Sagrario, don Héctor fue recibido con una cueca de fondo. A la iglesia también llegó el intendente Pablo Silva, el alcalde Eduardo Soto, parlamentarios por la región, seremis, entre otras autoridades.

La primera en tomar la palabra fue su hija Nora González, subrayando que su padre fue Hijo Ilustre de Rancagua, además de miembro de múltiples instituciones donde prestó servicio. “Papito, con tu partida nos has dejado un gran vacío en nuestros corazones (…) Tu ausencia corporal ya la estamos viviendo, pero los recuerdos quedarán imborrables”, fue un fragmento de su intervención.

La misa fue presidida por monseñor Alejandro Goic, quien destacó la partida de un pionero en el quehacer de esta parte del país. “He conocido sus grandes cualidades de periodista e historiador, vecino de esta comuna, viviendo su fe en Jesucristo (…) La región ha perdido a una persona histórica, porque a través de sus escritos ha desarrollado su historia y la de nuestra patria”, arguyó. Luego, el padre Emilio destacó que Dios “tuvo bien en llevárselo” a vísperas de Noche Buena, pues él “creyó en ese Jesucristo del cual celebramos su nacimiento”.

A su juicio, don Héctor “era católico en el sentido amplio”, pues poseía “una visión magistral, cuya prueba es que en esta catedral hay personas de izquierda y de derecha”. Además recordó que siempre lo vio sonriente y optimista, con disposición a compartir el conocimiento propio en las páginas de El Rancagüino. Acto seguido, familiares rogaron “por su querida ciudad, para que siga creciendo”, y “por su querido hijo de papel”, en referencia al citado periódico.

Después de que en el templo resonara “Sueño Imposible”, del musical “El Hombre de la Mancha”, su hija Nora leyó un poema del ex director de este medio. “Cuando yo me muera, no quiero tristezas, no quiero que lloren por mi larga ausencia. Cuando yo me muera, quiero que en mi casa reine la alegría, como si viviera. Y si alguien pregunta por mi extraña ausencia, díganle sonriendo, mirando hacia el cielo, que yo estoy viajando, sobre las estrellas”, rezaba el escrito.

A continuación, el padre Emilio llamó a agradecer “todas las bendiciones” que Dios puso en don Héctor, de quien destacó que amó profundamente a los suyos” y a todos a los que encontró en el camino. “Fue un hombre fiel y servidor (…) Aportó sus talentos y capacidades al bien de nuestra querida Rancagua, de la región y de muchas instituciones. Sabemos que algún día volveremos a abrazar a nuestro hermano”, enfatizó. Al instante, monseñor Alejandro Goic pidió un caluroso aplauso para el periodista y diferentes personas le dedicaron sus discursos.

 

Saludos y recordatorios

Uno de los que habló fue el senador Alejandro García-Huidobro, argumentando que una fundación debiera preservar la obra del reportero. “Siendo niño lo conocí por mi padre y tuve muchas oportunidades de compartir con él (…) Rescato su sencillez y su capacidad de contar historias (…) Es una gran pérdida, pero tuvo una existencia plena, dejándonos miles de columnas, libros y pensamientos. Que desde el cielo nos siga apoyando y descanse en paz”.

De parte del Instituto O’Higginiano, intervino Mario Barrientos. “Los sentimientos de tristeza y dolor igual se depositan en nuestros corazones. Se ha ido uno de los más grandes rancagüinos que hayamos tenido el privilegio de conocer y el más grande ohigginiano”, esgrimió.

En ese sentido recordó los orígenes de esta organización, la que el periodista presidió durante más de cuatro décadas. También se refirió a una de sus primeras asambleas, la cual contó la presencia del reportero. En ese entonces, a sus 22 años, recién se iniciaba en esas lides. Igualmente destacó su singular oratoria, “su sonrisa ancha y esos ojos que brillaban cuando hablaba de algo que le apasionaba. Seguro que donde estés, ya te habrán presentado a don Bernardo”, expresó, aludiendo a su interés por investigar sobre la vida y legado de O’Higgins.

Antes de escuchar el siguiente discurso, su nieto y subdirector de El Rancagüino, Luis Fernando González, recordó que su abuelo fue un ferviente integrante del Club de Leones, por lo que en su casa guardaba una serie de peluches que simulaban la apariencia de este animal y con los cuales sus descendientes más pequeños solían jugar.

A nombre de dicha institución, habló Jorge Fuentes. En la oportunidad destacó su increíble disponibilidad para servir y repasó parte de su historia en el organismo, donde participó “junto a su leona (su esposa Marta Pino), con quien hoy está reunido de nuevo”, subrayó.

“Otra de las conversaciones que debe estar sosteniendo (mi abuelo), debe ser con el poeta Óscar Castro”, agregó Luis Fernando, en referencia a la afición de don Héctor por la literatura del vate rancagüino. De tal modo presentó a Catherine Fieldhouse, integrante de Los Inútiles.

“En este día tan especial para una despedida, víspera de Navidad, de poner atención a lo que tiene sentido realmente, quisiera abrazar en palabras al amigo Héctor Valenzuela. Abrazar en palabras, palabras con las que el trabajó día a día (…) Él era muy amigo del doctor Juan Villalobos, anterior coordinador de nuestro grupo. Los unía una amistad de finos hilos, tejidas en largas conversaciones sobre historia, temas que tanto amaban, temas candentes, emergentes, de cada momento. Villalobos le precede en esta ausencia”, manifestó la médico.

El alcalde Eduardo Soto también preparó una alocución, oportunidad en la que recordó el honor de haberle entregado la distinción de Hijo Ilustre de Rancagua, aparte de sus muchos atributos intelectuales y su legado para con la región. Además, dio cuenta de su calidad humana. “Le agradecemos la forma generosa, gentil y siempre atenta que mostró en las ocasiones en que pudimos dialogar”. Por todo lo anterior, aseguró que el municipio queda con una tarea pendiente. “Procuraremos y haremos lo posible para que un espacio público, un lugar destacado de Rancagua, perpetúe su nombre, obra y memoria”, sostuvo el edil.

Igualmente intervino Miguel González, hijo de don Héctor. Su primogénito narró que su padre solía relatar a sus nietos las múltiples historias que investigó y presenció. “Fue un testigo de la vida, el que las ve, las cuenta y las certifica. Así esperamos que lo reconozcan sus colegas periodistas”, deslizó. Del mismo modo, destacó que amigo es una palabra definitoria para su personalidad.

A la salida de la catedral de Rancagua, el director de la Primera Compañía, Freddy Bahamondes, se dio unos minutos para homenajearlo. “Es doloroso comprobar cómo se cumple el destino de cada uno de nosotros. Y claro, la muerte forma parte de la vida (…) Es más doloroso aún, cuando se trata de un personaje de nuestra unidad y del Cuerpo de Bomberos de Rancagua (…) Tengo el alto honor de despedir a quien en vida fue el primer voluntario a excepción de ésta”.

Acto seguido, su personal pasó lista, volvió a sonar la sirena, y el periodista emprendió su recorrido hasta el Cementerio N°1 de la ciudad. En el camino fue acompañado por un largo cortejo, en el cual participó una banda de música. El desfile transitó por Cuevas hasta llegar a San Martín y tomar rumbo hacia la Alameda.

Una vez fuera del camposanto, el superintendente Juan Carlos Field recordó los ideales de don Héctor, como también su fe católica. “Al alzar mi voz para rendirle homenaje, lo hago inclinando mi mente y elevando mi espíritu como expresión de admiración, de recuerdo y de cariño por esa figura venerable, un gran ciudadano”, afirmó. De esta manera, rodeado de su familia, amigos y conocedores de su obra y calidad humana, el reportero e historiador llegó a la necrópolis para descansar en paz junto a su esposa Marta, su padre Migue y su madre Herminia  y su hermana Gilda.

 

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